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martes, abril 20, 2010

Pleamar

Las mareas son la manifestación visible de la atracción gravitacional de la luna hacia nuestro planeta, los fluidos confinados en grandes cuencas hacen variar ligeramente la posición de la línea de costa durante el día. Bogotá queda aproximadamente a 2600 metros sobre el nivel del mar y es el origen del sistema de coordenadas geográficas del país, con el punto x=1000000, y=1000000 en el Observatorio Astronómico Nacional (conspiradero de criollos cuando esa era la casa de Nariño). El eje z tiene su cero en la posición de la marea baja en Buenaventura. La marea es un fenómeno periódico, una sinusoidal con pocos chichones, va y viene todos los benditos días. Tal ha sido la selección de términos para referirse a la presente bonanza de preferencias que asiste a Antanas Mockus en el oráculo de las encuestas.
Una cosa buena de todo esto es que quienes hicieron del 80 u 85 por ciento de popularidad de Uribe un certificado de unanimidad en la sociedad aprendieron a leer las encuestas con un grano de sal en la lengua. Estas encuestas no reflejan ni de lejos los votos que ya tienen amarrados el partido liberal, cambio radical, el conservatismo y el polo. La misma mayoría de Santos podría estar referida a opinadores urbanos que no determinarán nada y los ingenieros sociales de Acción Social de la Presidencia lo entienden perfectamente. Sin embargo las intervenciones de Uribe y su mini me descalificando la vocación agresiva del filósofo gobernante dan a entender que la cadena de clientelas que alimentan teme ver frustradas sus expectativas financieras.
En la campaña a la alcaldía de Bogotá en 1994 todo comenzó honrando el sentido común. Era incuestionable que la alcaldía quedaría en manos de Julio César Sánchez, barón electoral del partido liberal, ex alcalde y dueño de varias clientelas poderosas en el distrito. Algún desocupado (si mal no recuerdo Gustavo Petro) sugirió en una emisora que iría por alguien como el rector que echaron por bajarse los pantalones y luego las encuestas hicieron lo suyo. El miembro de partidos tradicionales que no renunció ante el singular fenómeno, Enrique Peñalosa, garantizó un nombre político por esa misma situación.
La alcaldía de Mockus no fue ni de lejos grata a los gustos sindicales o a la intelectualidad de izquierda. Las empresas de Servicios Públicos conocieron el outsourcing. Dividió la EEEB y la descapitalizó, garantizando enormes recursos para que Peñalosa se ganara el cielo con obras. Persiguió la rumba y elevó los índices de seguridad, conformó la Guardia Metropolitana, grupo antimotines precursor del ESMAD, explícitamente declarando que su color negro debería indicar represión a quien lo viera. Ninguneó a los profesionales criollos trayendo a ICA a arreglar carreteras y puso a unos balcánicos (ignorantes probados sobre la geomorfología y la neotectónica andinas) a diseñar la solución a lo del Tunjuelo (Cantarrana). Su gurú de la seguridad fue Hugo Acero, derechista obtuso convencido de que el sindicalismo es la manifestación del terrorismo destinada a acabar con las empresas (generalización muy popular entre ciertos empresarios agrícolas paisa sabaneros dados a descuartizar negros en el noroccidente del país, pero no muy afín a lo que piensan muchos analistas de organizaciones productivas en el mundo capitalista). Antes de Mockus y Peñalosa solo algunos izquierdistas de bufanda y concierto de Inti Illimani en el teatro Colsubsidio cuestionaban ciertos cerramientos urbanos a espacios públicos, por lo cual eran calificados como enemigos de la seguridad y la propiedad privada. Ahora no hay cultor de la libre empresa que defienda tanta reja.
No voy a negar que siento cierta simpatía por Mockus, digamos empatía. Para mí fue un contradictor en la Universidad y es parte de un conjunto de personas que moldearon mi visión del mundo por la vía de la contradicción, junto con colaboradores de él como los difuntos Fabio Chaparro y José Granés y otros que por seguir vivos no les voy a lambonear. Nunca me pareció eso de que le dieran cinco millones de pesos por una jornada de trabajo a la señora que ponía las 'vacunas contra la violencia', pero reconozco que la Ley Zanahoria, que tanto resentí, cumplió con la reducción de homicidios. Celebré que públicamente tomó distancia de varias de las sangronadas que enorgullecen al gobierno que termina (secuestrar a un tipo en otro país para arrestarlo o todas las barbaridades alrededor de la Operación Fénix), aun con su singular matiz acerca de los de los informantes pagos. Ahora que todos los candidatos temen objetar el sagrado misterio de la Seguridad Democrática, ciertas actitudes específicas de Mockus permiten ahondar en una de las fragilidades de ese fetiche.
De antes se sabía que la proporción entre muertes violentas ligadas al conflicto armado (rebautizado por Uribe "amenaza terrorista") era harto pequeña. Las tendencias siguen indicando que el pico de homicidios en Colombia ocurre el Día de la Madre y en las fiestas de fin de año (entre tragos, entre allegados). Ya en lo otro se ha visto muchas veces a dos personajes idénticos con diferente brazalete tirar a matarse no porque Marx o Hayek hayan dicho tal cosa o alebrestados tras leer un artículo del IEPRI, sino porque los otros son unos hijueputas y hay que fumigarlos. Lo de las fiestas ratifica que aquí nos odiamos a nosotros mismos y el parecido quiere aniquilar al parecido. También se mata pa justificar el sueldo o para mantener la autoridad emanada del terror. Pero también se ha evidenciado que los millones de dólares del plan Colombia y otros ajustes internos del presupuesto fortalecieron unas fuerzas armadas capaces de diezmar a dos compañías guerrilleras que se toman la vía Bogotá - Medellín (uniformadas y claramente identificables por sus armas largas), pero inoperantes para corretear a la típica banda de tres locos con revólveres que atraca unos furgones cerca a cualquiera de estas dos ciudades. O que la costosa red de informantes pagos parece más una fe misionera centrada en vigilar un enemigo ideológico y no una conducta ciudadana que reconoce responsabilidades y límites. El desastre de seguridad ciudadana en las grandes ciudades evoca la paradoja que también vive Venezuela (con jets y tanques de última generación pero sus calles cundidas de atracadores asesinos).
A mí me gustaría mucho que el botín presidencial no quedara en manos de la camarilla que se apoltronó estos ocho años, en particular pienso que un sujeto como Juan Manuel Santos representa fielmente un conjunto de conductas que le han hecho mucho daño a este país, como recurrir a la calumnia en los debates políticos (el señalamiento contra Pardo hace cuatro años) o la permanente mentira (negó los falsos positivos por meses, como el uso de insignias de la Cruz Roja en el Jaque y durante las primeras horas posteriores a la muerte de Reyes afirmó que el operativo fue respuesta a un ametrallamiento desde tierra y que hablaron previamente con Correa). Actualmente algunos analistas conspiranoicos tratan de ver en el fenómeno Mockus las manos de oscuras fuerzas, lo cual no es raro en una cultura política que hizo de las FARC la excusa para pegarle a la mujer, para evadir impuestos, esconder unos kilos al vecino finquero del Meta mientras un allanamiento, conducir borracho hacia Melgar y otras tantas idiosincracias compatibles con el credo salvador de la Seguridad Democrática (y Uribe, su profeta). Me parece que Mockus es una alternativa razonable así no tenga las credenciales de zorro de la política (tampoco es una dulce pelota y sé muy bien de cuánto es capaz), más si sabe deslindar de las malas prácticas que se consagraron en los gobiernos precedentes. Tocar la conciencia reflexiva del votante colombiano bien vale la pena como programa. Pero todavía no me decido.

miércoles, diciembre 30, 2009

veinte años

Hace veinte años estaba por irse un año fatuo, para mi balance medio maldito, trasunto de la mustia década que clausuraba. Lo recuerdo soleado, de amaneceres gélidos, un solo gran fastidio aderezado por unas cuantas jaquecas.
1989 fue el año del bicentenario del asalto a la Bastilla y en mi clase de francés en el colegio nos tuvieron todo el año con una cartilla futurista que predecía para tiempos ya vividos y muertos la prevalencia de hogares domotizados y materiales edénicos, como aquel que haría del bizcocho del inodoro una entidad "tibia y blanda" (sic). Fue el año de 'amar' y vivir,' cuando nadie se hubiera imaginado que 'el soldadito' (Luís Eduardo Motoa) reencarnaría como el inmortal estomatólogo distribuidor de yogures orgánicos. Las series policíacas gringas que uno seguía en esa época las grababan en Canadá y siempre había en una cartelera un perro con gabardina, fusilado sin recato por los publicistas de las campañas de seguridad del alcalde del 'diciendo y haciendo', cuya iniciativa estrella fue poner a los policías a grabarles el número de la cédula a los electrodomésticos.
El año de la caída del muro y el comienzo del fin de la guerra fría fue especialmente grotesco en nuestro tibio conflicto. Ese año comenzó con la masacre de la Rochela, hecho que precipitó la declaración de ilegalidad de las mismas autodefensas condecoradas en público por Belisario Betancur. Las FARC condenaron a muerte a Braulio Herrera, quien alcanzó a salir pitado. El epílogo de la guerra verde era el homicidio de Gilberto Molina en medio de una masacre. José Antequera fue acribillado en el aeropuerto en lo que quedó para la historia como el atentado a Ernesto Samper. Un comando urbano universitario del EPL tuvo la brillante idea de asaltar un municipio de la sabana de Bogotá, siendo rápidamente copado por la policía, quedando la curiosa estampa de los últimos guerrilleros evacuados por helicóptero de una loma con una soga que les rodeaba el cuello (y con las manos atadas); la plata robada a la Caja Agraria no apareció. Max Morales anunció en Puerto Boyacá su MORENA y este sordo país desoyó su propuesta (porque la metralleta es tartamuda, decían). Manuel Jaime Guerrero Paz exhibió una noche en televisión un arsenal considerado entonces exótico y no le quedaba duda de que era de las FARC, pese a que ya entonces el bloque de autodefensores y extraditables mostraba una organización bélica más uniformada y regular. Bomba a El Espectador, al avión de Avianca, a la ruta de Maza Márquez en la séptima, al DAS, Valdemar Franklin Quintero, Luís Carlos Galán, Jorge Enrique Pulido, Álvaro Ortega,... Y el ELN fue quebrando al Obispo de Arauca como esperando aplauso por ello.
Y sí, las noticias positivas, la copa libertadores para que luego Higuita cuadrara una barrera en Tokio sin alinearse con el palo (porque pa fanfarrones nosotros) y la orgásmica clasificación con repechaje, cuando el Palomo Usuriaga (QEPD) bien podría haber sido 'el presidente que Colombia necesita'. Pero no, qué mal año, su banda sonora es lamentable. Pablito Ruiz con su chica ideal, el dance y sus jadeos preshakirianos, Prince eructando el tema de Batman, Milli Vanilli, Technotronic, La Negra Tomasa de los despeinados, "a mover la colita", además de la ristra de petardos que la emisora de Jorge Barón en AM (especializada en 'rock en tu idioma') propició mercadear en nuestro medio. Pa pior, fue el comienzo de una nueva oleada de estrellas del acné y los dientes grandotes: Debbie Gibson y Eunuquis on the block (se alistaba Magneto).
Se murió el crítico literario más delicado de la historia y las fuerzas ultramarinas de Estados Unidos, tras su fogueo con Granada, volvieron mierda media Ciudad de Panamá para agarrar a un pelele que los retaba desde una tarima con un machete, en tanto Ceaucescu perdió el año.
Y lo que venía después...

sábado, septiembre 20, 2008

viernes, julio 18, 2008

miércoles, mayo 14, 2008

viernes, abril 18, 2008

EUM

Hoy se cumplen diez años del asesinato de Eduardo Umaña Mendoza. El abogado con la sombra a cuestas de un padre que lo rajó en una materia en la Universidad y metido en los pleitos más atrevidos. Menos de tres lustros después de que su progenitor fuera el defensor de los acusados en el "juicio del siglo" a él le tocó el mismo papel en otro "juicio del siglo". Litigante de esos con personalidad propia e irritante para sus contrincantes, tumbó el cargo de rebelión contra unos dominicanos capturados tras visitar a ciertos camaradas en el Tolima, argumentando que por no ser nacionales no podían ser considerados rebeldes contra este Estado. Político muy definido en sus causas y su proceder (por lo mismo jamás autómata idiota de lineamientos militantes "orientados" por responsable alguno), no se guardó sus opiniones frente a reos de uno u otro parche y valoró como ninguno la urgencia de lograr la libertad, antes que promover una defensa torpe que inflara estadísticas acerca de la maldad represora del enemigo.
Tras años de ardua lid en casos particulares, triunfó en su gran batalla contra la justicia sin rostro. Para sus últimos días conseguía la exhumación de los enterrados en fosa común del Palacio de Justicia y avanzaba en la búsqueda de la desclasificación de documentos norteamericanos sobre el asesinato de Gaitán. Esas últimas semanas, con líos para pagarse un tiquete aéreo para atender un caso, con su rapidez mental y su profunda inclinación por la ironía, comentó que se había sometido al dolor de la operación de las cordales aun sabiendo que lo iban a matar. En una entrevista que le hiceron unos del medio sindical, respondió a la clásica pregunta de por qué le buscaba males al cuerpo: "en este país si a uno no lo matan por algo terminan matándolo por nada", frase mal transcrita en versión estúpida por más de una secta. Y sí, aquí lo exótico es el móvil solemne.
Esa tarde me llegó el dato de que volvían a convertir el León en sala de velación. Fue uno de tantos reencuentros intergeneracionales. En el auditorio de Derecho, una gente hablaba de conformar un frente amplio y rodaban planes y recuerdos. El día del zepelio fue una experiencia de otro mundo deambular entre tantos y tan disímiles mientras la añeja y extensa prosa del padre desarrollaba su visión de esa materia muerta a descomponer y transformar, en un giro místico - materialista de antología. Luego lo que todo el mundo recuerda y una última precisión: "pórtense bien". Salimos en séquito fúnebre por la 53 para tomar la 30 hacia el norte. Más o menos frente al ICN voló el primer panorámico de una camioneta de la policía de tránsito. Frente a Ingeominas los que no hicimos caso de la última conminación volteamos hacia el sur y esperamos lo que tenía que darse. Sienes canosas, tropeleros de antaño ordeñando su propio carro, todo un happening intemporal. Tras juntarse todo ese cónclave en una sola portería, un sobrevuelo del gosque del aire anticipó asalto y así se dio, por un largo rato, hasta que la válvula se reventó y el grueso del pelotón abandonó a su escuadra más regalada y desprovista de munición. Precisamente el artillero homicida tuvo que abandonar su arma malla adentro para prenderse del alámbre de púa y estrellarse contra la acera, presa del terror y borrada su sonrisa de cuando hace blanco en ojos o partes vitales.
Esa tarde un avión se estrelló contra los cerros y en un noticiero de la noche Hollman Morris cerró su nota leyendo una pinta con la manida consigna centroamericana (yo la llamo la del libro gordo de Petete): "Mi voz la que está gritando... ". Al lado tenía una de esas clichesudas también de "Eduardo Umaña presente", solo que él las mezcló y terminó como si la consigna fuera autoría de Eduardo Umaña (y pa completar, no Mendoza sino Luna). Meses después la Universidad de la Sabana usaría imágenes del intercambio de opiniones en la 45 en un comercial televisado, con un texto que decía algo como "decida el destino de sus impuestos" o algo así (lo retiraron como resultado de una acción judicial). Un tiempo después la banda "La Terraza", disidencia prontamente aplastada del sector paramilitar de Carlos Castaño, afirmó tener pruebas sobre sus autoría material del homicidio y sobre los personajes que encargaron la vuelta...
A propósito de ese momento de la memoria, un mes después fue la matanza de Barrancabermeja, esta mañana evocada en varios noticieros. Fue la presentación en sociedad de la facción paramilitar de 'Camilo Morantes', quien menos de un año después moriría a manos de tropas de Castaño y con sus huestes acosadas por la brigada local. Sobre ese ajusticiamiento el líder de las Auc refirió que lo mando matar "porque era muy asesino" (¡a esa escala, válgame!).

miércoles, abril 09, 2008

martes, abril 01, 2008

Abril

Retomando. Anoche leí la noticia en El Espectador, hoy esa fue la postura en RCN televisión. Mi lectura de la columna de Márquez, siendo mis afectos tan distantes del ex congresista, es que la alusión al congelamiento de la reunión con la delegación francesa es contextual a un párrafo que comienza diciendo: "A las 00:25 de ese primero de marzo [...]", incluido este en un documento cuya firma va seguida de la fecha 20 de marzo. La andanada contra las Farc hace un mes trajo como consecuencia un aparente silencio político de los medios institucionales de esa guerrilla, al menos por lo que respecta al alcance de uno. Yo especulo que habiendo sido vulnerado un nodo tan importante de su conducción y su presentación ante el mundo (Reyes), pasaron por un período de obligado silencio por razonable desconfianza ante los medios chuzados y la infiltración rampante. Por lo mismo es esperable que haya cierta reacción sensacionalista a la reaparición de su flujo comunicativo; pero era de elemental seriedad notar el detalle de la fecha y la imperfección de pasado en el párrafo sometido a exégesis.
Precisamente, estando a la orden del día la jugada del gobierno francés en el embrollo de los secuestrados, la ligereza de estos medios enrarece el ambiente. Ya hoy Uribe dio su visto bueno a una eventual misión médica humanitaria con CICR a bordo. No soy optimista acerca de la salida con vida de Ingrid Betancourt en todo esto, pero yendo tantas diligencias en marcha estas salidas periodísticas son más delicadas que la incompetencia del canciller. En últimas, es perentorio porner un tatequieto a la orgía de fanatismo y propaganda que embarga últimamente a la prensa socialmente irresponsable. La satanización del adversario y su deshumanización son síntomas de la degradación moral de la guerra equivalentes a los abusos mismos que justifican estos comunicadores. Uno de los más vehementes trasuntos de esta apología de la vocación genocida, cuando recrea esa fórmula sicarial de "si lo mataron por algo sería". Fernando Londoño Hoyos, penalista defensor de un confeso culpable de enriquecimiento ilícito que se embolsilló dinero del cártel de Cali (descendiente además del ala limpia de un mentado clan de contrabandistas), defensor de un enfermero sindicado de violación mediante la alusión a la embriaguez de la víctima y único avión colombiano capaz de equiparar empleo con contrato de prestación de servicios; ha escrito al menos un par de columnas protestando porque un fallo obliga a poner una placa resarciendo a unos contrabandistas (masacre de La Lizama). Un poco más y reclama que se debería obligar a la familia de las víctimas a reponer el dinero de la munición gastada por los autodefensores del buen nombre de Farouk Yanine.
En medio de la estridencia y sin decantarse el paroxismo de las pasiones caníbales, pasa desapercibida la noticia del requerimiento de captura a militares por una matanza en Apartadó (lamentablemente no puede hablarse de "la"), con encubridor encubierto. A eso huelen estos días. Opinión bacteriana.

martes, marzo 18, 2008

Minería

Anoche leí la columna de Natalia Springer en la cual se sugiere que Reyes mató a un ginebrino mientras se escabullía cual amante furtivo (¿la Fiscalía ya habrá descartado móvil pasional?). En fin, toda una parajoda de las que son norma es este asunto. Recordé, como lo indica la moda del momento, el estribillo de Juanes de "fíjate bien dónde pisas". La primera vez que lo escuché estaba medio dormido y al fondo sonaba la 'emisora juvenil de la Radiodifusora Nacional', en un programa donde ponían mucho rock español, mexicano y argentino; y por un momento quedé confundido pensando en por qué una 'mina' le desbarataría los pies al amor del argentino que cantaba. Varias emisiones después me fui familiarizando con la 'canción social' del paisa que partió en dos la historia de los conciertos en Colombia.
Sí, desde "Hi-Ho" y "a la mina no voy" (aquí en versión hippie-andina), las minas solo volvieron a resonar en las emisoras en su versión bélica con "One" y con el lamento cursiconsciente de Juanes. Bueno, la política colombiana nunca se ha aguantado las ganas de volverse canción. Desde mucho antes de la censura del 'grito vagabundo', hubo melodías olorosas a pólvora y cubiertas por banderas. Voces contestatarias pusieron en su momento a sonar temas con afirmaciones cómo "sé que en la luna no habrá problemas con Venezuela" o paseos con reclamos blasfemos de economía política ("óyeme, Diosito Santo, tú de aritmética nada sabías"). José A. Morales respondió a la moda de los ponchos andinos y las chacareras de solidaridad con Vietnam, con un local y modesto "Ayer me echaron del pueblo".
Saltándome un tiempito, en los 80 fueron notorios los vallenatos de Daniel Celedón, Rosendo Romero, de los Zuleta y del mismo Diomedes Díaz, que sonaban a memorial de agravios. Como muchas modas, eso se fue y volvió. Ya en los noventa Shakira llevó el género a honduras más intrincadas ("no creo en Jean Paul Sartre"); Vives en su momento cantó a la tropa con sus "hombres de acero". Pero definitivamente el activista del momento viene siendo aquel que mereciera el domingo loas de Bosé, a su par de cojones, su modo de andar, su look cha cha cha casi vulgar (casi no, el tipo comenzó a cantar tras un grito que lo hermanó con el hijueputa de la canción norteña) y esa ceja. Será por eso - redondeo - que la noticia de Reyes me recordó el sonsonetico y me puso a pensar en otras canciones sobre minas, como la que canta el sobrino del Alí Primera del vallenato (ganador alguna vez de un premio Lenin de la paz), con la letra más sombría acerca de las mutilaciones: "ya van a ver compadre, cómo ej que ej, cómo se canta y se brinca en un solo pie".

viernes, marzo 07, 2008

martes, marzo 04, 2008

Lisbon Revisited

He vuelto a recorrer los bordes infraurbanos, a propósito de la reactivación de la conexión lisboeta. Ahora les caben a los dos puentes sendos vehículos transitando simultáneamente en sentido opuesto ya que, además de la fragilidad de la vieja estructura de los puentes militares, se debía contribuir a la movilidad. Pero los acabados de la obra no están a punto y de todos modos toca dar turnos para un sentido u otro justo junto a la aromática desembocadura del Salitre en el Bogotá. Pero ya está disponible el agujero de gusano más pertinente del nudo espacio temporal de la localidad 11.


A mitad de camino entre las dos estructuras hay una cancha de fútbol y el entorno es frecuentado por ganado caballar del explotado y famélico y será por eso que hoy me sorprendió ver a uno que parecía de marca, cuya crin aspectaba ser atendida por Norberto en persona.
Qué oscuro cielo el que se refleja allí.

viernes, febrero 22, 2008

Los 50

Mi primer encuentro con la Biblioteca Luis Ángel Arango fue en los tempranos ochenta. Mi papá nos llevó a mi hermano mayor y a mí a conocer el centro de Bogotá con relato incluido. Supimos esa noche de las anécdotas obligadas del paso entre Veracruz y La Tercera, de la Catedral Primada, la ubicación real del sitio donde mataron a Gaitán y otras tantas. La sala principal de lectura era sobrecogedora, serísima, cautivante. Cuando estudié en el Camilo Torres, trasegué mucho el centro y gravité con regularidad hacia la Biblioteca Nacional y la misma Luis Ángel. El último año de mi bachillerato, sin embargo, viví la sequía (luego también padecería la de la huelga de Bavaria en el 92).
En 1989 la Luis Ángel cerró para reestructurarse y remodelarse. Miles y miles de universitarios y alumnos de colegio vivimos esas interminables colas por la 24 arriba y volteando hacia el norte por la esquina para consultar algún texto añejo en la Biblioteca Nacional. Luego la misma Luis Ángel abrió servicio de hemeroteca y de la sala de referencia en el edificio de al frente, donde hoy queda el museo de Botero, y buena parte de las tareas tuvo que ser bandeada a punta de diccionarios enciclopédicos y artículos de revistas quién sabe qué tan pertinentes. En medio de la contingencia y ya universitario, llegué a conocer la Biblioteca del Restrepo, uno de esos misterios bien escondidos de la Bogotá de entonces. Pero la adicción lo llevaba a uno de vuelta por allá, así fuera a leer periódicos viejos.
Finalizando el A mediados del 90, caminaba un día por La Candelaria, siguiendo una rutina mía sin propósitos definidos y busqué la carrera cuarta para dar la vuelta en la clásica esquina de la once. Cuando llegué allí, se me atravesaron unos guardaespaldas y unos soldados y pronto frenó un carro del cual se bajó un señor y mi suspicacia política me insinuó que no era Eduardo Mestre Sarmiento, sino el mismísimo Virgilio Barco Vargas. Me fui detrás de la comitiva como un fantasma y le pregunté al celador qué pasaba, que si era cierto lo que mi ilusión colegía. Con la indiferencia de quien relata que Aristizábal malogró un gol o cualquier otra perogrullada, me dijo que "sí, que mañana dejan entrar". Esas jornadas fueron gozosas, ya eran vacaciones escolares y por momentos llegué a sentirme como el tipo del cuento al que se le rompen las gafas, pero yo tadavía no las usaba y sí podía descargar mi lujuria bibliófila contra decenas de volúmenes igualmente enveranados. Los siguientes meses vino un recorrido desordenado, totalmente carente de método, de los anaqueles donde por un tiempo se permitió acceder a la colección de periódicos de mayor circulación empastados, más o menos de 1970 o 1971, hasta principios de los 80.
Cada noche que me metía por allá buscaba noticias que me inquietaban de eso que llamaban la historia reciente, descubría personajes y buscaba luego quién me contara sobre ellos. Leí montones de las columnas de KLIM que no aparecían en los libros que las seleccionaban. Busqué recuerdos puntuales de infancia, como una vez que fue noticia una bandada de garzas blancas y la foto de Turbay con quepis en una parada (Osuna la registró muy bien). Luego los retirarían del acceso directo del público por cuenta del vandalismo censor y después ni los prestaban, sino que tocaba buscar recortes temáticos o mirarlos en microfilm, cosa que me marea en pocos minutos.
Luego dejé de ir cuando se volvió la congestión permanente. Una de las bibliotecas más visitadas del mundo, decían, no por su inmensos colección y prestigio, sino por la ausencia de redes de bibliotecas con cobertura aceptable. También conocí, desde luego, los pasos que se dieron para afrontar ese fenómeno y cómo se ha llegado a la situación de hoy.
Aunque mi relación con la BLAA perdió sensualidad desde que solo voy a recoger los libros que saco como socio y de vez en cuando a una exposición, son muchas las vivencias que se me alborotan en la memoria cuando pienso en este, su aniversario número 50. Un emotivo, cursi y sincero brindis por ese cumpleaños.

miércoles, febrero 06, 2008

Y el mañana llegó

Aquí va mi informe tardío de la marcha:
El lunes me di cita con N, mi asesora en temas etnográficos y cuya colaboración agradezco, a la salida de la estación 72 de transmilenio, allí fue necesario hacer cola para salir. Subimos por la avenida Chile y el ambiente de participación masiva era evidente. Luego me enteraría del carácter obligatorio que tuvo la asistencia para empleados bancarios y de otras oficinas, pero es innegable que la convocatoria tuvo eco entre muchísimas personas.
Estuve muy atento a expresiones que insistieran en todas esas cosas que hemos cuestionado en distintos espacios: convertir el evento en un acto propagandista del gobierno, en una diatriba violenta y racista contra Piedad Córdoba, en escenario de bravuconadas y exhibición de grupos de choque. Realmente los gritos y las consignas estuvieron centrados en el rechazo a las Farc y al secuestro y en la reivindicación de la libertad. Caminamos hacia el sur por la séptima y, para mí que he ido a muchas marchas en las cuales los participantes son citados por organizaciones que instruyen sobre hacia dónde se va y por dónde, fue evidente que no había una férrea estructura dictaminando esos detalles, menos funcionarios tipo comisario político vigilando o acechando a expresiones diferentes.
A pesar de las advertencias de la institucionalidad de la izquierda revolucionaria, en el sentido de que se trataba de la marcha del paramilitarismo y el uribismo, en el muestreo intensivo que hice a esas horas y por esas vías no hallé sino mucha gente afable evidentemente no habituada a recibir el sol tan de frente, algo de esnobismo norteño y las voces de aquellos familiares de secuestrados (de los económicos) que no se diferenciaron del evento. Me temo que los compas han sobredimensionado el tamaño del paramilitarismo y el uribismo al macartizar contra algo tan concurrido, además de destacar torpemente su pequeñez y su aislamiento.
En frente de la Javeriana, una niña hacía un performance solitario, descalificado en voz baja por un par de señoras que caminaban a mi lado, pero - en lo que yo estuve ahí - sin asomos de agresión contra ella. En un cuaderno se leía: "Marchemos contra todo tipo de violencia".


El contraste más fuerte, sin duda, se da de la 26 hacia el sur. La séptima, más estrecha, hace más insoportable el estruendo de los silbatos y el sentido del negocio aflora mucho más. Cerca a la 45 cambié de cigarrería para buscar hidratación, pues quien atendía no previó la mayor demanda que habría de recibir. En el medio de los ambulantes, en cambio, hay una disposición ecológica a reaccionar a este tipo de señales de mercado. No conté con suerte a la hora de buscar celebridades. Mockus y su limitada compañía eran detenidos cada metro para fotografías y entrevistas, tentación de la cual no escapé. Aunque en el entorno de la Chile vi una que otra camiseta con mensaje antichavista, la verdad las pancartas de corte agresivo que pude ponchar las vi de la Jiménez hacia el sur.


Mi balance del escenario que estuvo a mi alcance es que hubo una respuesta descomunal a la convocatoria, que la mayoría participó con entusiasmo sin pretensiones de polémica y que quienes boicotearon y señalaron el suceso perdieron una oportunidad de oro para interactuar y dialogar con un espacio no prefabricado por ellos, pero con otras perspectivas para compartir.
Ahora que acabo de editar mis tomas de esta expedición, ya he leído y oído acerca de otros espacios donde el panorama fue diferente, manifiestamente uribista en Barcelona, violento en Nueva York, sicarial en Bucaramanga. También del lente tendencioso de Telesur y Aporrea, centrado en unos calvos. No soy ingenuo acerca de los términos que acompañaron este tema en oficinas y mentideros de la gente de bien de este país. Infortunadamente las tensiones que vivimos por estos días hacen muy costoso tanto infantilismo político como el que escucho a diario en el Andino y alrededores. Pero levantar la guardia en actitud similar, gastando más babas que cerebro y rezongando más que reflexionar, puede ser el catalizador de una explosión que nos incendie a todos sin dejar ganas de nada.

viernes, febrero 01, 2008

In Memoriam Memoriae

Se ha ido de este mundo el Doctor Alfredo Rubiano, inolvidable e inolvidante profesor de anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Mis amigos médicos me refirieron unánimemente su extraordinaria memoria, que le permitía, ante la alusión de nombre y apellido, dar cuenta de sus exalumnos, en qué andaban y cómo les iba (incluidas fechas y dónde se sentaban). Uno de los grandes.

lunes, enero 28, 2008

Su real jartera

Mientras las gallinas acechan, se ha ido de este mundo Suharto, campeón entre los tiranos y otro genocida que fallece sin pagar.

lunes, diciembre 24, 2007

lunes, noviembre 26, 2007

sábado, noviembre 24, 2007

¡Ah, caray, no sabía!

Hace unos años leí un inquietante relato de Alfredo Iriarte sobre una aristocrática cachaca venida a menos. La cosa terminaba en barrio con la misma descripción de Chapinero. La historia de los barrios con casonas, de familias prestantes y chirriadas, transfigurados en entornos menos pomposos, me ha inquietado de tiempo atrás. Alguna vez pernocté en uno de los rincones más sórdidos del Santafé, cerca a la 19 con Caracas, en un lugar que parecía el fuerte en territorio apache. En medio de un entorno de esos que invitan a entrar con algún objeto contundente disponible entre el bolsillo se erguía, digno, un edificio sin asomo de descuido y - ya conocido por dentro - provisto de una arquitectura muy agradable, de hecho no olía a vetusto. Por supuesto la decadencia era patente, las que no habían sido demolidas o reacondicionadas con fines 'residenciales", decaían en su abandono. El cuadro de la de León de Greiff, por ejemplo, resulta inolvidable para quienes caminamos zonas así en cierta época.
La peregrinación hacia el norte, la decadencia económica de quienes se quedaron, y la causas que sean, se fueron tragando los barrios desde el centro. Teusaquillo ha sido por mucho tiempo el híbrido de sus distintas vidas. Familias de antes todavía instaladas, funerarias, abortaderos, ONGs, sedes de campañas políticas, el parque de la 34 (sede alterna de las peleas de a la salida nos vemos del Camilo, cuando sapeaban y el prefecto de disciplina se parqueaba en el Parque Nacional) la nueva moda de la remodelación 'loft', las oscuras sedes de la Dimayor y la Difútbol, la sucursal del Señor de los Milagros el fallecido Cream Helado, el parque de los sardineles onduladitos, la Academia de Ciencias Exactas, sociedades ocultas, las cinco esquinas de Tekcien, ya me metí en La Soledad,...


Ver mapa más grande

(tarea: ¿quién es el man de la estatua?)
Hoy comentan en El Tiempo que la localidad de Teusaquillo tiene una notable presencia de pobres vergonzantes. En años recientes el movimiento de finca raíz sugería desvalorización de predios. En algunos casos se notaba la influencia de los albergues de reinsertados ("mira, es que hay cuadras por las que no puede pasar una niña de colegio"). En fin, desconcertante, ala.

lunes, noviembre 19, 2007

Sano, mono, no me raye

Me entero de la amenaza a la seguridad ciudadana que entran a representar los miembros de las fuerzas del orden... de los primates, por cuenta de la destrucción de sus bosques. La inquietante imagen evoca la ficción de Pierre Boulle, por cuenta de otra familia. Las pandillas de neodescamisados, intocables por motivaciones metempsicóticas, robando, abofeteando e induciendo al clavado suicida; la marginalidad pentadáctila insurrecta; todo eso da vértigo. No son tan chusmeros nuestros arborícolas del Magdalena Medio; allí el orden que manda es de otro tono. Más al norte las únicas marimondas que llaman la atención cantan goles o despiden la precuaresma. Respecto a los de la India, quién sabe qué medidas se les puedan ocurrir a los funcionarios. Uno de aquí, fijo les remite un oficio donde los invita a generar una cultura y a un montón de genéricos antecedidos de la muletilla "es un poco [insertar entelequia, opcionalmente en forma de verbo infinitivo]", como en las plantillas de los jueces de paz y de familia, el vecino les manda una misión y les regala unos bolos (pero, pensándolo bien, de pronto aturdiéndolos con whisky se los puede llevar a otro lado, si hay para dónde).
En fin, la vida empuja y sin modales. Chernóbil hoy es territorio salvaje con todo y su cadena trófica cargada de veneno radiactivo, los osos de anteojos se escabullen de cazadores y censos, en tierras más bajas, donde uno que es cuadriculado no imaginaría ver a un otavaleño vendiendo sacos y bufandas (pero por allá parchan, para esos ciudadanos del mundo no hay Chimichagua ni El Bagre que no pinte como mercado). En una de esas, la vida sigue.