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martes, abril 20, 2010

Pleamar

Las mareas son la manifestación visible de la atracción gravitacional de la luna hacia nuestro planeta, los fluidos confinados en grandes cuencas hacen variar ligeramente la posición de la línea de costa durante el día. Bogotá queda aproximadamente a 2600 metros sobre el nivel del mar y es el origen del sistema de coordenadas geográficas del país, con el punto x=1000000, y=1000000 en el Observatorio Astronómico Nacional (conspiradero de criollos cuando esa era la casa de Nariño). El eje z tiene su cero en la posición de la marea baja en Buenaventura. La marea es un fenómeno periódico, una sinusoidal con pocos chichones, va y viene todos los benditos días. Tal ha sido la selección de términos para referirse a la presente bonanza de preferencias que asiste a Antanas Mockus en el oráculo de las encuestas.
Una cosa buena de todo esto es que quienes hicieron del 80 u 85 por ciento de popularidad de Uribe un certificado de unanimidad en la sociedad aprendieron a leer las encuestas con un grano de sal en la lengua. Estas encuestas no reflejan ni de lejos los votos que ya tienen amarrados el partido liberal, cambio radical, el conservatismo y el polo. La misma mayoría de Santos podría estar referida a opinadores urbanos que no determinarán nada y los ingenieros sociales de Acción Social de la Presidencia lo entienden perfectamente. Sin embargo las intervenciones de Uribe y su mini me descalificando la vocación agresiva del filósofo gobernante dan a entender que la cadena de clientelas que alimentan teme ver frustradas sus expectativas financieras.
En la campaña a la alcaldía de Bogotá en 1994 todo comenzó honrando el sentido común. Era incuestionable que la alcaldía quedaría en manos de Julio César Sánchez, barón electoral del partido liberal, ex alcalde y dueño de varias clientelas poderosas en el distrito. Algún desocupado (si mal no recuerdo Gustavo Petro) sugirió en una emisora que iría por alguien como el rector que echaron por bajarse los pantalones y luego las encuestas hicieron lo suyo. El miembro de partidos tradicionales que no renunció ante el singular fenómeno, Enrique Peñalosa, garantizó un nombre político por esa misma situación.
La alcaldía de Mockus no fue ni de lejos grata a los gustos sindicales o a la intelectualidad de izquierda. Las empresas de Servicios Públicos conocieron el outsourcing. Dividió la EEEB y la descapitalizó, garantizando enormes recursos para que Peñalosa se ganara el cielo con obras. Persiguió la rumba y elevó los índices de seguridad, conformó la Guardia Metropolitana, grupo antimotines precursor del ESMAD, explícitamente declarando que su color negro debería indicar represión a quien lo viera. Ninguneó a los profesionales criollos trayendo a ICA a arreglar carreteras y puso a unos balcánicos (ignorantes probados sobre la geomorfología y la neotectónica andinas) a diseñar la solución a lo del Tunjuelo (Cantarrana). Su gurú de la seguridad fue Hugo Acero, derechista obtuso convencido de que el sindicalismo es la manifestación del terrorismo destinada a acabar con las empresas (generalización muy popular entre ciertos empresarios agrícolas paisa sabaneros dados a descuartizar negros en el noroccidente del país, pero no muy afín a lo que piensan muchos analistas de organizaciones productivas en el mundo capitalista). Antes de Mockus y Peñalosa solo algunos izquierdistas de bufanda y concierto de Inti Illimani en el teatro Colsubsidio cuestionaban ciertos cerramientos urbanos a espacios públicos, por lo cual eran calificados como enemigos de la seguridad y la propiedad privada. Ahora no hay cultor de la libre empresa que defienda tanta reja.
No voy a negar que siento cierta simpatía por Mockus, digamos empatía. Para mí fue un contradictor en la Universidad y es parte de un conjunto de personas que moldearon mi visión del mundo por la vía de la contradicción, junto con colaboradores de él como los difuntos Fabio Chaparro y José Granés y otros que por seguir vivos no les voy a lambonear. Nunca me pareció eso de que le dieran cinco millones de pesos por una jornada de trabajo a la señora que ponía las 'vacunas contra la violencia', pero reconozco que la Ley Zanahoria, que tanto resentí, cumplió con la reducción de homicidios. Celebré que públicamente tomó distancia de varias de las sangronadas que enorgullecen al gobierno que termina (secuestrar a un tipo en otro país para arrestarlo o todas las barbaridades alrededor de la Operación Fénix), aun con su singular matiz acerca de los de los informantes pagos. Ahora que todos los candidatos temen objetar el sagrado misterio de la Seguridad Democrática, ciertas actitudes específicas de Mockus permiten ahondar en una de las fragilidades de ese fetiche.
De antes se sabía que la proporción entre muertes violentas ligadas al conflicto armado (rebautizado por Uribe "amenaza terrorista") era harto pequeña. Las tendencias siguen indicando que el pico de homicidios en Colombia ocurre el Día de la Madre y en las fiestas de fin de año (entre tragos, entre allegados). Ya en lo otro se ha visto muchas veces a dos personajes idénticos con diferente brazalete tirar a matarse no porque Marx o Hayek hayan dicho tal cosa o alebrestados tras leer un artículo del IEPRI, sino porque los otros son unos hijueputas y hay que fumigarlos. Lo de las fiestas ratifica que aquí nos odiamos a nosotros mismos y el parecido quiere aniquilar al parecido. También se mata pa justificar el sueldo o para mantener la autoridad emanada del terror. Pero también se ha evidenciado que los millones de dólares del plan Colombia y otros ajustes internos del presupuesto fortalecieron unas fuerzas armadas capaces de diezmar a dos compañías guerrilleras que se toman la vía Bogotá - Medellín (uniformadas y claramente identificables por sus armas largas), pero inoperantes para corretear a la típica banda de tres locos con revólveres que atraca unos furgones cerca a cualquiera de estas dos ciudades. O que la costosa red de informantes pagos parece más una fe misionera centrada en vigilar un enemigo ideológico y no una conducta ciudadana que reconoce responsabilidades y límites. El desastre de seguridad ciudadana en las grandes ciudades evoca la paradoja que también vive Venezuela (con jets y tanques de última generación pero sus calles cundidas de atracadores asesinos).
A mí me gustaría mucho que el botín presidencial no quedara en manos de la camarilla que se apoltronó estos ocho años, en particular pienso que un sujeto como Juan Manuel Santos representa fielmente un conjunto de conductas que le han hecho mucho daño a este país, como recurrir a la calumnia en los debates políticos (el señalamiento contra Pardo hace cuatro años) o la permanente mentira (negó los falsos positivos por meses, como el uso de insignias de la Cruz Roja en el Jaque y durante las primeras horas posteriores a la muerte de Reyes afirmó que el operativo fue respuesta a un ametrallamiento desde tierra y que hablaron previamente con Correa). Actualmente algunos analistas conspiranoicos tratan de ver en el fenómeno Mockus las manos de oscuras fuerzas, lo cual no es raro en una cultura política que hizo de las FARC la excusa para pegarle a la mujer, para evadir impuestos, esconder unos kilos al vecino finquero del Meta mientras un allanamiento, conducir borracho hacia Melgar y otras tantas idiosincracias compatibles con el credo salvador de la Seguridad Democrática (y Uribe, su profeta). Me parece que Mockus es una alternativa razonable así no tenga las credenciales de zorro de la política (tampoco es una dulce pelota y sé muy bien de cuánto es capaz), más si sabe deslindar de las malas prácticas que se consagraron en los gobiernos precedentes. Tocar la conciencia reflexiva del votante colombiano bien vale la pena como programa. Pero todavía no me decido.

miércoles, diciembre 30, 2009

veinte años

Hace veinte años estaba por irse un año fatuo, para mi balance medio maldito, trasunto de la mustia década que clausuraba. Lo recuerdo soleado, de amaneceres gélidos, un solo gran fastidio aderezado por unas cuantas jaquecas.
1989 fue el año del bicentenario del asalto a la Bastilla y en mi clase de francés en el colegio nos tuvieron todo el año con una cartilla futurista que predecía para tiempos ya vividos y muertos la prevalencia de hogares domotizados y materiales edénicos, como aquel que haría del bizcocho del inodoro una entidad "tibia y blanda" (sic). Fue el año de 'amar' y vivir,' cuando nadie se hubiera imaginado que 'el soldadito' (Luís Eduardo Motoa) reencarnaría como el inmortal estomatólogo distribuidor de yogures orgánicos. Las series policíacas gringas que uno seguía en esa época las grababan en Canadá y siempre había en una cartelera un perro con gabardina, fusilado sin recato por los publicistas de las campañas de seguridad del alcalde del 'diciendo y haciendo', cuya iniciativa estrella fue poner a los policías a grabarles el número de la cédula a los electrodomésticos.
El año de la caída del muro y el comienzo del fin de la guerra fría fue especialmente grotesco en nuestro tibio conflicto. Ese año comenzó con la masacre de la Rochela, hecho que precipitó la declaración de ilegalidad de las mismas autodefensas condecoradas en público por Belisario Betancur. Las FARC condenaron a muerte a Braulio Herrera, quien alcanzó a salir pitado. El epílogo de la guerra verde era el homicidio de Gilberto Molina en medio de una masacre. José Antequera fue acribillado en el aeropuerto en lo que quedó para la historia como el atentado a Ernesto Samper. Un comando urbano universitario del EPL tuvo la brillante idea de asaltar un municipio de la sabana de Bogotá, siendo rápidamente copado por la policía, quedando la curiosa estampa de los últimos guerrilleros evacuados por helicóptero de una loma con una soga que les rodeaba el cuello (y con las manos atadas); la plata robada a la Caja Agraria no apareció. Max Morales anunció en Puerto Boyacá su MORENA y este sordo país desoyó su propuesta (porque la metralleta es tartamuda, decían). Manuel Jaime Guerrero Paz exhibió una noche en televisión un arsenal considerado entonces exótico y no le quedaba duda de que era de las FARC, pese a que ya entonces el bloque de autodefensores y extraditables mostraba una organización bélica más uniformada y regular. Bomba a El Espectador, al avión de Avianca, a la ruta de Maza Márquez en la séptima, al DAS, Valdemar Franklin Quintero, Luís Carlos Galán, Jorge Enrique Pulido, Álvaro Ortega,... Y el ELN fue quebrando al Obispo de Arauca como esperando aplauso por ello.
Y sí, las noticias positivas, la copa libertadores para que luego Higuita cuadrara una barrera en Tokio sin alinearse con el palo (porque pa fanfarrones nosotros) y la orgásmica clasificación con repechaje, cuando el Palomo Usuriaga (QEPD) bien podría haber sido 'el presidente que Colombia necesita'. Pero no, qué mal año, su banda sonora es lamentable. Pablito Ruiz con su chica ideal, el dance y sus jadeos preshakirianos, Prince eructando el tema de Batman, Milli Vanilli, Technotronic, La Negra Tomasa de los despeinados, "a mover la colita", además de la ristra de petardos que la emisora de Jorge Barón en AM (especializada en 'rock en tu idioma') propició mercadear en nuestro medio. Pa pior, fue el comienzo de una nueva oleada de estrellas del acné y los dientes grandotes: Debbie Gibson y Eunuquis on the block (se alistaba Magneto).
Se murió el crítico literario más delicado de la historia y las fuerzas ultramarinas de Estados Unidos, tras su fogueo con Granada, volvieron mierda media Ciudad de Panamá para agarrar a un pelele que los retaba desde una tarima con un machete, en tanto Ceaucescu perdió el año.
Y lo que venía después...

lunes, mayo 11, 2009

Viscosidad

Huele a política. Como en cualquier época, tratándose de un adicto con recaídas e ínfulas de expresidente. Cada hora más reaccionario (esto ya se ha visto), cada vez más contestatario (nada me sirve). En mis tiempos del Camilo Torres había dos protagonistas infaltables en la cuadra del colegio sobre la séptima, uno era 'el tigre' (supe que lo llamaban así por una columna de Alape, nunca le hablé ni lo escuché), moro de labios sobredimensionados, nómada urbano. Otro era una señora de gabardina, que se paraba en la esquina de la 33, arengando y denunciado movidas, chancucos y conjuras, para que nadie le pusiera cuidado o a lo más hiciera expresión de condolencia con su afección mental. Pienso que a ratos el opinador bloguero, twittero o dospuntocerero en general tiende no un poco sino más bien un mucho a pararse en esas gradas a dar el mismo espectáculo; solo que con la respuesta eventual de uno que otro compañero de pabellón, "clientela" llama a su versión plural el Juglar del Zipa. Por alguna patética ingenuidad uno se cree que no parece tan chiflado ni tan poco glamoroso.
Analizar la política sin que sea el oficio encargado y pago por algún partido, ni la justificación del cheque del instituto o facultad, suena a patología. Para evadir controles sanitarios la llamamos ciudadanía, subterfugio con amparo en las leyes y filosofías sociales. La militancia amateur suele presentar mayores síntomas de sectarismo y violencia, las hormonas del extremismo fluyen más impetuosas fuera de la secta, la cual regula a partir de cartillas y limitantes, condicionando mediocridades.; pero también da el chance de lo contrario, de pensar con libertad, de opinar y de asimilar las situaciones con referentes propios, todas estas virtudes nada convenientes en la cohesión de los colectivos.
Ejemplo de esas corrientes extremistas es algo cotidiano en estos medios, las cadenas de correo, advirtiendo sobre conspiraciones y expandiéndose y validándose por la ligereza con la cual se hace un reenvío. También aquellas que permiten aflorar los más genuinos rasgos de esa opinión pública que ha de dejar quieta todo periodista extranjero (esta, en particular, la conocí por el reenvío hecho por una profesional de nivel gerencial):

ULTIMA HORA!!!

Hace una hora un GRUPO DE DELINCUENTES aprovechando un descuido de las Fuerzas de Seguridad, HAN SECUESTRADO A LA SENADORA PIEDAD CORDOBA !!!!!
Han solicitado 100 millones de dólares para su liberación y que, si sus
exigencias no son atendidas en 24 horas, amenazan con rociarla de
combustible y prenderla en fuego... Estamos organizando una colecta, apelando
a tu humanidad para que colabores con lo que puedas...
Hasta el momento hemos logrado reunir:

· 7.823 litros de gasolina extra.

· 2.231 litros de Etanol.

· 24.421 Litros de nitroglicerina.

· 1.986 cajas de fósforos.

· 126 sopletes.

· 231.985 encendedores Bic.

· 14 petardos y

· 2 magiclick.

Todas las donaciones, por pequeñas que sean, serán bien recibidas... Envía
este mensaje a las personas que, como tu, vivan en este país..., de lo contrario, puede que la negra HP. quede VIVA !!!!!

Dentro de lo que creo que creo acerca de la política es que una de las cosas razonables y loables de la democracia liberal es la reivindicación del individuo (en general, cualquier individuo). Lamentablemente hoy campea la propuesta de adecuar y subordinar la democracia colombiana a la gloria de un solo individuo. La apología de la nueva reelección en recientes sesiones legislativas se centra en las supuestas bondades del mesías y no en la legitimidad de la iniciativa, en su validez constitucional, que sería lo mínimo. Erich Fromm (y me repito) advirtió al comienzo de su 'miedo a la libertad' que más que las marrullas de los autoritaristas que se tomaron el poder le preocupaba entender por qué las multitudes se dejaban fascinar por semejantes programas. Por supuesto que no se pueden quedar por fuera las acciones de los halcones. Quien quiera que haya seguido el proceso político colombiano en los medios notará que cada vez que una voz opina contrariando al rey de reyes ante las cámaras, antes de dos días algún medio divulga algún elemento de la vida del osado, descalificando de paso cuanto diga. Desconectar racionalmente esta tendencia de las presentes denuncias contra el DAS (la policía política del presidente de Colombia), es una conducta que coquetea con la complicidad.
Inevitablemente viene la realización del referendo reeleccionista, con su carga de propaganda y la entusiasta intolerancia de masas y líderes como la gerente de la cita. El nuevo orden da sus puntadas para afianzar cohesión y con ella generar viscosidad, oposición al flujo. Por eso afino el teclado y preparo mis dardos, mi subjetivación desde mi séptima con 33, que hoy desempolvo.

jueves, julio 24, 2008

El séptimo

Lo he confesado antes: nunca fui cinero. Como las de muchos, mis primeras experiencias de 16 mm fueron algo así como Bambi en el jardín infantil. Bueno, la cosa sí que fue impactante entonces. Sé que vi en algún teatro del centro "El Chanfle", cuando salió. Cuando comencé la primaria, estrenando también el centro comunitario de mi honrosa atalaya suroriental, pasé por todos los lugarcomunes de escuela del Distrito (concentraciones escolares, las llamaban entonces). Mary Poppins, Cupido Motorizado y todo un rosario de joyas mexicanas de lucha libre, rancheras y hasta un drácula western. Para entonces la colección de clásicos para mi memoria la trajo la televisión. En esos tiempos previos a Emiliani Román, la programación de los festivos aun no estaba llena de dramas personales de niño con la enfermedad de uno en un trillón, ni intrincados divorcios, ni otras producciones de sociedades bíblicas. Además de historias de hippies, la semana santa siempre tenía clásicos sesenteros sobre la segunda guerra mundial: "Los Doce del Patíbulo", "Donde las Águilas se atreven",... Aun las de hippies tenían su criterio pues fue para ese tipo de fechas cuando vi a Kirk Douglas hacer de Espartaco (primero le crecerá pelo de nuevo a Jotamario Valencia antes de que un canal comercial colombiano vuelva a poner algo de Kubrik).
Pero entonces no me llevaron mucho a cine y ciertos block busters llegaron a mí de oídas. Familiares saboteándose mutuamente por quién fue el primero en soltar la lágrima viendo "El Campeón" o poniéndose taquicárdicos al reproducir coreografías de los sucesos de Kung Fu que estuvieran a la orden del día. Ya residiendo en tierras bajas vi E.T. en el Azteca. Realmente fueron tan pocas mis idas a cine que si las enumero con paciencia las cito todas en un párrafo. Vi el clásico geek "Juegos de Guerra" en el Calipso (allí también una de miedo que no recuerdo cómo se llamaba), "Amadeus" con el providencial sonido del hoy tajado "Embajador",... Fue en mis tiempos del Camilo, cuando supe por primera vez del mundillo cineclubero, de ese que buscaba su lugar como por la 72 y en algunos más centrales pero siempre en la 13. Será porque los espécimenes que me tocaron me caían gordos, ya no sé por qué, pero ciertos títulos como "Betty Blue", "La Historia de O" y "Rattle and Hum" recrean en los habitáculos de mi personalidad más huraña un momento y una atmósfera cargados de cardamomo, palosanto, hipoglicemia, granola, sílabas alargadas, pielroja y otros que ya deben hacer parte de uno de esos kits retro que se consiguen por ahí.
Bueno, la verdad fue en la Universidad donde me desatrasé como pude en ciertos items básicos, aprovechando las entradas libres o subsidiadas. D.W Griffith, Orson Welles, Hitchcock, un poco de italianos, Glauber Rocha, Fassbinder, Buñuel y otros tantos. Pero mi falta de devoción por esos templos hizo que no me rindiera gran cosa. Por cosas de las leyes de la física, por andar en movimientos de tipo browniano, terminé interactuando con uno que otro de esos singulares espacios llamados cineforos y videoforos, de esos que parten su cartel por categorías cargadas de simplismos y preconcepciones. Cada proyección antecedida por un cuento y seguida por una invitación de esas de "quédense al foro y aporten".
Ciclo Educación y Sociedad
"La Sociedad de los Poetas Muertos"
"Mentes Peligrosas"
"Duro Aprendizaje"
"The Wall"
"Historia Americana X"
Si de historias con alumnos y maestros se trata, igual están "Mazurca en la cama", "La Venganza de los Nerds" o la inmortal saga de "Schulmädchen-Report"; también heterogéneas, también irreductibles a la agenda pastoral.
A propósito de pastoral, padecí en mi último año de colegio una de esas escenas, enmarcada en una campaña de la arquidiócesis de Bogotá para que los adolescentes no escucharan rock con mensajes pecaminosos, cuando un par de ingenuos consumidores del difunto "uso público de la razón" quisimos reproducir los argumentos de una memorable columna de Eduardo Arias en El Espectador al respecto, ya que después del documental se nos compelió a rebuznar nuestras opiniones. El tratamiento recibido nos dejó con ganas de un criminal sabotaje al concierto de rock en cristiano que nos programó la curia entonces, con el conjunto del minuto de Dios (los covers de ciertos episodios mainstream, pero clásicos ochenteros, les salieron como bien interpretados; pero eran los tiempos de la agüita amarilla y no de la agüita bendita). En fin, yo creo que aun el cine que se fraguó como herramienta propagandera admite las azarozas consecuencias de su contacto con la singularidad de su víctima, la exégesis sin cartilla.
Envejecida la década pasada casi odié el cine, o ciertas posturas cineras. La pasada a examen de cierto círculo de amistades. Fue particularmente irritante la secuencia de la dichosa trilogía de los colores. Tres semanas seguidas, mismo sitio, mismas compañías y mismo amigo mochilento con la misma expresión extática: "mariiica, azul", "mariiica, blanco", "mariiica, rojo". Mis bajos niveles de consumo cinero terminaron por volverse prioridad, como cuando amablemente les recomiendan a algunas amigas alguna rutina para contener su talle en expansión, como cuando se meten con los pelos de uno como moneda para la aceptación. Aunque les advertí que aun me estaba desatrasando y que iba en el Prinzen Achmed, me programaron una de esas inducciones forzadas con algo que había en el momento. A alguno le habían dicho que "El Cartero" era buena y programamos subida al Perrata Pasteur, lugar con las coordenadas apenas para impactar mis ojos. Mi enciclopédico y resabiado cerebro entró evocando el título de un drama erótico romántico protoochentero protagonizado por uno que fue Joker. Pero qué agüepanela con sirope y masmelos para pasar una melcocha. Una de mis redentoras la encontró lacrimógena, para mí fue diurética. Mientras daba codo para coronar un orinal, mi Floganz interior me recriminaba: "macho que solo siente pog la punta de su sexo".
Una semana después me dio como cargo de conciencia haber hecho de estomatólogo ecuestre y decidí darle una oportunidad al celuloide. Un afiche vendía alguna otra especie con la prometedora frase: "una película para volver a creer en el cine" y mi piadoso bolsillo aceptó el arrepentimiento del fenómeno. Se trataba de una telenovela oriental, enmarcada en los cincuentas en el Annam francófono. Tal vez fue mi época sensualista de espectador porque las imágenes, los colores, el ventilador de techo superlento, las camisas blancas vaporosas de los protagonistas y el coro de grillos y otros bichos me transmitieron un mensaje cierto: Chimichagua, medio día, quiero una Kola Román. La protagonista, la de adentro mantequeando casi toda la historia y cuotidianamente mojandose los cachetes y nada más, salvo un poco al final de la historia cuando por fin el preciado líquido visita su sobaco; desde mi punto de vista gesto determinante para conseguir el favor de su galán, ya no solo su patrón. Lo más tenaz fue el remate abrupto del film, con encendida súbita de las luces que pusieron en evidencia a un público cuya impostura no había preparado una expresión astuta para semejante sorpresa.
De ese tiempo hasta ahora, me he conectado un poco más con el acontecer de ese arte, pero no consigo estar tan al día. Soy también una de esas creaturas post apocalípticas cuya principal fuente de erudición al respecto viene de la pantalla chica. Hoy muchos temas me salen de conteos de E entertainment, VH1, National Geographic y MGM. Con todo, sé gozar ese asunto, por donde más lo siento. Puede ser por los ojos o los oídos, puede ser por el diafragma o por el detector de ironía. Creo que a pesar de todo me sigue seduciendo vivir una experiencia estética, alguna referencia existencial, algo especial. Tal vez por ello me desconcierta tanto la manía de cierto cineclub inveterado, de publicitar algunos clásicos con cuadros explícitos extremos, faltándoles nada más incluir algo como "culeo al cien", con tal de llenar un recinto y unos bolsillos.

lunes, abril 21, 2008

Zero urbanity

Ayer caminaba hacia el centro comercial Gran Estación cuando pateé una botella de cocacola y casi la rompo. Por cachaquez compulsiva la recogí para darme cuenta un par de pasos más tarde que el reguero era generalizado. Entrando al centro comercial vi a los promotores que repartían las gaseosas gratis en esos carritos de dos llantas. Después del consabido ritual de vitrinas, antojos y algo de Thai, salí en horas de la noche y el espectáculo era aun más patético. Todo el recorrido lleno de botellas, unas desocupadas, otras no, algunas rotas, otras puestas entre el pasamanos del puente peatonal o arrojadas desde este hacia el separador...

viernes, febrero 22, 2008

Los 50

Mi primer encuentro con la Biblioteca Luis Ángel Arango fue en los tempranos ochenta. Mi papá nos llevó a mi hermano mayor y a mí a conocer el centro de Bogotá con relato incluido. Supimos esa noche de las anécdotas obligadas del paso entre Veracruz y La Tercera, de la Catedral Primada, la ubicación real del sitio donde mataron a Gaitán y otras tantas. La sala principal de lectura era sobrecogedora, serísima, cautivante. Cuando estudié en el Camilo Torres, trasegué mucho el centro y gravité con regularidad hacia la Biblioteca Nacional y la misma Luis Ángel. El último año de mi bachillerato, sin embargo, viví la sequía (luego también padecería la de la huelga de Bavaria en el 92).
En 1989 la Luis Ángel cerró para reestructurarse y remodelarse. Miles y miles de universitarios y alumnos de colegio vivimos esas interminables colas por la 24 arriba y volteando hacia el norte por la esquina para consultar algún texto añejo en la Biblioteca Nacional. Luego la misma Luis Ángel abrió servicio de hemeroteca y de la sala de referencia en el edificio de al frente, donde hoy queda el museo de Botero, y buena parte de las tareas tuvo que ser bandeada a punta de diccionarios enciclopédicos y artículos de revistas quién sabe qué tan pertinentes. En medio de la contingencia y ya universitario, llegué a conocer la Biblioteca del Restrepo, uno de esos misterios bien escondidos de la Bogotá de entonces. Pero la adicción lo llevaba a uno de vuelta por allá, así fuera a leer periódicos viejos.
Finalizando el A mediados del 90, caminaba un día por La Candelaria, siguiendo una rutina mía sin propósitos definidos y busqué la carrera cuarta para dar la vuelta en la clásica esquina de la once. Cuando llegué allí, se me atravesaron unos guardaespaldas y unos soldados y pronto frenó un carro del cual se bajó un señor y mi suspicacia política me insinuó que no era Eduardo Mestre Sarmiento, sino el mismísimo Virgilio Barco Vargas. Me fui detrás de la comitiva como un fantasma y le pregunté al celador qué pasaba, que si era cierto lo que mi ilusión colegía. Con la indiferencia de quien relata que Aristizábal malogró un gol o cualquier otra perogrullada, me dijo que "sí, que mañana dejan entrar". Esas jornadas fueron gozosas, ya eran vacaciones escolares y por momentos llegué a sentirme como el tipo del cuento al que se le rompen las gafas, pero yo tadavía no las usaba y sí podía descargar mi lujuria bibliófila contra decenas de volúmenes igualmente enveranados. Los siguientes meses vino un recorrido desordenado, totalmente carente de método, de los anaqueles donde por un tiempo se permitió acceder a la colección de periódicos de mayor circulación empastados, más o menos de 1970 o 1971, hasta principios de los 80.
Cada noche que me metía por allá buscaba noticias que me inquietaban de eso que llamaban la historia reciente, descubría personajes y buscaba luego quién me contara sobre ellos. Leí montones de las columnas de KLIM que no aparecían en los libros que las seleccionaban. Busqué recuerdos puntuales de infancia, como una vez que fue noticia una bandada de garzas blancas y la foto de Turbay con quepis en una parada (Osuna la registró muy bien). Luego los retirarían del acceso directo del público por cuenta del vandalismo censor y después ni los prestaban, sino que tocaba buscar recortes temáticos o mirarlos en microfilm, cosa que me marea en pocos minutos.
Luego dejé de ir cuando se volvió la congestión permanente. Una de las bibliotecas más visitadas del mundo, decían, no por su inmensos colección y prestigio, sino por la ausencia de redes de bibliotecas con cobertura aceptable. También conocí, desde luego, los pasos que se dieron para afrontar ese fenómeno y cómo se ha llegado a la situación de hoy.
Aunque mi relación con la BLAA perdió sensualidad desde que solo voy a recoger los libros que saco como socio y de vez en cuando a una exposición, son muchas las vivencias que se me alborotan en la memoria cuando pienso en este, su aniversario número 50. Un emotivo, cursi y sincero brindis por ese cumpleaños.

viernes, febrero 15, 2008

La oclomancia

En el ojo del huracán, a mitad de camino entre la apoteósica, nunca antes vista, inigualable, envidiada por muchos, marcha del 4 de febrero y la raquítica, inconveniente, perversa de fondo y forma, malintencionada y nada cool respuesta del 6 de marzo; la clepsidra de Álvaro Valencia Tovar derrama sus posturas al respecto.
Con chauvinismo pintoresco, digno de narrador de mal fútbol, le va adjudicando récord Guiness o algo así al evento:
Quizá no haya habido en el mundo nada comparable a lo del 4 de febrero. [...] nunca un fenómeno de tal naturaleza había desbordado los límites geográficos del país para proyectarse, como en este caso, a 156 ciudades de los cinco continentes.
No, pues, menos mal no saltamos todos al tiempo porque descalibramos la eclíptica. A continuación, el General (R) expone la receta para el éxito de las expresiones de masas (y pónganle cuidado, camaradas, que este man fue el que como brigadier quiso tomarles delantera a las guerrillas en la UIS y terminó por ahí derechito entrenando posteriores comandantes del ELN).
  1. El objetivo: "Debe tener un aliento espiritual, consultar estados de ánimo colectivos y fuerzas subyacentes movilizables."
  2. "que dicho estado de ánimo tenga fuerte contenido emocional, suficiente para configurar una causa que llegue a lo profundo de la pasión de grandes mayorías nacionales o de segmentos poblacionales con intereses compartidos."
  3. "líderes con capacidad de convocatoria"
  4. "medios de comunicación social que apoyen el movimiento, lo divulgen, entusiasmen, motiven hasta lograr que los tres elementos anteriores se conjuguen para generar la potencia alcanzada por el airado rechazo a las Farc y sus condenables conductas de secuestro, extorsión, infamia, tratamiento inhumano a los cautivos."
Mejor dicho, agitación, organización, propaganda y línea (uno, dos, tres y mi ñapa). Este General sí que leyó el material incautado. ¿Cómo lo apodará la esposa, Ilich o Volodia? Realmente el cuarto punto está un poco pobre en materia de generalidad (en fin, él fue General pero de un ejército en particular), pero ha dado con la receta ancestral de la rebelión de las masas encauzada hacia un objetivo fijo.
Al desglosar su receta, Valencia entiende bien el punto de Elisée Reclus, un recluso que era libertario:
[...] el principio de la autoridad es el de ser indiscutible. Es porque es; tan pronto invoca la razón, se suicida...
Del objetivo dice el ex ministro:
Único. Preciso. Sin necesidad de respaldo argumental alguno.
Como un flato o una orden discrecional. Como tiene que ser. Con lo del liderazgo, se le salió el Eduardo Galeano neomamerto:
[...] fue reemplazado por unos jóvenes que intuyeron la posibilidad de generar esa chispa que, como en pajonal reseco, propagó el fuego e inició la movilización.
Establecida la receta, viene el diagnóstico de la situación venidera:
¿Existirán los cuatro elementos enunciados atrás? No parece. Hay un proceso en marcha que ya ha desmovilizado y reintegra a diario a la sociedad o reinstala en el agro a centenares de 'ex paras'.
Lo de la reinstalación se ha venido denunciando pero José Obdulio dice que no es cierto. El General destaca la ausencia de drama:
No existe la faz entristecida y deshecha de una Íngrid Betancourt, ni testimonios actuales de maltrato, brutalidad y deshumanización que revelaron las pruebas de supervivencia, ideadas para imponer una presión pública para la entrega de dos municipios a un proceso que no se debe repetir después de lo acaecido en el Caguán.

Claro, nadie sabe para quién trabaja. Los facinerosos jodidus de marzo tendrán que hacer la carita del gato con botas de Shrek si quieren igualar el efecto patético de las imágenes televisadas hasta el paroxismo del irrespeto, junto con el audio lacrimoso de sus familias.


Sí, señores, o mejor dicho no. No pretendan eclipsar la gloria del gran happening, no tienen la panela:
Para no hablar de los móviles sospechosos de los ideólogos de este intento. Y una movilización raquítica, en contraste con la formidable del 4 de febrero, preferible ni intentarla. Sin fe, ni entusiasmo, ni respaldo emocional no habrá multitudes. Unas simples preguntas: ¿dónde están los líderes? ¿Dónde los medios de comunicación que dieron a las marchas de febrero el impulso decisivo?
Ahí está el detalle, como dijo MM, sin duda la situación de marzo surge de manera atropellada y aun difusa por la misma forma como se descalificó el 4-F (se parece al 79 en hexa); pero fundamentalmente soslayada o estigmatizada desde los foros periodísticos oficiales. Hay que ver que salvo Semana (señalada por Plinio Apuleyo Mendoza de estar infiltrado su consejo editorial por el Partido Comunista Clandestino), los medios tradicionales no han retado la ira santa de los áulicos de un gobierno que se montó sobre los hombros de personajes hoy sub judice y capotea su soledad a punta del carisma individual y el culto de la personalidad (como lo bautizó don Nikita). Álvaro Valencia ha reconocido en una línea el innegable papel de la intervención de los grandes propietarios de medios en la gran marcha y también la desconexión ética de los mismos con puntos sensibles de lo que se impugna el 6 de marzo.
Por lo demás, mi General (R), ustedes en el Ejército adolecen de modelos claros acerca de las multitudes, de la sociología de las masas, barahúndas, mesnadas y soldadescas. Eso no pide tanta ciencia. Yo vi un amanecer fracasar a un pelotón de PM en alinear una miriada de civiles gamberros e indómitos, teniendo que dar paso a los expertos. Tres patanes carabineros coordinados por un sargento barrigón aplicaron lo que este llamó "la fuerza represiva del Estado", con artes más cercanas a la vaquería que a las obsesiones de Durkheim. La chusma es caótica, impredecible, pero tampoco muy elaborada. Cuando uno pone a andar un agente inteligente, más o menos le sale inteligente. Cuando le cuelga más y más, se le agotan los grados de libertad y se vuelve de un predecible que qué mamera.

martes, enero 29, 2008

La contradicción fundamental

Hace unas semanas mi atormentada existencia era transportada por un servicio corriente por las alturas de Sotileza, Gratamira y otros parajes del tránsito hacia la Suburbia. Fue entonces cuando escuché a otro pasajero preguntar a su acompañante por un conocido en común de ellos dos. La interrogada dio cuenta de que se había hecho sentir el 24 de diciembre con un extraño mensaje de texto, en el cual le deseaba la anorexia o algo así. Sacó el celular y leyó el mensaje, que efectivamente auguraba varios lugares comunes y la ataraxia. Recordé la pesada columna que publicó por esos días el sicorrígido ex militante de 'Firmes' (quien no se esperó a que dijeran "descansen" y terminó entendiéndole a Gerardo Molina - eso dice - que la cosa era con Álvaro Uribe).
Practico la enseñanza cristiana, que es en esencia la ataraxia: disposición de ánimo con equilibrio emocional, baja intensidad de las pasiones y los deseos, fortaleza ante la adversidad. ¡Eso es masoquismo!, dirán: ¡No! El sufrimiento madura el alma.

Yo metí la cucharada en la conversación de los transmilenícolas para explicar que la ataraxia es una doctrina patológica, producto del sobrecrecimiento de la neurosis, posiblemente en un entorno de carencias de iones alcalinos y ausencia de proteína animal desnaturalizada y bien sazonada; agravado, claro, cuando los pasantes son pálidos y austeros de sabor.
En mi vecindario de la Blogalaxia me he encontrado con el anverso de este mal, con apoyo audiovisual y todo. Remito allí para aportar a la documentación acerca de este debate esencial.


domingo, enero 27, 2008

La conexión caleña

Yo residí en el Pent House capitalino, en las alturas victorianas, desde donde vi a Julio César Turbay fundar un centro comunitario y una década después vi un destello en las faldas del Cerro de Suba mientras hablaba por un teléfono gratuito de esos anaranjados. Puse noticias y se trataba de un carro bomba que detonaron 'los extraditables' en el barrio Las Villas. Viví en mi primaria los torrentes lodosos que dominaban su malla vial cuando por aquí sí que llovía y las épicas trepadas que tenían que hacer los buses sin frenar por diez o quince cuadras, cuyos fracasos solían terminar con la bajada de los pasajeros. Muchas noches me fui a dormir después de despedirme de la ciudad que avistaba casi completa, como habitante del borde.


Hace dos noches salía de Suba, o Suburbia o Infraurbia, ente maléfico acantonado entre cerros, refugio de ángeles caídos ("eso es muy lejos, por allá se esconde el Diablo a cagar"). Cuando se huye de ese averno por su avenida homónima, se notan la ubicación y las pretensiones de su sitio original. En los tiempos de la bomba citada, ya condenada esa localidad con el mote de "salsipuedes", recorrí alguna vez su contorno bucólico, hoy loteado y rotulado de modo farragoso, lleno de haciendas y finquitas atravesadas por vereditas y carreteables sin aspiraciones mayores, zanjas, vacas, potreros inofensivos. Pero ya entonces la mal llamada urbanización acechaba.
Más de dos décadas han pasado desde que se planteó una Avenida Longitudinal de Occidente, potrero cuyo despeje se puede ver claramente, cuya ejecución ha sido postergada al punto de ser una obra rezagada frente al frenético poblamiento que se vive donde el Salitre se incorpora al difunto Bogotá, en la esquina de Suba con barrios bautizados con toponimias europeas. Cuadras absurdamente estrechas, separadas por calles superfluas; natalidad sin límites, pandillas, paracos, bazuko, tráfico humano. La subnormalidad, la Sub-anormalidad.
Volviendo a anteanoche, advertido de la ansiada consumación de la unión de dos importantes tramos de la Avenida Ciudad de Cali (el suburbano y el largo), tomé un colectivo que prometía llegar a Fontibón. Sí, la esperada conexión en la zona del Juan Amarillo ofrece un notable atajo para quienes transitan entre ese lugar candidato a exiliadero y las zonas francas de Fontibón y aledañas, ha sido consumada después de meses de tropiezos.


Pero, sea por plazos de licencias o por persistencia del ancient regime, el colectivo se internó en la tortuosa ruta del Rincón, que se debería llamar el recoveco, tortuoso laberinto de vías estrechas y atiborradas de ultrajes urbanísticos. Igual, allá están los clientes. Pero sí, volviendo del Puente Aéreo experimenté casi un vuelo en helicóptero al pasar en taxi por esa avenida que estrena continuidad. Pero falta tanto.

sábado, noviembre 24, 2007

¡Ah, caray, no sabía!

Hace unos años leí un inquietante relato de Alfredo Iriarte sobre una aristocrática cachaca venida a menos. La cosa terminaba en barrio con la misma descripción de Chapinero. La historia de los barrios con casonas, de familias prestantes y chirriadas, transfigurados en entornos menos pomposos, me ha inquietado de tiempo atrás. Alguna vez pernocté en uno de los rincones más sórdidos del Santafé, cerca a la 19 con Caracas, en un lugar que parecía el fuerte en territorio apache. En medio de un entorno de esos que invitan a entrar con algún objeto contundente disponible entre el bolsillo se erguía, digno, un edificio sin asomo de descuido y - ya conocido por dentro - provisto de una arquitectura muy agradable, de hecho no olía a vetusto. Por supuesto la decadencia era patente, las que no habían sido demolidas o reacondicionadas con fines 'residenciales", decaían en su abandono. El cuadro de la de León de Greiff, por ejemplo, resulta inolvidable para quienes caminamos zonas así en cierta época.
La peregrinación hacia el norte, la decadencia económica de quienes se quedaron, y la causas que sean, se fueron tragando los barrios desde el centro. Teusaquillo ha sido por mucho tiempo el híbrido de sus distintas vidas. Familias de antes todavía instaladas, funerarias, abortaderos, ONGs, sedes de campañas políticas, el parque de la 34 (sede alterna de las peleas de a la salida nos vemos del Camilo, cuando sapeaban y el prefecto de disciplina se parqueaba en el Parque Nacional) la nueva moda de la remodelación 'loft', las oscuras sedes de la Dimayor y la Difútbol, la sucursal del Señor de los Milagros el fallecido Cream Helado, el parque de los sardineles onduladitos, la Academia de Ciencias Exactas, sociedades ocultas, las cinco esquinas de Tekcien, ya me metí en La Soledad,...


Ver mapa más grande

(tarea: ¿quién es el man de la estatua?)
Hoy comentan en El Tiempo que la localidad de Teusaquillo tiene una notable presencia de pobres vergonzantes. En años recientes el movimiento de finca raíz sugería desvalorización de predios. En algunos casos se notaba la influencia de los albergues de reinsertados ("mira, es que hay cuadras por las que no puede pasar una niña de colegio"). En fin, desconcertante, ala.

lunes, noviembre 19, 2007

Sano, mono, no me raye

Me entero de la amenaza a la seguridad ciudadana que entran a representar los miembros de las fuerzas del orden... de los primates, por cuenta de la destrucción de sus bosques. La inquietante imagen evoca la ficción de Pierre Boulle, por cuenta de otra familia. Las pandillas de neodescamisados, intocables por motivaciones metempsicóticas, robando, abofeteando e induciendo al clavado suicida; la marginalidad pentadáctila insurrecta; todo eso da vértigo. No son tan chusmeros nuestros arborícolas del Magdalena Medio; allí el orden que manda es de otro tono. Más al norte las únicas marimondas que llaman la atención cantan goles o despiden la precuaresma. Respecto a los de la India, quién sabe qué medidas se les puedan ocurrir a los funcionarios. Uno de aquí, fijo les remite un oficio donde los invita a generar una cultura y a un montón de genéricos antecedidos de la muletilla "es un poco [insertar entelequia, opcionalmente en forma de verbo infinitivo]", como en las plantillas de los jueces de paz y de familia, el vecino les manda una misión y les regala unos bolos (pero, pensándolo bien, de pronto aturdiéndolos con whisky se los puede llevar a otro lado, si hay para dónde).
En fin, la vida empuja y sin modales. Chernóbil hoy es territorio salvaje con todo y su cadena trófica cargada de veneno radiactivo, los osos de anteojos se escabullen de cazadores y censos, en tierras más bajas, donde uno que es cuadriculado no imaginaría ver a un otavaleño vendiendo sacos y bufandas (pero por allá parchan, para esos ciudadanos del mundo no hay Chimichagua ni El Bagre que no pinte como mercado). En una de esas, la vida sigue.

sábado, septiembre 29, 2007

Monseñor

Publica hoy El Tiempo, en sus 'Lecturas de Fin de Semana', una breve evocación de Monseñor Salcedo y presenta la experiencia de Radio Sutatenza como inspiración para el formidable encomio del OLPC. Me puse sentimental.

lunes, septiembre 17, 2007

Jala jala

La palabreja la escuché por primera vez, con esa acepción, en medios proselitistas estudiantiles, por el lado izquierdoso. Al parecer se trataba usar el verbo jalar (que era más educado escribir halar) de una manera chicanera y refinada. Con el tiempo se lo escuché o leí a políticos de derechas, paramilitares y de un tiempo para acá a los que hablan de economía. Resulta que jalonar significa establecer jalones, plural de jalón, pero no la tercera derivada del desplazamiento con respecto al tiempo (el difamado "jerk"), ni el de acabar con Ufemia:


Se trata de la acepción de marca en el terreno, sinónimo de hito o del no recomendable en la costa mojón. Jalonar significa delimitar, acotar, casi que confinar. De allí que asumir que un sector al que le va bien "jalona" la economía equivale a aceptar que le limita las metas al resto, pienso yo.
Es uno más de esos casos patéticos en los cuales se van asociando palabras con otras por su semejanza fonética. En el medio de los fraguadores de código fuente es frecuente traducir sentences como sentencias, ya hace tiempo que está asimilado library como librería. Seguro juran que diner es dinero y rapist un defensor de la causa del RAP. De los argentinismos con cierto éxito reciente en nuestros arribistas locales, cambiar la talla del vestido por talle, que tiene que ver, pero ya había término para eso.

domingo, agosto 26, 2007

Alberto Alava

Esta semana que pasó se cumplieron veinticinco años del asesinato del abogado nariñense y profesor de la Universidad Nacional, Alberto Alava Montenegro. Los sicarios que lo acribillaron en frente de su hogar, junto al campus, se presentaron como el MAS (Muerte a Secuestradores) y se refirieron a su víctima como "abogado de secuestradores". Se trataba de una de las primeras incursiones públicas del aparato paraestatal cuyo nacimiento oficial se asocia con la reacción de los narcos antioqueños al secuestro de Nieves Ochoa, hermana de los líderes de uno de los clanes más importantes del Cártel de Medellín. Alava llevaba entonces uno de los casos malditos de la tradición de los Derechos Humanos en Colombia, la desaparición forzada del llamado "Colectivo del 82", una célula armada, con importante participación estudiantil, que perpetró el monstruoso secuestro y homicidio de los hijos del narcotraficante Jader Álvarez, primer colombiano que - después de pagar condena por ese delito en Estados Unidos, producto de una extradición - retornó al país; donde el tema de la desaparición lo volvió a llamar a los juzgados y las habilidosas malas artes de su abogado defensor recrearon la impunidad del caso.
Alberto Alava fue un profesor emblemático de una época de la Universidad. Era el intelectual contestatario cuyas clases convocaban inmensa concurrencia, con cierto aire de solemnidad, como para entrar sin calzado los que llegaban tarde, pues el ruido no era bienvenido. Alava rondaba el margen izquierdo del espectro ideológico en su práctica como abogado y en sus posturas académicas. Era un radical y un provocador, a quien causaban urticaria la cartilla y la consigna simplista; no ahorraba vehemencia para apabullar a los cultores de la mediocridad y del nihilismo-excusa. Hoy, cuando los practicantes del proselitismo docente van por la fácil de no escoger las compañías, de abstenerse de sembrar dudas en aras de sumar inconciencia, de reencauchar letanías apuntaladas en falacias; hoy se siente más muerte la muerte de Alava y más infame su homicidio. Cada bravuconada de tarima, cada pirueta retórica de manipulación, cada aplauso a la degradación de la palabra y de la práctica, son el eco del trueno de ese veinte de agosto; los tiros sin gracia.

viernes, julio 27, 2007

Bloqueo

Con todo y los costos y la arbitrariedad acumulada, tiene que ser positivo que los taxistas se pronuncien a favor de la vida.

miércoles, julio 25, 2007

Pois

La camiseta de mejor escalador ya no es prestada. Mauricio Soler ha quedado quinto en una etapa dura, con una actuación que también le mereció la camiseta de la combatividad. Aunque pareció que su rezago ante el grupo de los cuatro (Rasmussen, Leipheimer, Contador y Evans) representaba resignación al agotamiento, los últimos cinco kilómetros avanzó desechando el peso del pelotón y cazando a Sastre con un paso aguerrido que manda a la alcantarilla la supuesta falta de actitud que algunos le atribuyeron.

Numéricamente y por sobradas condiciones ciclísticas, solo Rasmussen lo puede desbancar de ese primer lugar. Soler tiene que lucirse con ese premio de tercera que queda y resistir a las agresivas etapas que siguen. Quienes han seguido de cerca su carrera dan fe de su carácter aguerrido y esperan que no se funda. Eso espero yo también.


domingo, julio 22, 2007

Mal de muchos

Cuando Rius era izquierdista, definió en su "Pequeño Rius Ilustrado":
Chusma: Se dice cuando el antepasado de quien escribe no estaba en el grupo.
La simpatía por las masas es sin duda interesada y circunstancial. Es fácil caer en el encantamiento de las multitudes y a todos nos ha tocado vivir la decepción de sus caprichos. Inevitablemente, se vuelve sobre el dictamen de las mayorías como fuente de razón o de autoridad; en general nos gusta pensar que lo bueno y conveniente es aceptado por la mayoría. Nuestro sistema político se fundamenta en el sufragio para ciertos cargos claves del poder ejecutivo y legislativo; mientras que la cúpula del judicial recurre a otro método electoral, pero con el pequeño universo de los parlamentarios.
El dilema a veces no es tan fácil de resolver, pero creo que estoy del lado de aceptar que, en las cosas públicas, es preferible arriesgarse a que la mayoría se equivoque a que ciertas minorías persistan en imponer sus luces. Por supuesto que nuestra idea de lo público y sus dominios es precaria en esta sociedad. Un humedal recluido en los predios de un club privado es sin duda una usurpación de un bien público, pero se pone uno a pensar seriamente qué sería del mismo al someterlo al régimen de la propiedad de nadie (que es lo noción de público que tienen muchos, especialmente los más dañinos). La verdad a mí se me aparecen imágenes nefandas.
Diagnósticos clínicos, decisiones de ingeniería, estudios de impacto, procedimientos judiciales y muchísimas decisiones críticas no descansan en el voto universal sino en consideraciones de experticia (o algunas menos racionales a veces). La administración pública tiene facetas que aparentemente tienen que ser resueltas por especialistas acreditados académicamente pero resultan mejor manejadas por quienes actúan pensando en la aceptación general; pero no siempre. Y en las excepciones hay casos realmente vitales.
Con la reciente debacle del llamado movimiento triestamentario; de la asamblea que decretaba cierres forzados de facultades y dirigía marchas y otras acciones de protesta a propósito del Plan de Desarrollo del segundo gobierno de Uribe; me encontré con ciertos viejos rasgos de esa política improvisada. La recta final de la legislatura preveía que esas eran las fechas indicadaspara generar hechos noticiosos para una presión política adicional a la que se daba dentro del Capitolio. Como muchas de esas gestas legislativas, una cosa es lo que se les dice a las masas congregadas en la Plaza de Bolívar y otra la que se juega en los pasillos aledaños al hemiciclo. Allí la consigna que manda es "yo te rasco la espalda y tú me rascas la espalda". Micos, componendas y otros juntaron las voluntades de polistas y uribistas. Los funcionarios de la protesta en la Universidad Nacional recurrieron a la fórmula efectista y arriesgada de los bloqueos. Al impedir por la fuerza la realización de las actividades académicas lograban dos cosas: una audiencia que de otra manera no podrían convocar (la multitud agolpada a la entrada del edificio) y la asistencia a su asamblea grande y a sus tareas por parte de quienes la condicionana no estar faltando a obligaciones académicas. En uno de los puntos más delirantes de su aventura, llamaron novedoso a este método. Que unos muchachos recién llegados al debate universitario se pretendan inventores del agua tibia en papeletas es normal y esperable; pero que viejos sindicalistas y profesores salgan con eso es una declaración de languidez.
Como el cuerpo directivo de la Universidad se encontraba en labores de cabildeo, buscando que los congresistas eliminaran el artículo que imponía el pago total de la obligación del pasivo pensional por parte de las universidades estatales del orden nacional; no hubo enfrentamiento inicial con ese movimiento. Salvo un incidente previo a los exámenes de admisión de pregrado, cuando se temía que la persistencia en bloqueos y la sacada recurrente de pupitres de sus lugares diera al traste con la jornada, no se intimó a los paristas a que abandonaran sus prácticas aunque se los invitó a pensar en ello. Ese momento me recuerda un primer elemento político de la situación. Los directivos llevaban meses lidiando con el Ministerio de Hacienda y el de Educación a propósito del tema. Las dificultades para pagar un par de mesadas de 2006 y el cambio de condiciones jurídicas para exigir lo que no fue tan difícil hasta 2005 hicieron que el tema se convirtiera en la preocupación central de la actual administración. A mediados del primer semestre renuncian los vicerrectores y otros funcionarios oponiéndose a la determinación de costear el déficit presupuestal para 2007 con ingresos propios bajo responsabilidad de cada sede. Al comenzar el proceso del debate al PND fueron numerosas las reuniones conparlamentarios y las acciones conjuntas con otros rectores. En todo ese tiempo la organización sindical que más protagonismo asumió no adelantó gran cosa en informar y cualificar sobre este tema. Sus denuncias hablaban de la presunta declaración de las universidades como zonas de orden público y otros temas más rigurosamente gremiales. La marcha que convocaron para el 18 de abril, con firma genérica, anunciaba el paro de comienzos de mayo pero solo trataba de lo que llaman "crisis humanitaria" y criminalización del comunidad universitaria. Ya iniciado el paro, cuando el Vicerrector de Sede explicaba la conducta de las directivas e invitaba a coordinar esfuerzos por una causa común, esa dirigencia sindical insistió en diferenciarse, en declarar que su movimiento surgió sin pedirles permiso a las directivas y que seguirían así no se permitiera el ingreso a la Universidad. El pasivo pensional, problema real, es una excusa para los políticos y ese tipo de gestos es una expresión de su mentalidad.
La versión definitiva presentada al Presidente para sanción cambió el artículo de la responsabilidad total para las universidades por una fórmula de concurrencia a definir. La espera a los pasos siguientes del problema legislativo y jurídico cambiaba el ritmo del movimiento pero la agenda de la agitación tenía ya programados nuevos eventos el 23 de mayo y la dirigencia inercial optó por persistir en sus bloqueos y su intransigencia. La Ciudad Universitaria mantuvo sola entonces. Por las mañanas cierta cantidad de gente llegaba a ver si se vislumbraba el fin del paro y aun a sentarse en el auditorio a escuchar o participar (si la dejaban). En un par de ocasiones las directivas ordenaron desalojos de los campamentistas para poder reanudar clases en la semana siguiente; anuncio ante el cual la asistencia al campus volvía a crecer, pero los bloqueos daban al traste con ella, conformándose con llenar un salón cuya capacidad es bien limitada, comprando su propia ficción de mayoría.
Cuando la rectoría buscó aval de las mayorías mediante la consulta electrónica (método controversial, desde luego), la respuesta fue más contundente que las elecciones de representante estudiantil al Consejo Superior. La dirigencia del paro quiso especular sobre conductas fraudulentas y aun arrogarse haber conseguido la abstención de la mayoría (participó la tercera parte de la comunidad convocada, a pesar de que la mayoría de las terminales para estudiantes no tenía libre acceso por culpa del bloqueo; el mensaje fue claro y contundente). Al insistir una vez más en sus bloqueos, la dirigencia enquistada del paro tiró por la borda su convocatoria. Las directivas anticiparon vacaciones estudiantiles para salvaguardar el cumplimiento de compromisos de fecha inmodificable (cursos intenacionales, escuelas de verano, etc.) y la tozudez parista se estrelló con su tamaño real. ¿Por qué un movimiento supuestamente tan masivo, se resquebrajó de un solo golpe por unas vacaciones? Es obvio que la audiencia tenía incertidumbre y al resolverse esta no tuvo más que escucharles a los directivos de Sintraunal. La mayoría bien podía querer marchar, pintarse la cara, aguantar frío en el campus; pero sobre todo iba a estar enterada del cronograma. La primera marcha en vacaciones fue dolorosa para los bloqueístas. No es lo mismo resistir tres o más horas de perorata en el confort del Auditorio León de Greiff, con la amplificación del mismo, con las sillas acolchadas, con empleadas encargadas de recoger las envolturas de alimentos y las colillas que los defensores dejaban allí todos los días; a someterse al azar de los elementos, el viento, la lluvia, el piso duro, que mi mamá no me da plata para los pasajes porque estoy en vacaciones... No es lo mismo pescar entre la multitud que vuelve a clase que tener que convocarla casa por casa, en todas las localidades, ciudades, pueblitos, hoteles, blanearios, etc.
Allí comienzan los juicios. El problema son las directivas y el sector sindical se enrancha en que toca conseguir su renuncia; gesto irrelevante en la gestión a propósito del pasivo pero triunfo político de su grupo de llegar a darse. Tras tantas semanas de contar con las facilidades de la Universidad para la reunión y comunicación, el movimiento se da cuenta que no se cualificó, que no tejió redes estables, que no diversificó audiencias ni alianzas. Durante las vacaciones anticipadas avanza nada y pretende recuperar bríos al volver. Aunque el auditorio se llena, como ya comenté, es evidente que el hechizo se ha roto. El romance con las masas llega a su fin. Algunos tratan de adornar con donaire el despecho:
Yo No Me Sentaría En Tu Mesa
by Fabulosos Cadillacs
Por más que quieras sacarnos de nuestro lugar
y pienses que solo somos un puñado de idiotas
no no podras quitarnos lo que hicimos ya
ahora somos más hermanos que antes
Ya no podras mirarnos a los ojos más
nosotros somos amigos, vos que solo estás
por más que quieras tapar toda nuestra voz,
nunca podras callar esta canción
(oh . . . oh . . . oh . . . )

Y si después no crees lo que te estoy diciendo
mira mis pies bailando al son de este ritmo
voy a vestirme de traje aunque me vea mal
voy a saltar toda la noche sin parar de silvar
está lloviendo pero yo no voy a mojar
mis amigos me cubren cuando voy a llorar
por más que quieras tapar toda nuestra voz
nunca podras callar esta canción.
(oh . . . oh . . . oh . . .)
Tomado de aquí.
Otros son menos dulces y otros deciden conmemorar la Fiesta de la Virgen del Carmen con lanzamiento de petos y la descalificación del nuevo curso de los acontecimientos. Ayer se glorificó (y aun se exageró) a la multitud, hoy se la condena.
Con el tiempo yo tuve mi distancia con la retribución hedónica de la liturgia de multitudes. No es de mi naturaleza gozar de lo homogéneo, de lo sospechosamente unánime. Admiro, desde luego, ciertos aportes estéticos ligados a la disciplina y el gregarismo, como este:

Tampoco todo lo masivo que no me gusta es homogéno. Una vez que, como etnógrafo de fin de semana, intenté analizar in situ un ritual religioso de los Bethesda huí sigilosamente después de controlar mi pánico en medio de una especie de clímax o trance colectivo en el cual cada uno de los participantes hacía su propio performance. Unos lloraban, otros brincaban o se tiraban al piso o se quedaban rígidos y la combinanción de rollos particulares, caótica, era bien espeluznante. Amo sentarme en más de una campiña a gozar de los ruidos de insectos, batracios, aves o micos sin partitura ni director; pero ese happening de los "hermanos" no me inspira paz.
Mi conflicto adolescente con ciertos apologistas a ultranza de los métodos del paro que pasó tal vez tiene que ver con un viejo dejo de una militancia olvidada. Está ligado a una vivencia llena de contradicciones, muchas de ellas harto edificantes, inquietantes, apasionantes. Era la experiencia del disenso persistente pero dinámico, orgulloso de su inteligencia. No concluía como las epopeyas esas de "el plesidente mau guio a las masas hacia su felicidad". No trataba de aniquilar ni doblegar ejércitos sino de desarrollar controversias, elevarlas y a veces desecharlas por otras más pertinentes. Con el contradictor se establecía esa experiencia, a veces al punto del rencor pero con un gozo tal por la diferencia que se abominaba la fórmula de la eliminación física. Así fueron duros golpes a esa Universidad el homicidio de Jesús Bejarano y el de Alberto Alava; con balas de diferente bandera pero de jaez semejante, idéntica.
A diferencia de la bulla litúrgica, el debate racional, el preparado y comprometido, dispone inteligentemente de las disonancias; induce dudas, incita razonamientos. Es el cromatismo de la Universidad que defendí entonces y defiendo ahora. Es la posibilidad de escuchar a quien me diga lo que creo que no quiero oír, que me rete a pensar. Son un montón de profesores con quienes pude discutir. Menciono un par de los que ya no están: José Granés y Fabio Chaparro; personas que me enseñaron en medio del disenso. Esas prácticas discursivas que pretenden hallar la coherencia en la satanización del adversario y en la homogenización de las voces, han generado personajes lánguidos y dañinos. Recuerdo una frase de cierta facción maoísta puesta en las paredes: "repudiar a las autoridades académicas que desprecian las masas". La parte chistosa era imaginarse cuántos machetazos heurísticos, cuántas consideraciones de cifras significativas, cuántos modelos físicos peligraban con esa advertencia. La parte jarta fue cuando alguno de sus seguidores compró el cuento de que esa contradicción se resolvía a los golpes y la emprendió a puntapiés contra Antanas Mockus tirado en el piso.
Manejar de manera efectista una multitud, con tonadas fáciles y sin discusión es una técnica sencilla; casi que la ejecuta un mono entrenado:

Investigar, pensar, proponer y comprometerse son cosas de más largo aliento y exigen trabajo y seriedad

viernes, julio 20, 2007

Fontanarrosa

Lo conocí por "Boogie el Aceitoso", en las "Aventuras" de El Tiempo y por sus caricaturas de política en una cosa llamada "Diario 5 p.m.". Siempre me intrigó cómo caricaturistas contestatarios, como tan tirados a la izquierda como él o su amigo Quino o como el venezolano Pedro León Zapata, aparecían en diarios de derechas con tanto éxito. En una Feria del Libro de Bogotá, a fines de los 80, le pedí el único autógrafo que he pedido a alguien en mi vida. Irritado por andar en ese plan, nada cálido pero amable, me dibujó un perrito y firmo la dedicatoria; ya cansado de dibujar Boogies o de corregir a quienes le pedían algo bien gaucho (como sinónimo de argentino): "criosho".
Nunca olvidaré cuando Jairo, una especie de clon de Pablo Escobar, quiso contratar a Boogie. Terminó por insistirle que ellos preferían una tumba en Colombia a una cárcel en los Estados Unidos. Booggie respondió que él prefería una cerveza helada en Nueva York a una tumba en Colombia. Dos años después de ese furtivo encuentro bibliófilo, el Negro Fontanarrosa iba a mi Universidad como ponente en un curioso evento de los tiempos del "fin de la historia": el "Seminario Internacional Socialismo: Realidad, Vigencia, Utopía".
Policía:¿Por qué está ahí?
Suicida: Mi novia me dejó.
Policía: Igual, lo pudo haber dejado en otra parte.
Sin duda, el principal atractivo de las caricaturas de Fontanarrosa era el humor negro, el tono acerbo que les puso a tantos temas sensibles y pesados. Dentro de lo poquito que llegaba por estas tierras, había cierto chance de conocer su trabajo, un poco más que el de Caloi o de Zapata, cultores de ese mismo oscuro arte mayor.
"Si necesitaban alguien que pensara, hubieran contratado a Marcuse" Boogie
Acceder a comprar sus libros fue bien difícil. Los poquitos a los que tengo acceso fácil, surgieron de ferias del libro del Santander o promociones marginales. Muchas cosas las leí a cuentagotas en la Luis Ángel o en subrepticias hojeadas en la Librería Nacional, cuando no estaban encondonados en celofán y mientras no me ponía en evidencia mi carcajada por la afirmación de que Homero cantaba en Braille o algo por el estilo. Así, por los laditos, accedí también a algunos de sus cuentos, comentados por uno de sus amigos en una contraportada con la paráfrasis de una vieja caricatura suya:
- Este jugador me recuerda a Paolo Rossi.
- ¿Juega como Paolo Rossi?
- No, cada vez que lo veo me digo si lo tuvieramos a Paolo Rossi y no a este tronco.
Su forma de tratar el fútbol como tema humorístico contagia la solemnidad de quien se toma en serio ese asunto. Poco antes de un partido de eliminatoria en Barranquilla, escribió una columna para El tiempo, en la que explicaba que el verdadero hincha va a todos los partidos y que por eso el no consideraba al Che Guevara hincha de Rosario; que de haberlo sido no se hubiera ido a Cuba.
Ayer, 19 de julio de 2007, se fue. Simplificó a sus editores la tarea de compilar sus obras completas, dándoles un corte. Roberto Fontanarrosa fue un protagonista central de la conformación del mundo que aprendí a ver entre viñetas, cuentos y conversaciones pesadas. Loor a su legado.

martes, julio 17, 2007

Etapa

Un solitario guerrero de Ramiriquí ha abatido hoy la novena etapa del Tour, ubicándose de segundo en la montaña y tercero en novatos. Ningún medio nacional transmitió en directo este triunfo, justo cuando acabamos de salir de uno de esos grandes despilfarros de dólar por hora -tronco con la Selección Colombia en la Copa América. La imagen del coraje, la persistencia, el honor y la lucha a pesar de la adversidad parece no gustar a los anunicantes del mundo del deporte en nuestro país.
Hoy yo celebro, porque esas pruebas son muy duras y no descuella cualquiera.

miércoles, julio 04, 2007

Palm Trip

De la mano de la condición actual del mercado mundial de la energía han pasado muchas cosas en estos años. La invasión que no quisieron hacer en el 91 se ha realizado, con incierta fecha de estabilización, aunque con relativo avance sobre la zona productora del sur de Irak. Un vecino nuestro juega al emperadorcito, al otro polo (como dijo en un estrafalario discurso en su reciente visita a Rusia) del poder de nuestro hemisferio occidental y nuestro país desarrolla frenéticamente su búsqueda para no volver tan pronto a la condición de importador neto de crudo.
El vaivén alrededor de la barrera psicológica de los US$70 mantiene animosos los pedidos del carbón del norte del país, barato y mucho, mientras que los grandes duros de la agroindustria colombiana rivalizan por la preferencia para su producto en materia de alcoholes carburantes (van ganando los azucareros). La palma africana, lugar común de los proyectos productivos ofrecidos a las zonas agobiadas por la violencia, recibe hoy gran impulso con todo y la controversia asociada, en parte también por la expectativa del mercado de los Joules.
En mi reciente viaje vacacional a Santa Marta, capturé algunas imágenes de ese paisaje tan singular de la Troncal del Magdalena. Las sabanas ganaderas del margen de una de las selvas más duras y amenazadas del país, con el tamaño descomunal de los predios típicos de allí. Los pasajes de clásicos incidentes de violencia como las matanzas de La Lizama (la de los comerciantes) y La Rochela (la comisión judicial que investigaba la anterior); momentos claves de la historia del paramilitarismo de los 80. Sabana de Torres, Aguachica, Pelaya; escenarios pasados de tensión entre grandes emplazamientos agroindustriales, movimientos sociales y guerrillas. El aparente"florecimiento" de pueblos casi fantasmas hace una década (Pailitas, Curumaní) o dignos de la tensión de un "duelo en el corral OK" o cualquier clásico de esos. Las facilidades viales para la extracción del carbón de la Jagua de Ibirico y la vertiginosa transformación de la vista de las zonas bajas de la gran Sierra Nevada de Santa Marta, en su costado occidental (por otros lados también hay líos similares).
En una de las zonas más críticas de la degradación vial por las tractomulas carboneras, había unas señales con el texto: "peligro, zona de asentamientos". Antes, en tierra de pimpineros, vi uno muy cómico de "gasolina a $100 menos" a menos de cincuenta metros de una estación de servicio. Vi pequeños parches de eucaliptos en uno de los tramos y recordé la función principal de esas coníferas es desecar cuerpos de agua (también recordé el pendejo ese que le respiraba al micrófono en la exitosa serie "paz verde", cuando defendía las gimnospermas con la imagen de un hongo en una corteza, como si un colibrí tuviera algo que chupar en la piña de un pino). Además de las muchas vistas lacrimógenas (como el peladito ofreciéndome tres loritos prisioneros, junto a un peaje), es notorio el tizne adquirido por las playas cerca al puerto de la Drummond, más cierta turbiedad del agua en algunas playas.
En Geología llamábamos salida de bus a las prácticas de campo que cubrían grandes recorridos en cortos plazos. Implicaban pocas caminatas y se observaban rasgos regionales, con pocas observaciones directas en los afloramientos. Esta vista evoca parcialmente esa superficialidad, pero en general son reconocibles hechos relevantes sobre los cambios sociales y ambientales de estas regiones. Claro, como diría Guhl, cuanto más se sabe más se ve.