viernes, setiembre 17, 2010

Mi dulce compañía

16 de septiembre de 2010, Bogotá. Una larga cola espera a las afueras del principal auditorio de la Universidad Nacional de Colombia, el legendario León de Greiff, un templo con solo 1619 sillas pero el misterioso poder de hacer sentir a la audiencia como si fuera la representación misma de cada habitante de este mundo o al menos de la mayoría. La razón es el anuncio de una conferencia por parte de la famosa activista, icono cultural de los setenta, aun comprometida con asuntos de raza y género y hoy consagrada a la causa de la abolición de las prisiones. Su nombre es Angela Davis y la primera imagen que cualquiera puede encontrar acerca de ella es la típica foto de alto constraste de una negra joven con su poderoso afro. Fue invitada por el Centro de Estudios de Género de la Universidad, junto con su colega Gina Dent, para la apertura de su nueva promoción de la Maestría de Género; semana de homenajes, lisonjas, conferencias de prensa y académicas.

Activistas feministas, de negritudes y LGBT; estudiantes e intelectuales alimentaron una multitud que rápidamente se hizo a todos los receptores de traducción disponibles mientras, debido al actual reglamento de seguridad del espacio, centenares quedaron por fuera. Algo de mercadeo del personaje, volantes de un combo que nos convoca a odiar al 'mito', a la traidora retrechera que no se parece a la pureza que a ellos les parece; un video repetido hasta el cansancio y finalmente el arribo de la estrella al escenario. Un aplauso entusiasta recibe a la ídola como es costumbre en este lugar (unos meses antes, un vocero del CERN fue a hablar del experimento del colisionador de hadrones y fue recibido como un héroe de fútbol, el campeón, el viejo barbicano que doblegó esos malvados quarks él solo; aplaudir es el deporte local favorito). Una famosa bloguera y escritora local actuó como maestra de ceremonias y presentó al Decano de Ciencias Humanas, el único hombre en la mesa, con su discurso sobrio y breve sobre la invitada. Entonces, cuando la directora del Centro de Estudios de Género comenzó a hablar, un sonido como de madera rota la interrumpió y un destacamento de encapuchados entró al escenario recibido por una confusa mezcla de consignas, aplausos (que no falten) y gritos de "fuera, fuera". Algunos vigilantes de la Universidad rodearon a la figura y, después de una breve charla, las organizadoras aceptaron el espectáculo que los visitantes inesperados habían preparado.

Banderas, consignas, la flor para la dama y un discurso que la traductora no entendió: la oda cliché a ella, la que los inspiró (al menos desde esa mañana), metáforas, más metáforas empalagosas y súbitamente la multitud exigió una mujer al micrófono. Esta oscura secta es el paroxismo del pluralismo y le mescolanza ecuménica de símbolos y discursos (en el mismo volante la bandera del M-19, un logo de las Panteras Negras y un símbolo anarquista), la clase de mazacote ideológico y show pintoresco que inspira los clichés tropicales de las telenovelas locales ("El Fiscal" y otros grandes papeles de Carolina Sabino) y de los lugar comunes de los festivales de cine franceses acerca de la Sudamérica rebelde y sus típicos activistas estudiantiles. Desde luego aceptaron que una representante femenina improvisara un discurso. Más palabrería y el público corrigiéndola por no usar el "lenguaje incluyente" un embeleco posmoderno y esotérico fundamentado en un silogismo torcido: ya que el lenguaje refleja la realidad social, cambiar el lenguaje cambia la realidad. De allí que no hay una palabra para "todos" que incluya a todo ser humano masculino o femenino bajo este cielo, porque ello 'invisibilizaría el género', uno está obligado a decir "todos y todas". Luego ella enloqueció a la concurrencia cuando afirmo que "nosotros creemos que hombre y mujer son complemento", recordando a todo el mundo la divertida respuesta de la Señorita Antioquia:


Los ninjas y las ninjos abandonaron el lugar y por fin comenzó la conferencia. La traductora inició su aporte a las carcajadas cuando Davis resaltó la generosidad del Decano y su médium interpretó 'el desempeño' (como una vez en la Alianza Colombo Francesa hubo quien tradujo 'Black Panters Movement' como 'Movimiento de los Pintores Negros') e hizo de la noche toda una experiencia catártica. Para ser franco fue más un discurso que una conferencia, no uno rabioso pero sí sentido. Me gustó. Ya conocía esos análisis sobre el sesgo racial en la política penitenciaria de los Estados Unidos y lo del complejo Industrial Carcelario; incluso sabía de las conexiones entre esas políticas y las que se han usado aquí en Colombia; pero uno, que ha celebrado que en los últimos años políticos tradicionales han vivido arrestos y procesos en su contra, no puede sinceramente aplaudir la reivindicación de la profesora Davis de la abolición de las prisiones. Ella lo sabe y por eso, cuando retomó el micrófono, después de las preguntas, insistió su opinión con una reflexión acerca del carácter multiplicador del crimen que tienen las cárceles y un par de consideraciones morales más. Una declaración final de solidaridad con el profesor Miguel Ángel Beltrán, procesado y preso actualmente,y todos abandonamos ese templo del aplauso y la pasión con muchas preguntas dándonos vueltas en nuestras aturdidas cabezas.

Post Scríptum, 20 de septiembre, gracias a la Pastoral Afrocolombiana por subir el video:


My sweet companion

September 16, 2010, Bogota. A long line is waiting outside the main auditorium of National University of Colombia, the mythical Leon de Greiff, a temple with only 1619 chairs but the misterious power of making the audience feel like the very same representation of everyone in this world or at least of majorities. The reason is the anouncement of a lecture by this famous activist and cultural icon of the seventies, still committed with race and gender issues, nowadays devoted to the prison's abolishment cause. Her name is Angela Davis, and the first images that anyone can find about her are the typical high contrast pictures of the young black female with her powerful afro hairstyle. She's been invited by the local Gender Studies Center, along with her colleague Gina Dent, to the opening of a new class of their master's program; a week full of tributes, adulation, press conferences and lectures.
Feminist, black and LGBT activists, students and intelectuals fed that crowd that soon took the whole stock of translation receivers and fitted the auditorium's capacity while, because the current safety rules of this place, hundreds remained outside the event. Merchandising of the character that we were expecting for, fliers by a militant group that invited us to hate that myth, that bitchy traitor that is not so pure as their passion has defined purity; a videoclip repeated till the cows come home and finally the star came to stage. A passionate round of applause received the idol as usual in this place (some months before a CERN's spokesman went there to talk about the Large Hadron Collider experiment and was received as a soccer hero, a champion, Ye old white bearded man that defeated those evil quarks by himself; applause is the local favorite sport). A local famous blogger and author acted as conductor and introduced the Human Sciences Faculty's Dean, the only one male on the stage, with his sober and brief speech about the guest. Then, when the Genders Studies Center's Director started to talk, a sound like broken wood interrupted her and a detachment of face-covered militants entered to the scenary received by a confusing mix of slogans, applauses (as usual) and rejection shouts. Some members of university's security crew surrounded the star and, after a short talk, the organizers accepted the performance that those unexpected guests had prepared.

Flags, slogans, a flower for the lady and a speech that the translator didn't understand: this cliché ode to her, the one that inspired them (at least since the previous morning), metaphores, more sickly metaphores and suddenly the crowd demanded a woman to the microphone. This misterious sect, the superlative of pluralism and ecumenical intermingle of symbols and speeches (in the same flier the flag of a populist guerrilla that signed peace with government 20 years ago, a black panter movement's logo and an anarchist symbol), the kind of ideological mumbo jumbo and colorful happening that inspires the tropical clichés of local television soap opera's and french film festival's organizer's fantasies about the rebel South America and its traditional student activists. Of course they accepted that a female representative improvised a speech. More gibberish and the public correcting her for not using the 'gender inclusive language', a posmodernist and esoterical campaign based on this forced syllogism: because language reflects social reality, to change language changes reality. So there's not a word for "all" that includes male and female human beings because it would invisibilize gender, you're obligated to say all (male) and all (female). Later she drove the audience crazy when she stated "we think that man and woman are each other's complement", reminding everyone the hilarious response by a Miss Colombia's contestant.



The Robing Hoods left the place and finally the lecture started. The translator started her contribution to laugh when Davis praised dean's generosity and she translated 'performance' (it reminds me a French Alliance's event when a translator interpreted "black panters movement" as "black painters movement") and made the night a real cathartic experience.
Being honest it was more a speech than a lecture, a speech without rage but with serious conviction, I liked it. I already knew those analysis on race biased prison policy in United States and the Prison Industrial Complex, I even knew about the connections of these policies and colombian penitentiary policy, but we, that have celebrated that in last years many mainstream oficialist politicians have experienced arrest and criminal prosecution, cannot honestly applause her claim for prison's abolition. She knows that, so when she took the microphone again, after questions, she reinforced her point with some reflections on the multiplier role that prison plays in crime and some more moral arguments. A final statement of solidarity with a local professor under arrest and we left this temple of applause and passion,with many questions around our astonished heads.

Post Scriptum (after post), september 20, thanks pastoralafro for uploading the video:



martes, abril 20, 2010

Pleamar

Las mareas son la manifestación visible de la atracción gravitacional de la luna hacia nuestro planeta, los fluidos confinados en grandes cuencas hacen variar ligeramente la posición de la línea de costa durante el día. Bogotá queda aproximadamente a 2600 metros sobre el nivel del mar y es el origen del sistema de coordenadas geográficas del país, con el punto x=1000000, y=1000000 en el Observatorio Astronómico Nacional (conspiradero de criollos cuando esa era la casa de Nariño). El eje z tiene su cero en la posición de la marea baja en Buenaventura. La marea es un fenómeno periódico, una sinusoidal con pocos chichones, va y viene todos los benditos días. Tal ha sido la selección de términos para referirse a la presente bonanza de preferencias que asiste a Antanas Mockus en el oráculo de las encuestas.
Una cosa buena de todo esto es que quienes hicieron del 80 u 85 por ciento de popularidad de Uribe un certificado de unanimidad en la sociedad aprendieron a leer las encuestas con un grano de sal en la lengua. Estas encuestas no reflejan ni de lejos los votos que ya tienen amarrados el partido liberal, cambio radical, el conservatismo y el polo. La misma mayoría de Santos podría estar referida a opinadores urbanos que no determinarán nada y los ingenieros sociales de Acción Social de la Presidencia lo entienden perfectamente. Sin embargo las intervenciones de Uribe y su mini me descalificando la vocación agresiva del filósofo gobernante dan a entender que la cadena de clientelas que alimentan teme ver frustradas sus expectativas financieras.
En la campaña a la alcaldía de Bogotá en 1994 todo comenzó honrando el sentido común. Era incuestionable que la alcaldía quedaría en manos de Julio César Sánchez, barón electoral del partido liberal, ex alcalde y dueño de varias clientelas poderosas en el distrito. Algún desocupado (si mal no recuerdo Gustavo Petro) sugirió en una emisora que iría por alguien como el rector que echaron por bajarse los pantalones y luego las encuestas hicieron lo suyo. El miembro de partidos tradicionales que no renunció ante el singular fenómeno, Enrique Peñalosa, garantizó un nombre político por esa misma situación.
La alcaldía de Mockus no fue ni de lejos grata a los gustos sindicales o a la intelectualidad de izquierda. Las empresas de Servicios Públicos conocieron el outsourcing. Dividió la EEEB y la descapitalizó, garantizando enormes recursos para que Peñalosa se ganara el cielo con obras. Persiguió la rumba y elevó los índices de seguridad, conformó la Guardia Metropolitana, grupo antimotines precursor del ESMAD, explícitamente declarando que su color negro debería indicar represión a quien lo viera. Ninguneó a los profesionales criollos trayendo a ICA a arreglar carreteras y puso a unos balcánicos (ignorantes probados sobre la geomorfología y la neotectónica andinas) a diseñar la solución a lo del Tunjuelo (Cantarrana). Su gurú de la seguridad fue Hugo Acero, derechista obtuso convencido de que el sindicalismo es la manifestación del terrorismo destinada a acabar con las empresas (generalización muy popular entre ciertos empresarios agrícolas paisa sabaneros dados a descuartizar negros en el noroccidente del país, pero no muy afín a lo que piensan muchos analistas de organizaciones productivas en el mundo capitalista). Antes de Mockus y Peñalosa solo algunos izquierdistas de bufanda y concierto de Inti Illimani en el teatro Colsubsidio cuestionaban ciertos cerramientos urbanos a espacios públicos, por lo cual eran calificados como enemigos de la seguridad y la propiedad privada. Ahora no hay cultor de la libre empresa que defienda tanta reja.
No voy a negar que siento cierta simpatía por Mockus, digamos empatía. Para mí fue un contradictor en la Universidad y es parte de un conjunto de personas que moldearon mi visión del mundo por la vía de la contradicción, junto con colaboradores de él como los difuntos Fabio Chaparro y José Granés y otros que por seguir vivos no les voy a lambonear. Nunca me pareció eso de que le dieran cinco millones de pesos por una jornada de trabajo a la señora que ponía las 'vacunas contra la violencia', pero reconozco que la Ley Zanahoria, que tanto resentí, cumplió con la reducción de homicidios. Celebré que públicamente tomó distancia de varias de las sangronadas que enorgullecen al gobierno que termina (secuestrar a un tipo en otro país para arrestarlo o todas las barbaridades alrededor de la Operación Fénix), aun con su singular matiz acerca de los de los informantes pagos. Ahora que todos los candidatos temen objetar el sagrado misterio de la Seguridad Democrática, ciertas actitudes específicas de Mockus permiten ahondar en una de las fragilidades de ese fetiche.
De antes se sabía que la proporción entre muertes violentas ligadas al conflicto armado (rebautizado por Uribe "amenaza terrorista") era harto pequeña. Las tendencias siguen indicando que el pico de homicidios en Colombia ocurre el Día de la Madre y en las fiestas de fin de año (entre tragos, entre allegados). Ya en lo otro se ha visto muchas veces a dos personajes idénticos con diferente brazalete tirar a matarse no porque Marx o Hayek hayan dicho tal cosa o alebrestados tras leer un artículo del IEPRI, sino porque los otros son unos hijueputas y hay que fumigarlos. Lo de las fiestas ratifica que aquí nos odiamos a nosotros mismos y el parecido quiere aniquilar al parecido. También se mata pa justificar el sueldo o para mantener la autoridad emanada del terror. Pero también se ha evidenciado que los millones de dólares del plan Colombia y otros ajustes internos del presupuesto fortalecieron unas fuerzas armadas capaces de diezmar a dos compañías guerrilleras que se toman la vía Bogotá - Medellín (uniformadas y claramente identificables por sus armas largas), pero inoperantes para corretear a la típica banda de tres locos con revólveres que atraca unos furgones cerca a cualquiera de estas dos ciudades. O que la costosa red de informantes pagos parece más una fe misionera centrada en vigilar un enemigo ideológico y no una conducta ciudadana que reconoce responsabilidades y límites. El desastre de seguridad ciudadana en las grandes ciudades evoca la paradoja que también vive Venezuela (con jets y tanques de última generación pero sus calles cundidas de atracadores asesinos).
A mí me gustaría mucho que el botín presidencial no quedara en manos de la camarilla que se apoltronó estos ocho años, en particular pienso que un sujeto como Juan Manuel Santos representa fielmente un conjunto de conductas que le han hecho mucho daño a este país, como recurrir a la calumnia en los debates políticos (el señalamiento contra Pardo hace cuatro años) o la permanente mentira (negó los falsos positivos por meses, como el uso de insignias de la Cruz Roja en el Jaque y durante las primeras horas posteriores a la muerte de Reyes afirmó que el operativo fue respuesta a un ametrallamiento desde tierra y que hablaron previamente con Correa). Actualmente algunos analistas conspiranoicos tratan de ver en el fenómeno Mockus las manos de oscuras fuerzas, lo cual no es raro en una cultura política que hizo de las FARC la excusa para pegarle a la mujer, para evadir impuestos, esconder unos kilos al vecino finquero del Meta mientras un allanamiento, conducir borracho hacia Melgar y otras tantas idiosincracias compatibles con el credo salvador de la Seguridad Democrática (y Uribe, su profeta). Me parece que Mockus es una alternativa razonable así no tenga las credenciales de zorro de la política (tampoco es una dulce pelota y sé muy bien de cuánto es capaz), más si sabe deslindar de las malas prácticas que se consagraron en los gobiernos precedentes. Tocar la conciencia reflexiva del votante colombiano bien vale la pena como programa. Pero todavía no me decido.

lunes, mayo 11, 2009

Viscosidad

Huele a política. Como en cualquier época, tratándose de un adicto con recaídas e ínfulas de expresidente. Cada hora más reaccionario (esto ya se ha visto), cada vez más contestatario (nada me sirve). En mis tiempos del Camilo Torres había dos protagonistas infaltables en la cuadra del colegio sobre la séptima, uno era 'el tigre' (supe que lo llamaban así por una columna de Alape, nunca le hablé ni lo escuché), moro de labios sobredimensionados, nómada urbano. Otro era una señora de gabardina, que se paraba en la esquina de la 33, arengando y denunciado movidas, chancucos y conjuras, para que nadie le pusiera cuidado o a lo más hiciera expresión de condolencia con su afección mental. Pienso que a ratos el opinador bloguero, twittero o dospuntocerero en general tiende no un poco sino más bien un mucho a pararse en esas gradas a dar el mismo espectáculo; solo que con la respuesta eventual de uno que otro compañero de pabellón, "clientela" llama a su versión plural el Juglar del Zipa. Por alguna patética ingenuidad uno se cree que no parece tan chiflado ni tan poco glamoroso.
Analizar la política sin que sea el oficio encargado y pago por algún partido, ni la justificación del cheque del instituto o facultad, suena a patología. Para evadir controles sanitarios la llamamos ciudadanía, subterfugio con amparo en las leyes y filosofías sociales. La militancia amateur suele presentar mayores síntomas de sectarismo y violencia, las hormonas del extremismo fluyen más impetuosas fuera de la secta, la cual regula a partir de cartillas y limitantes, condicionando mediocridades.; pero también da el chance de lo contrario, de pensar con libertad, de opinar y de asimilar las situaciones con referentes propios, todas estas virtudes nada convenientes en la cohesión de los colectivos.
Ejemplo de esas corrientes extremistas es algo cotidiano en estos medios, las cadenas de correo, advirtiendo sobre conspiraciones y expandiéndose y validándose por la ligereza con la cual se hace un reenvío. También aquellas que permiten aflorar los más genuinos rasgos de esa opinión pública que ha de dejar quieta todo periodista extranjero (esta, en particular, la conocí por el reenvío hecho por una profesional de nivel gerencial):

ULTIMA HORA!!!

Hace una hora un GRUPO DE DELINCUENTES aprovechando un descuido de las Fuerzas de Seguridad, HAN SECUESTRADO A LA SENADORA PIEDAD CORDOBA !!!!!
Han solicitado 100 millones de dólares para su liberación y que, si sus
exigencias no son atendidas en 24 horas, amenazan con rociarla de
combustible y prenderla en fuego... Estamos organizando una colecta, apelando
a tu humanidad para que colabores con lo que puedas...
Hasta el momento hemos logrado reunir:

· 7.823 litros de gasolina extra.

· 2.231 litros de Etanol.

· 24.421 Litros de nitroglicerina.

· 1.986 cajas de fósforos.

· 126 sopletes.

· 231.985 encendedores Bic.

· 14 petardos y

· 2 magiclick.

Todas las donaciones, por pequeñas que sean, serán bien recibidas... Envía
este mensaje a las personas que, como tu, vivan en este país..., de lo contrario, puede que la negra HP. quede VIVA !!!!!

Dentro de lo que creo que creo acerca de la política es que una de las cosas razonables y loables de la democracia liberal es la reivindicación del individuo (en general, cualquier individuo). Lamentablemente hoy campea la propuesta de adecuar y subordinar la democracia colombiana a la gloria de un solo individuo. La apología de la nueva reelección en recientes sesiones legislativas se centra en las supuestas bondades del mesías y no en la legitimidad de la iniciativa, en su validez constitucional, que sería lo mínimo. Erich Fromm (y me repito) advirtió al comienzo de su 'miedo a la libertad' que más que las marrullas de los autoritaristas que se tomaron el poder le preocupaba entender por qué las multitudes se dejaban fascinar por semejantes programas. Por supuesto que no se pueden quedar por fuera las acciones de los halcones. Quien quiera que haya seguido el proceso político colombiano en los medios notará que cada vez que una voz opina contrariando al rey de reyes ante las cámaras, antes de dos días algún medio divulga algún elemento de la vida del osado, descalificando de paso cuanto diga. Desconectar racionalmente esta tendencia de las presentes denuncias contra el DAS (la policía política del presidente de Colombia), es una conducta que coquetea con la complicidad.
Inevitablemente viene la realización del referendo reeleccionista, con su carga de propaganda y la entusiasta intolerancia de masas y líderes como la gerente de la cita. El nuevo orden da sus puntadas para afianzar cohesión y con ella generar viscosidad, oposición al flujo. Por eso afino el teclado y preparo mis dardos, mi subjetivación desde mi séptima con 33, que hoy desempolvo.

jueves, setiembre 18, 2008

Las más caras

I Mea Culpa (Contrición o Micción)

De mi paso por la cohorte de los menores de cinco no recuerdo haber usado pasamontañas. En Bogotá llovía más y más seguido y sí eran comunes la botas “machita”, los sacos, las bufandas y los gorros de lana, pero las mejillas en general no se ocultaban. Hoy los niños de Bogotá se encapuchan por prescripción médica y pasan su primera temporada nosocomial a propósito de alguna cosa pulmonar, todos sin falta. En edad preescolar viví los últimos años de la noche de brujas, del jalogüín, antes de que alguna mente institucional de tiempos del turbayato decidiera que el 31 de octubre debía llamarse “día de los niños” porque las brujas eran políticamente incorrectas e indignas de un año internacional dedicado por la ONU. Me sentí, en todo caso, muy orgulloso de haber sido un vaquero con bigote pintado y con unos geniales revólveres plásticos que disparaban y rotaban el tambor y me permitieron hacer blanco con algo más que una onomatopeya de silbido. Al siguiente año fui Drácula y eso sí que me marcó.
Disparar. Uno de los más genuinos entretenimientos de ese momento era jugar a “los pistoleros”. No a policías y ladrones, no a buenos ni malos (salvo si se trataba de una valoración sobre la puntería); era el gozo mundano y sin discurso por la escena de la ficción violenta: derrotar al otro, caer con estilo, las razones sobraban. Luego, a escondidas de mis papás, participar de rondas de tiro de diábolos y certificando el blanco con el tañido de las carcasas del alumbrado público. Pero a los pistoleros era lo mejor, asociando ingeniosamente formas de palos u otros objetos con las metras y los chopos de la televisión y gritando algo como 'pichún'. En la escuela primaria también encontré fanáticos de este juego y fue a propósito del mismo, contextualizado en la noticia de la toma de la embajada dominicana, que otro cagón de siete años me enseñó a ponerme el saco azul de lana, ese clásico de los colegios distritales, cubriendo la cabeza salvo el marco de los ojos y anudando las mangas atrás. El reparto de bandos era lo mismo: todos contra todos, todos embozados, bala pa todo el mundo. Como el buen porno, cuanto menos argumento mejor.
No volví a entenderme con máscaras de ningún tipo hasta el tiempo de intercambiar opiniones en la 26 con la autoridad, la cual sabía de memoria caminados, acentos, barrio de origen. Objetos contundentes y frases provocadoras iban de un lado para otro rigurosamente personalizados. En un viaje de trabajo a una de esas zonas donde los soldados pegan la espalda a la pared y donde la cédula también la pide el paraestado subversivo, noté que una parte crucial del cateo era mirar detenidamente los ojos y su contorno; en la Universidad era igual, era más un símbolo, un saludo a la bandera y una sutileza judicial... y un riesgo también por su efecto restrictivo del campo visual. Quien alguna vez se haya preguntado sobre el porqué de esa extraña forma de correr levantando tanto los pies tiene allí la respuesta. Qué decir de la observación que me hizo un jubilado de esas lides alguna vez: “esta gente se encapucha con ropa limpia”. Sin duda, un saco de lana sudado y picante debía ser un auténtico cilicio.

II Las de Buen Anonimato

Embozarse tiene su glamour y su contrario. Recuerdo bien esas extrañas capuchas como bolsas con terminación angulosa que usaban los malos de la película en las noticias de orden público de los 80. De algún modo recreaban el pavor contagiado por el atuendo del verdugo de hacha y topless. También evocaban la semana santa y otras efemérides litúrgicas como los carnavales. Cargueros, capuchones, la Marimonda y el Monocuco; anonimatos para todas las pasiones. En esa misma década la saga de Shô Kosugi le dio prestigio y un hálito de invencibilidad al portador de la tapa, la máscara del asesino silencioso. Pronto los uniformes de colegio también sirvieron para jugar a los ninjas. Máscaras, antifaces, cascos, lentes oscuros y capuchas son accesorios reconocidos del bandidaje con discurso. Posiblemente desde mucho antes del Robin Capucha, el de los bosques de Sherwood, pasando por el estrafalario espadachín del bigotico y un extenso rosario de vengadores heroicos, sombríos y asociales de Marvel y otras firmas; se trató de una transgresión con justificación. Batman y sus closet issues con Robin, Spawn el podrido, Spider Man con sus secreciones secretas, Gekkô Kamen y su inexplicable risa, V porque ajá,... Hubo quien por estar ocupada haciendo política en la Javeriana no los vio nunca, pero no por ello no recorrieron pantallas, comics o pensamientos.
En este mundo material y maloliente, el estatuto de seguridad de Turbay penalizó la obstrucción de la identidad y puso torturadores encapuchados a lucirse en las caballerizas; arrancando suspiros de los adoradores de la barbarie, los cuales también abundaban entonces. “Para torturas las que sufrió nuestro señor en el Gólgota” opinó un columnista entonces, mientras que plumas decentes como la de Klim espabilaron a un público aun conmovible por imágenes como la de la miniserie “Holocausto” (Klim apodó al ministro de defensa 'General Von Holokaust'). Años después se encapuchó también parte de la justicia, la llamada “Justicia Regional”, cumpliendo con el objetivo de reducir la tasa de homicidios de jueces, pero estableciendo un récord tal de iniquidades que se tuvo que caer, no sin que su principal impugnador dentro y fuera del país, Eduardo Umaña Mendoza, muriera de plomonía.
Una de las variantes más obscenas de la capucha institucional la constituyó en su momento el ESMAD, fuerza especializada antidisturbios de la policía, la cual a pesar de no usar regularmente pasamontañas, no incluye en los uniformes el apellido de los patrulleros. Tras el asesinato de un tropelero en una refriega de la Universidad, un directivo de la misma discutía con el mando a cargo en terreno y le pidió que se identificara. El burócrata del homicidio uniformado contestó “yo no tengo nombre”. Tras acumular varias bajas en su prontuario, cobijados por la manía judicial de amparar en el “orden público alterado” y el azar las felonías de estos matones, un proceso de presión política consiguió que lleven en las corazas un número de serie con más dígitos decimales que los necesarios para contar la población humana en el planeta. Pero estamos lejos de ver a un presidente reprendiéndolos en público por mutilar ojos, disparar ilegalmente, lanzar bombas caseras o vejar detenidos.

III Las del Tubo

Gina Parody descubrió en el youtube varios videos propagandistas filofarianos colgados tiempo atrás y uno de un periódico estudiantil de otra índole. Al parecer no le parecieron tan por fuera de la ley como para reportarlos y – siguiendo la doctrina presente de utilizar políticamente las cosas que no tendrían vuelo judicial – decidió lanzar una denuncia carente de unidad de materia y de coherencia. Escogió dos materiales correspondientes a momentos distintos, pero ocurridos en el mismo escenario de la Universidad Distrital para lanzar dardos contra el actual Rector de esa institución, en un claro gesto proselitista de alguien que suena como candidata a la alcaldía mayor de Bogotá. Valga decir que el video en el cual aparece el Rector en medio de los encapuchados retrata la intromisión de estos últimos en un acto institucional.
Puesta a desarrollar la idea, la Senadora explica que se refería en general a las universidades y a la 'nueva' estrategia de las Farc para su infiltración, pero rapidito cae en el tema local, de “lo social del gobierno del Polo” y otras piezas que suenan a Mr Burns candidato hablando de “los burócratas en la capital del Estado”; o, más local, a Noemí Sanín intercalando cada tres palabras la expresión “las maquinarias” y su sonrisa postiza. “Lo social” en política es una de esas categorías buseta, ahí caben muchas vainas o cualquiera; en últimas la política es un fenómeno social, pero volvamos al tema.
Ya otra gente le ha puesto algo de cacumen a este incidente (por fin). Converjo en algunos puntos, a propósito, pero quiero dejar en claro algo que me ronda la cabeza desde el principio del sainete (por no llamarlo parodia de debate). ¿Podemos creer en la afirmación de la Senadora acerca de que no hay idea que merezca usar una capucha en este país? Ella invoca a oradores y opinadores digamos 'frenteros', como si estuviera muy bien que uno tuviera que aguantarse diez hampones lanzándole insultos y objetos dentro de un avión o que ante una controversia de frente con el divino e infalible mandatario le conteste con frases del tipo de “yo sé cuál es su filiación y usted sabe cuál es la mía”, y luego algún medio de prensa publique algún carácter cierto o falso de uno con clara intención de descalificarlo. Seguiré con el tema, vuelvo a la línea de producción.