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martes, abril 20, 2010

Pleamar

Las mareas son la manifestación visible de la atracción gravitacional de la luna hacia nuestro planeta, los fluidos confinados en grandes cuencas hacen variar ligeramente la posición de la línea de costa durante el día. Bogotá queda aproximadamente a 2600 metros sobre el nivel del mar y es el origen del sistema de coordenadas geográficas del país, con el punto x=1000000, y=1000000 en el Observatorio Astronómico Nacional (conspiradero de criollos cuando esa era la casa de Nariño). El eje z tiene su cero en la posición de la marea baja en Buenaventura. La marea es un fenómeno periódico, una sinusoidal con pocos chichones, va y viene todos los benditos días. Tal ha sido la selección de términos para referirse a la presente bonanza de preferencias que asiste a Antanas Mockus en el oráculo de las encuestas.
Una cosa buena de todo esto es que quienes hicieron del 80 u 85 por ciento de popularidad de Uribe un certificado de unanimidad en la sociedad aprendieron a leer las encuestas con un grano de sal en la lengua. Estas encuestas no reflejan ni de lejos los votos que ya tienen amarrados el partido liberal, cambio radical, el conservatismo y el polo. La misma mayoría de Santos podría estar referida a opinadores urbanos que no determinarán nada y los ingenieros sociales de Acción Social de la Presidencia lo entienden perfectamente. Sin embargo las intervenciones de Uribe y su mini me descalificando la vocación agresiva del filósofo gobernante dan a entender que la cadena de clientelas que alimentan teme ver frustradas sus expectativas financieras.
En la campaña a la alcaldía de Bogotá en 1994 todo comenzó honrando el sentido común. Era incuestionable que la alcaldía quedaría en manos de Julio César Sánchez, barón electoral del partido liberal, ex alcalde y dueño de varias clientelas poderosas en el distrito. Algún desocupado (si mal no recuerdo Gustavo Petro) sugirió en una emisora que iría por alguien como el rector que echaron por bajarse los pantalones y luego las encuestas hicieron lo suyo. El miembro de partidos tradicionales que no renunció ante el singular fenómeno, Enrique Peñalosa, garantizó un nombre político por esa misma situación.
La alcaldía de Mockus no fue ni de lejos grata a los gustos sindicales o a la intelectualidad de izquierda. Las empresas de Servicios Públicos conocieron el outsourcing. Dividió la EEEB y la descapitalizó, garantizando enormes recursos para que Peñalosa se ganara el cielo con obras. Persiguió la rumba y elevó los índices de seguridad, conformó la Guardia Metropolitana, grupo antimotines precursor del ESMAD, explícitamente declarando que su color negro debería indicar represión a quien lo viera. Ninguneó a los profesionales criollos trayendo a ICA a arreglar carreteras y puso a unos balcánicos (ignorantes probados sobre la geomorfología y la neotectónica andinas) a diseñar la solución a lo del Tunjuelo (Cantarrana). Su gurú de la seguridad fue Hugo Acero, derechista obtuso convencido de que el sindicalismo es la manifestación del terrorismo destinada a acabar con las empresas (generalización muy popular entre ciertos empresarios agrícolas paisa sabaneros dados a descuartizar negros en el noroccidente del país, pero no muy afín a lo que piensan muchos analistas de organizaciones productivas en el mundo capitalista). Antes de Mockus y Peñalosa solo algunos izquierdistas de bufanda y concierto de Inti Illimani en el teatro Colsubsidio cuestionaban ciertos cerramientos urbanos a espacios públicos, por lo cual eran calificados como enemigos de la seguridad y la propiedad privada. Ahora no hay cultor de la libre empresa que defienda tanta reja.
No voy a negar que siento cierta simpatía por Mockus, digamos empatía. Para mí fue un contradictor en la Universidad y es parte de un conjunto de personas que moldearon mi visión del mundo por la vía de la contradicción, junto con colaboradores de él como los difuntos Fabio Chaparro y José Granés y otros que por seguir vivos no les voy a lambonear. Nunca me pareció eso de que le dieran cinco millones de pesos por una jornada de trabajo a la señora que ponía las 'vacunas contra la violencia', pero reconozco que la Ley Zanahoria, que tanto resentí, cumplió con la reducción de homicidios. Celebré que públicamente tomó distancia de varias de las sangronadas que enorgullecen al gobierno que termina (secuestrar a un tipo en otro país para arrestarlo o todas las barbaridades alrededor de la Operación Fénix), aun con su singular matiz acerca de los de los informantes pagos. Ahora que todos los candidatos temen objetar el sagrado misterio de la Seguridad Democrática, ciertas actitudes específicas de Mockus permiten ahondar en una de las fragilidades de ese fetiche.
De antes se sabía que la proporción entre muertes violentas ligadas al conflicto armado (rebautizado por Uribe "amenaza terrorista") era harto pequeña. Las tendencias siguen indicando que el pico de homicidios en Colombia ocurre el Día de la Madre y en las fiestas de fin de año (entre tragos, entre allegados). Ya en lo otro se ha visto muchas veces a dos personajes idénticos con diferente brazalete tirar a matarse no porque Marx o Hayek hayan dicho tal cosa o alebrestados tras leer un artículo del IEPRI, sino porque los otros son unos hijueputas y hay que fumigarlos. Lo de las fiestas ratifica que aquí nos odiamos a nosotros mismos y el parecido quiere aniquilar al parecido. También se mata pa justificar el sueldo o para mantener la autoridad emanada del terror. Pero también se ha evidenciado que los millones de dólares del plan Colombia y otros ajustes internos del presupuesto fortalecieron unas fuerzas armadas capaces de diezmar a dos compañías guerrilleras que se toman la vía Bogotá - Medellín (uniformadas y claramente identificables por sus armas largas), pero inoperantes para corretear a la típica banda de tres locos con revólveres que atraca unos furgones cerca a cualquiera de estas dos ciudades. O que la costosa red de informantes pagos parece más una fe misionera centrada en vigilar un enemigo ideológico y no una conducta ciudadana que reconoce responsabilidades y límites. El desastre de seguridad ciudadana en las grandes ciudades evoca la paradoja que también vive Venezuela (con jets y tanques de última generación pero sus calles cundidas de atracadores asesinos).
A mí me gustaría mucho que el botín presidencial no quedara en manos de la camarilla que se apoltronó estos ocho años, en particular pienso que un sujeto como Juan Manuel Santos representa fielmente un conjunto de conductas que le han hecho mucho daño a este país, como recurrir a la calumnia en los debates políticos (el señalamiento contra Pardo hace cuatro años) o la permanente mentira (negó los falsos positivos por meses, como el uso de insignias de la Cruz Roja en el Jaque y durante las primeras horas posteriores a la muerte de Reyes afirmó que el operativo fue respuesta a un ametrallamiento desde tierra y que hablaron previamente con Correa). Actualmente algunos analistas conspiranoicos tratan de ver en el fenómeno Mockus las manos de oscuras fuerzas, lo cual no es raro en una cultura política que hizo de las FARC la excusa para pegarle a la mujer, para evadir impuestos, esconder unos kilos al vecino finquero del Meta mientras un allanamiento, conducir borracho hacia Melgar y otras tantas idiosincracias compatibles con el credo salvador de la Seguridad Democrática (y Uribe, su profeta). Me parece que Mockus es una alternativa razonable así no tenga las credenciales de zorro de la política (tampoco es una dulce pelota y sé muy bien de cuánto es capaz), más si sabe deslindar de las malas prácticas que se consagraron en los gobiernos precedentes. Tocar la conciencia reflexiva del votante colombiano bien vale la pena como programa. Pero todavía no me decido.

miércoles, diciembre 30, 2009

veinte años

Hace veinte años estaba por irse un año fatuo, para mi balance medio maldito, trasunto de la mustia década que clausuraba. Lo recuerdo soleado, de amaneceres gélidos, un solo gran fastidio aderezado por unas cuantas jaquecas.
1989 fue el año del bicentenario del asalto a la Bastilla y en mi clase de francés en el colegio nos tuvieron todo el año con una cartilla futurista que predecía para tiempos ya vividos y muertos la prevalencia de hogares domotizados y materiales edénicos, como aquel que haría del bizcocho del inodoro una entidad "tibia y blanda" (sic). Fue el año de 'amar' y vivir,' cuando nadie se hubiera imaginado que 'el soldadito' (Luís Eduardo Motoa) reencarnaría como el inmortal estomatólogo distribuidor de yogures orgánicos. Las series policíacas gringas que uno seguía en esa época las grababan en Canadá y siempre había en una cartelera un perro con gabardina, fusilado sin recato por los publicistas de las campañas de seguridad del alcalde del 'diciendo y haciendo', cuya iniciativa estrella fue poner a los policías a grabarles el número de la cédula a los electrodomésticos.
El año de la caída del muro y el comienzo del fin de la guerra fría fue especialmente grotesco en nuestro tibio conflicto. Ese año comenzó con la masacre de la Rochela, hecho que precipitó la declaración de ilegalidad de las mismas autodefensas condecoradas en público por Belisario Betancur. Las FARC condenaron a muerte a Braulio Herrera, quien alcanzó a salir pitado. El epílogo de la guerra verde era el homicidio de Gilberto Molina en medio de una masacre. José Antequera fue acribillado en el aeropuerto en lo que quedó para la historia como el atentado a Ernesto Samper. Un comando urbano universitario del EPL tuvo la brillante idea de asaltar un municipio de la sabana de Bogotá, siendo rápidamente copado por la policía, quedando la curiosa estampa de los últimos guerrilleros evacuados por helicóptero de una loma con una soga que les rodeaba el cuello (y con las manos atadas); la plata robada a la Caja Agraria no apareció. Max Morales anunció en Puerto Boyacá su MORENA y este sordo país desoyó su propuesta (porque la metralleta es tartamuda, decían). Manuel Jaime Guerrero Paz exhibió una noche en televisión un arsenal considerado entonces exótico y no le quedaba duda de que era de las FARC, pese a que ya entonces el bloque de autodefensores y extraditables mostraba una organización bélica más uniformada y regular. Bomba a El Espectador, al avión de Avianca, a la ruta de Maza Márquez en la séptima, al DAS, Valdemar Franklin Quintero, Luís Carlos Galán, Jorge Enrique Pulido, Álvaro Ortega,... Y el ELN fue quebrando al Obispo de Arauca como esperando aplauso por ello.
Y sí, las noticias positivas, la copa libertadores para que luego Higuita cuadrara una barrera en Tokio sin alinearse con el palo (porque pa fanfarrones nosotros) y la orgásmica clasificación con repechaje, cuando el Palomo Usuriaga (QEPD) bien podría haber sido 'el presidente que Colombia necesita'. Pero no, qué mal año, su banda sonora es lamentable. Pablito Ruiz con su chica ideal, el dance y sus jadeos preshakirianos, Prince eructando el tema de Batman, Milli Vanilli, Technotronic, La Negra Tomasa de los despeinados, "a mover la colita", además de la ristra de petardos que la emisora de Jorge Barón en AM (especializada en 'rock en tu idioma') propició mercadear en nuestro medio. Pa pior, fue el comienzo de una nueva oleada de estrellas del acné y los dientes grandotes: Debbie Gibson y Eunuquis on the block (se alistaba Magneto).
Se murió el crítico literario más delicado de la historia y las fuerzas ultramarinas de Estados Unidos, tras su fogueo con Granada, volvieron mierda media Ciudad de Panamá para agarrar a un pelele que los retaba desde una tarima con un machete, en tanto Ceaucescu perdió el año.
Y lo que venía después...

sábado, septiembre 20, 2008

jueves, julio 24, 2008

El séptimo

Lo he confesado antes: nunca fui cinero. Como las de muchos, mis primeras experiencias de 16 mm fueron algo así como Bambi en el jardín infantil. Bueno, la cosa sí que fue impactante entonces. Sé que vi en algún teatro del centro "El Chanfle", cuando salió. Cuando comencé la primaria, estrenando también el centro comunitario de mi honrosa atalaya suroriental, pasé por todos los lugarcomunes de escuela del Distrito (concentraciones escolares, las llamaban entonces). Mary Poppins, Cupido Motorizado y todo un rosario de joyas mexicanas de lucha libre, rancheras y hasta un drácula western. Para entonces la colección de clásicos para mi memoria la trajo la televisión. En esos tiempos previos a Emiliani Román, la programación de los festivos aun no estaba llena de dramas personales de niño con la enfermedad de uno en un trillón, ni intrincados divorcios, ni otras producciones de sociedades bíblicas. Además de historias de hippies, la semana santa siempre tenía clásicos sesenteros sobre la segunda guerra mundial: "Los Doce del Patíbulo", "Donde las Águilas se atreven",... Aun las de hippies tenían su criterio pues fue para ese tipo de fechas cuando vi a Kirk Douglas hacer de Espartaco (primero le crecerá pelo de nuevo a Jotamario Valencia antes de que un canal comercial colombiano vuelva a poner algo de Kubrik).
Pero entonces no me llevaron mucho a cine y ciertos block busters llegaron a mí de oídas. Familiares saboteándose mutuamente por quién fue el primero en soltar la lágrima viendo "El Campeón" o poniéndose taquicárdicos al reproducir coreografías de los sucesos de Kung Fu que estuvieran a la orden del día. Ya residiendo en tierras bajas vi E.T. en el Azteca. Realmente fueron tan pocas mis idas a cine que si las enumero con paciencia las cito todas en un párrafo. Vi el clásico geek "Juegos de Guerra" en el Calipso (allí también una de miedo que no recuerdo cómo se llamaba), "Amadeus" con el providencial sonido del hoy tajado "Embajador",... Fue en mis tiempos del Camilo, cuando supe por primera vez del mundillo cineclubero, de ese que buscaba su lugar como por la 72 y en algunos más centrales pero siempre en la 13. Será porque los espécimenes que me tocaron me caían gordos, ya no sé por qué, pero ciertos títulos como "Betty Blue", "La Historia de O" y "Rattle and Hum" recrean en los habitáculos de mi personalidad más huraña un momento y una atmósfera cargados de cardamomo, palosanto, hipoglicemia, granola, sílabas alargadas, pielroja y otros que ya deben hacer parte de uno de esos kits retro que se consiguen por ahí.
Bueno, la verdad fue en la Universidad donde me desatrasé como pude en ciertos items básicos, aprovechando las entradas libres o subsidiadas. D.W Griffith, Orson Welles, Hitchcock, un poco de italianos, Glauber Rocha, Fassbinder, Buñuel y otros tantos. Pero mi falta de devoción por esos templos hizo que no me rindiera gran cosa. Por cosas de las leyes de la física, por andar en movimientos de tipo browniano, terminé interactuando con uno que otro de esos singulares espacios llamados cineforos y videoforos, de esos que parten su cartel por categorías cargadas de simplismos y preconcepciones. Cada proyección antecedida por un cuento y seguida por una invitación de esas de "quédense al foro y aporten".
Ciclo Educación y Sociedad
"La Sociedad de los Poetas Muertos"
"Mentes Peligrosas"
"Duro Aprendizaje"
"The Wall"
"Historia Americana X"
Si de historias con alumnos y maestros se trata, igual están "Mazurca en la cama", "La Venganza de los Nerds" o la inmortal saga de "Schulmädchen-Report"; también heterogéneas, también irreductibles a la agenda pastoral.
A propósito de pastoral, padecí en mi último año de colegio una de esas escenas, enmarcada en una campaña de la arquidiócesis de Bogotá para que los adolescentes no escucharan rock con mensajes pecaminosos, cuando un par de ingenuos consumidores del difunto "uso público de la razón" quisimos reproducir los argumentos de una memorable columna de Eduardo Arias en El Espectador al respecto, ya que después del documental se nos compelió a rebuznar nuestras opiniones. El tratamiento recibido nos dejó con ganas de un criminal sabotaje al concierto de rock en cristiano que nos programó la curia entonces, con el conjunto del minuto de Dios (los covers de ciertos episodios mainstream, pero clásicos ochenteros, les salieron como bien interpretados; pero eran los tiempos de la agüita amarilla y no de la agüita bendita). En fin, yo creo que aun el cine que se fraguó como herramienta propagandera admite las azarozas consecuencias de su contacto con la singularidad de su víctima, la exégesis sin cartilla.
Envejecida la década pasada casi odié el cine, o ciertas posturas cineras. La pasada a examen de cierto círculo de amistades. Fue particularmente irritante la secuencia de la dichosa trilogía de los colores. Tres semanas seguidas, mismo sitio, mismas compañías y mismo amigo mochilento con la misma expresión extática: "mariiica, azul", "mariiica, blanco", "mariiica, rojo". Mis bajos niveles de consumo cinero terminaron por volverse prioridad, como cuando amablemente les recomiendan a algunas amigas alguna rutina para contener su talle en expansión, como cuando se meten con los pelos de uno como moneda para la aceptación. Aunque les advertí que aun me estaba desatrasando y que iba en el Prinzen Achmed, me programaron una de esas inducciones forzadas con algo que había en el momento. A alguno le habían dicho que "El Cartero" era buena y programamos subida al Perrata Pasteur, lugar con las coordenadas apenas para impactar mis ojos. Mi enciclopédico y resabiado cerebro entró evocando el título de un drama erótico romántico protoochentero protagonizado por uno que fue Joker. Pero qué agüepanela con sirope y masmelos para pasar una melcocha. Una de mis redentoras la encontró lacrimógena, para mí fue diurética. Mientras daba codo para coronar un orinal, mi Floganz interior me recriminaba: "macho que solo siente pog la punta de su sexo".
Una semana después me dio como cargo de conciencia haber hecho de estomatólogo ecuestre y decidí darle una oportunidad al celuloide. Un afiche vendía alguna otra especie con la prometedora frase: "una película para volver a creer en el cine" y mi piadoso bolsillo aceptó el arrepentimiento del fenómeno. Se trataba de una telenovela oriental, enmarcada en los cincuentas en el Annam francófono. Tal vez fue mi época sensualista de espectador porque las imágenes, los colores, el ventilador de techo superlento, las camisas blancas vaporosas de los protagonistas y el coro de grillos y otros bichos me transmitieron un mensaje cierto: Chimichagua, medio día, quiero una Kola Román. La protagonista, la de adentro mantequeando casi toda la historia y cuotidianamente mojandose los cachetes y nada más, salvo un poco al final de la historia cuando por fin el preciado líquido visita su sobaco; desde mi punto de vista gesto determinante para conseguir el favor de su galán, ya no solo su patrón. Lo más tenaz fue el remate abrupto del film, con encendida súbita de las luces que pusieron en evidencia a un público cuya impostura no había preparado una expresión astuta para semejante sorpresa.
De ese tiempo hasta ahora, me he conectado un poco más con el acontecer de ese arte, pero no consigo estar tan al día. Soy también una de esas creaturas post apocalípticas cuya principal fuente de erudición al respecto viene de la pantalla chica. Hoy muchos temas me salen de conteos de E entertainment, VH1, National Geographic y MGM. Con todo, sé gozar ese asunto, por donde más lo siento. Puede ser por los ojos o los oídos, puede ser por el diafragma o por el detector de ironía. Creo que a pesar de todo me sigue seduciendo vivir una experiencia estética, alguna referencia existencial, algo especial. Tal vez por ello me desconcierta tanto la manía de cierto cineclub inveterado, de publicitar algunos clásicos con cuadros explícitos extremos, faltándoles nada más incluir algo como "culeo al cien", con tal de llenar un recinto y unos bolsillos.

viernes, abril 18, 2008

EUM

Hoy se cumplen diez años del asesinato de Eduardo Umaña Mendoza. El abogado con la sombra a cuestas de un padre que lo rajó en una materia en la Universidad y metido en los pleitos más atrevidos. Menos de tres lustros después de que su progenitor fuera el defensor de los acusados en el "juicio del siglo" a él le tocó el mismo papel en otro "juicio del siglo". Litigante de esos con personalidad propia e irritante para sus contrincantes, tumbó el cargo de rebelión contra unos dominicanos capturados tras visitar a ciertos camaradas en el Tolima, argumentando que por no ser nacionales no podían ser considerados rebeldes contra este Estado. Político muy definido en sus causas y su proceder (por lo mismo jamás autómata idiota de lineamientos militantes "orientados" por responsable alguno), no se guardó sus opiniones frente a reos de uno u otro parche y valoró como ninguno la urgencia de lograr la libertad, antes que promover una defensa torpe que inflara estadísticas acerca de la maldad represora del enemigo.
Tras años de ardua lid en casos particulares, triunfó en su gran batalla contra la justicia sin rostro. Para sus últimos días conseguía la exhumación de los enterrados en fosa común del Palacio de Justicia y avanzaba en la búsqueda de la desclasificación de documentos norteamericanos sobre el asesinato de Gaitán. Esas últimas semanas, con líos para pagarse un tiquete aéreo para atender un caso, con su rapidez mental y su profunda inclinación por la ironía, comentó que se había sometido al dolor de la operación de las cordales aun sabiendo que lo iban a matar. En una entrevista que le hiceron unos del medio sindical, respondió a la clásica pregunta de por qué le buscaba males al cuerpo: "en este país si a uno no lo matan por algo terminan matándolo por nada", frase mal transcrita en versión estúpida por más de una secta. Y sí, aquí lo exótico es el móvil solemne.
Esa tarde me llegó el dato de que volvían a convertir el León en sala de velación. Fue uno de tantos reencuentros intergeneracionales. En el auditorio de Derecho, una gente hablaba de conformar un frente amplio y rodaban planes y recuerdos. El día del zepelio fue una experiencia de otro mundo deambular entre tantos y tan disímiles mientras la añeja y extensa prosa del padre desarrollaba su visión de esa materia muerta a descomponer y transformar, en un giro místico - materialista de antología. Luego lo que todo el mundo recuerda y una última precisión: "pórtense bien". Salimos en séquito fúnebre por la 53 para tomar la 30 hacia el norte. Más o menos frente al ICN voló el primer panorámico de una camioneta de la policía de tránsito. Frente a Ingeominas los que no hicimos caso de la última conminación volteamos hacia el sur y esperamos lo que tenía que darse. Sienes canosas, tropeleros de antaño ordeñando su propio carro, todo un happening intemporal. Tras juntarse todo ese cónclave en una sola portería, un sobrevuelo del gosque del aire anticipó asalto y así se dio, por un largo rato, hasta que la válvula se reventó y el grueso del pelotón abandonó a su escuadra más regalada y desprovista de munición. Precisamente el artillero homicida tuvo que abandonar su arma malla adentro para prenderse del alámbre de púa y estrellarse contra la acera, presa del terror y borrada su sonrisa de cuando hace blanco en ojos o partes vitales.
Esa tarde un avión se estrelló contra los cerros y en un noticiero de la noche Hollman Morris cerró su nota leyendo una pinta con la manida consigna centroamericana (yo la llamo la del libro gordo de Petete): "Mi voz la que está gritando... ". Al lado tenía una de esas clichesudas también de "Eduardo Umaña presente", solo que él las mezcló y terminó como si la consigna fuera autoría de Eduardo Umaña (y pa completar, no Mendoza sino Luna). Meses después la Universidad de la Sabana usaría imágenes del intercambio de opiniones en la 45 en un comercial televisado, con un texto que decía algo como "decida el destino de sus impuestos" o algo así (lo retiraron como resultado de una acción judicial). Un tiempo después la banda "La Terraza", disidencia prontamente aplastada del sector paramilitar de Carlos Castaño, afirmó tener pruebas sobre sus autoría material del homicidio y sobre los personajes que encargaron la vuelta...
A propósito de ese momento de la memoria, un mes después fue la matanza de Barrancabermeja, esta mañana evocada en varios noticieros. Fue la presentación en sociedad de la facción paramilitar de 'Camilo Morantes', quien menos de un año después moriría a manos de tropas de Castaño y con sus huestes acosadas por la brigada local. Sobre ese ajusticiamiento el líder de las Auc refirió que lo mando matar "porque era muy asesino" (¡a esa escala, válgame!).

jueves, abril 10, 2008

Y esa es la historia

Pienso que Natalia París es una mujer mucho más pilosa y aterrizada que lo que el cliché sugiere. Ella es una Jane Mansfield de aquí y de ahora y no encaja con su papel que responda acertadamente a preguntas como: ¿cuál es el error debido a truncar una serie de Maclaurin en el n-ésimo término? Por eso resulta también ingenuo esperar que en una realización de Caracol Televisión, en asocio con The History Chanel, venga llena de aciertos o lecturas sesudas, o cuando menos coherentemente fabuladas. Eso sería pedirle peras a una talofita. Pero por motivos puramente estéticos me permito cuestionar el esperpento de anoche.
La cosa comienza citando por triplicado que se llevaba a cabo la conferencia panamericana y que nadie se imaginaba que el siglo XX se iba a partir. Bueno, no la cosa, la narradora es ni más ni menos María Cecilia Botero, desertora de antropología de la de Antioquia, galana de múltiples telenovelas desde los deplorables años setenta, la Sándalo Daza de una protagonizada por Pacheco, heredera de la academia Charlot, presentadora del nefando talk show "María C contigo" y - por sobre todo y que no falte en su epitafio - Peter Pan de revista del teatro Colsubsidio. Su quebradiza y mustia voz constituye el bajo continuo de esta producción. Sumado a su bajeza, un enssamble de actorzuelos imposta sus voces para llenar los faltantes del archivo fonográfico: "mataron al doctor Gaitán" "eh, razones poderosas señor".
Mediante una animación computarizada, se reconstruyen las posibles ubicaciones del origen de los tiros que impactaron al caudillo (¿existe duda acerca de que fue a plomo que lo mataron?), asumiendo como ubicación de los hechos el sitio donde están las placas junto a la Jiménez. Entran en escena dos clones de George Clooney, de impecable dicción y léxico preciso para aportar su pericia forense. Con un apuntador láser de conferencia, recorren el saco del occiso (puesto a un maniquí dentro de una vitrina) y sacan un flexómetro y lo pegan al vidrio. Luego concluyen basándose en lo que leyeron del informe de la época. Escenas sueltas de la refriega, pasajes de audio, declaraciones de viejitos, especulaciones sobre si se debió invitar a Gaitán a la conferencia (de pronto lo sacaban del rango de tiro de sus verdugos o lo compraban con un refrigerio o una carpeta bonita).
El pasaje biográfico fue como lo menos truculento, y luego vino la pomposa conclusión. En primer lugar, la muerte de Gaitán provocó la violencia y de ahí las guerrillas del llano que se convirtieron en las Farc y luego aparecieron en Colombia la corrupción y el narcotráfico y luego, como respuesta a los abusos de la guerrilla, se crearon las autodefensas y todo esto se llenó de males causados por parte y parte. Luego, el desenlace counterfactual: ¿Qué hubiera pasado si no hubieran matado al hombre que ofrecía la restauración moral de la Nación y todas esas cosas? Voilà, por fortuna la sociedad está empezando a despertar y a través de manifestaciones masivas está rechazando las acciones de los violentos, vinieren de donde vinieren y la luz al final del túnel y todo (si en la agenda no estuviera el 4F sino las eliminatorias al mundial, al menos hubieran sacado cierto ingenio para las asociaciones forzadas).
Globalmente y pasando por alto el contenido de interés académico, la edición fue pésima y el ritmo azaroso y desestimulante. El casting resultó impertinente (más hubieran hecho William Vinasco o Hernán Orjuela) y la generalidad de la experiencia fue lastimera. Necesito perucable, pronto.

viernes, marzo 07, 2008

viernes, febrero 22, 2008

Los 50

Mi primer encuentro con la Biblioteca Luis Ángel Arango fue en los tempranos ochenta. Mi papá nos llevó a mi hermano mayor y a mí a conocer el centro de Bogotá con relato incluido. Supimos esa noche de las anécdotas obligadas del paso entre Veracruz y La Tercera, de la Catedral Primada, la ubicación real del sitio donde mataron a Gaitán y otras tantas. La sala principal de lectura era sobrecogedora, serísima, cautivante. Cuando estudié en el Camilo Torres, trasegué mucho el centro y gravité con regularidad hacia la Biblioteca Nacional y la misma Luis Ángel. El último año de mi bachillerato, sin embargo, viví la sequía (luego también padecería la de la huelga de Bavaria en el 92).
En 1989 la Luis Ángel cerró para reestructurarse y remodelarse. Miles y miles de universitarios y alumnos de colegio vivimos esas interminables colas por la 24 arriba y volteando hacia el norte por la esquina para consultar algún texto añejo en la Biblioteca Nacional. Luego la misma Luis Ángel abrió servicio de hemeroteca y de la sala de referencia en el edificio de al frente, donde hoy queda el museo de Botero, y buena parte de las tareas tuvo que ser bandeada a punta de diccionarios enciclopédicos y artículos de revistas quién sabe qué tan pertinentes. En medio de la contingencia y ya universitario, llegué a conocer la Biblioteca del Restrepo, uno de esos misterios bien escondidos de la Bogotá de entonces. Pero la adicción lo llevaba a uno de vuelta por allá, así fuera a leer periódicos viejos.
Finalizando el A mediados del 90, caminaba un día por La Candelaria, siguiendo una rutina mía sin propósitos definidos y busqué la carrera cuarta para dar la vuelta en la clásica esquina de la once. Cuando llegué allí, se me atravesaron unos guardaespaldas y unos soldados y pronto frenó un carro del cual se bajó un señor y mi suspicacia política me insinuó que no era Eduardo Mestre Sarmiento, sino el mismísimo Virgilio Barco Vargas. Me fui detrás de la comitiva como un fantasma y le pregunté al celador qué pasaba, que si era cierto lo que mi ilusión colegía. Con la indiferencia de quien relata que Aristizábal malogró un gol o cualquier otra perogrullada, me dijo que "sí, que mañana dejan entrar". Esas jornadas fueron gozosas, ya eran vacaciones escolares y por momentos llegué a sentirme como el tipo del cuento al que se le rompen las gafas, pero yo tadavía no las usaba y sí podía descargar mi lujuria bibliófila contra decenas de volúmenes igualmente enveranados. Los siguientes meses vino un recorrido desordenado, totalmente carente de método, de los anaqueles donde por un tiempo se permitió acceder a la colección de periódicos de mayor circulación empastados, más o menos de 1970 o 1971, hasta principios de los 80.
Cada noche que me metía por allá buscaba noticias que me inquietaban de eso que llamaban la historia reciente, descubría personajes y buscaba luego quién me contara sobre ellos. Leí montones de las columnas de KLIM que no aparecían en los libros que las seleccionaban. Busqué recuerdos puntuales de infancia, como una vez que fue noticia una bandada de garzas blancas y la foto de Turbay con quepis en una parada (Osuna la registró muy bien). Luego los retirarían del acceso directo del público por cuenta del vandalismo censor y después ni los prestaban, sino que tocaba buscar recortes temáticos o mirarlos en microfilm, cosa que me marea en pocos minutos.
Luego dejé de ir cuando se volvió la congestión permanente. Una de las bibliotecas más visitadas del mundo, decían, no por su inmensos colección y prestigio, sino por la ausencia de redes de bibliotecas con cobertura aceptable. También conocí, desde luego, los pasos que se dieron para afrontar ese fenómeno y cómo se ha llegado a la situación de hoy.
Aunque mi relación con la BLAA perdió sensualidad desde que solo voy a recoger los libros que saco como socio y de vez en cuando a una exposición, son muchas las vivencias que se me alborotan en la memoria cuando pienso en este, su aniversario número 50. Un emotivo, cursi y sincero brindis por ese cumpleaños.

sábado, noviembre 24, 2007

¡Ah, caray, no sabía!

Hace unos años leí un inquietante relato de Alfredo Iriarte sobre una aristocrática cachaca venida a menos. La cosa terminaba en barrio con la misma descripción de Chapinero. La historia de los barrios con casonas, de familias prestantes y chirriadas, transfigurados en entornos menos pomposos, me ha inquietado de tiempo atrás. Alguna vez pernocté en uno de los rincones más sórdidos del Santafé, cerca a la 19 con Caracas, en un lugar que parecía el fuerte en territorio apache. En medio de un entorno de esos que invitan a entrar con algún objeto contundente disponible entre el bolsillo se erguía, digno, un edificio sin asomo de descuido y - ya conocido por dentro - provisto de una arquitectura muy agradable, de hecho no olía a vetusto. Por supuesto la decadencia era patente, las que no habían sido demolidas o reacondicionadas con fines 'residenciales", decaían en su abandono. El cuadro de la de León de Greiff, por ejemplo, resulta inolvidable para quienes caminamos zonas así en cierta época.
La peregrinación hacia el norte, la decadencia económica de quienes se quedaron, y la causas que sean, se fueron tragando los barrios desde el centro. Teusaquillo ha sido por mucho tiempo el híbrido de sus distintas vidas. Familias de antes todavía instaladas, funerarias, abortaderos, ONGs, sedes de campañas políticas, el parque de la 34 (sede alterna de las peleas de a la salida nos vemos del Camilo, cuando sapeaban y el prefecto de disciplina se parqueaba en el Parque Nacional) la nueva moda de la remodelación 'loft', las oscuras sedes de la Dimayor y la Difútbol, la sucursal del Señor de los Milagros el fallecido Cream Helado, el parque de los sardineles onduladitos, la Academia de Ciencias Exactas, sociedades ocultas, las cinco esquinas de Tekcien, ya me metí en La Soledad,...


Ver mapa más grande

(tarea: ¿quién es el man de la estatua?)
Hoy comentan en El Tiempo que la localidad de Teusaquillo tiene una notable presencia de pobres vergonzantes. En años recientes el movimiento de finca raíz sugería desvalorización de predios. En algunos casos se notaba la influencia de los albergues de reinsertados ("mira, es que hay cuadras por las que no puede pasar una niña de colegio"). En fin, desconcertante, ala.

jueves, noviembre 08, 2007

Apología

En la página de la presidencia publican este comunicado:

Comunicado

1. El Gobierno Nacional rechaza las afirmaciones del Presidente de la Corte Suprema de Justicia contra las Fuerzas Militares de Colombia.

2. Es falso que el ataque terrorista del M-19 y de sus socios del narcotráfico al Palacio de Justicia, en 1985, sea comparable, ética y jurídicamente, con el esfuerzo de los militares por defender y liberar a los rehenes. Los primeros cometían un crimen de lesa humanidad; los oficiales y soldados cumplían con sus obligaciones constitucionales y legales.

3. Describir la acción de las Fuerzas Armadas en defensa de la institucionalidad como ilegal y violatoria de derechos fundamentales, es herir la dignidad de todo el Estado colombiano.

4. El Gobierno aconseja la mayor prudencia para que se evite el prejuzgamiento y la estigmatización colectiva de todos los participantes en una acción institucional para restablecer el orden, sin perjuicio de que se persiga individualmente a los autores de acciones irregulares o ilegales.

Bogotá, noviembre 7 de 2007


Lo firma Carlos Holguín Sardi, Ministro del Interior y de Justicia.

Hace dos noches se transmitió en el canal institucional el video que acompañó la presentación del informe final de la llamada comisión de la verdad acerca de los hechos del Palacio de Justicia en 1985. Algunos comentaristas de las noticias asociadas a este informe en espacios como eltiempo.com recurrieron a viejas expresiones de igual tono, calificando de refrito, retaliación, ultraje contra la dignidad institucional y otras frases semejantes.

Cuando pasó lo del Palacio yo tenía once años. No era un adulto inconsciente pero tampoco un niño despistado, veía noticieros y hacía preguntas, leía prensa y comenzaba a ampliar mi visión del mundo más allá de la familia y el sistema escolar. Difícilmente quedará por fuera de ese cuadro que me pintaba entonces la imagen del oficial de caballería dando a entender que su fuego no contemplaba la protección de los rehenes y que era tan intenso porque también le disparaban y él se sentía amenazado por ello dentro de su vehículo blindado. Debo reconocer que demoré un par de años más para concebir un cuadro más amplio en materia de responsabilidades, porque de alguna manera la antipatía contra la irremediable brutalidad de los de uniforme venía no solo de un ambiente ideológico de época sino de vivencias concretas, de batidas abusivas que presencié, de las rechiflas barriales y colegiales a 'las feas' (la PM),... Pero claro, el detonante práctico de ese espectáculo fue la delirante toma, realizada a pesar de estar quemada y tal cual como en el plan interceptado, preñada de suposiciones imbéciles acerca de la disposición de los contrarios y - ya no lo descarto - atada a propósitos nada solemnes.

A esta altura del tiempo y a mis ancho actual de cintura y extensión de mi frente, tengo muy claro lo que representa que la institucionalidad afronte por fin los vacíos dejados en un caso como este. Se trata de deudas de decencia y credibilidad. El comportamiento de los responsables de la recuperación del edificio fue un espectáculo público más desacralizador que el de ver al jurado de tesis en piyama, lo poquito que se vio fue impresentable y la legalidad no puede posar de tal si ni siquiera se pronuncia. Por supuesto mentes inmaduras pasan por las conclusiones del informe soslayando el hecho notorio de que atribuye la primera responsabilidad al M19 y las comentan como si no hubiera tal alusión. Por ahí derecho pasan por alto que desaparecer personas es un delito gravísimo.

El comunicado de Holguín va a otro nivel. Aunque contesta a declaraciones del Presidente de la Corte de Suprema de Justicia, sus juicios acerca del caso chocan con el esfuerzo de empresas como la comisión. Desde que Uribe fusionó el Ministerio del Interior y el de Justicia, confundiendo las funciones de apología del gobierno con temas jurídicos más delicados (aunque el escudero inequívocamente es José Obdulio), la seriedad debida al tema de la justicia sufrió muchísimo. El exgobernador de la 'tierra de las oportunidades' juega con temas que sobrepasan su probidad y su talento. Primero rechaza, actitud eminentemente política pero de poco tacto jurídico. Luego cantinflea: "Es falso que [...] sea comparable [...]"; a continuación compara. Carente de la capacidad de abstracción de su jefe induce que las afirmaciones sobre la acción específica de la retoma se refieren en general a la acción. Finalmente pasa por alto una de las más graves faltas que llevó esta situación a donde está: la persecución individual de los "autores de acciones irregulares o ilegales" fue inhibida desde el principio con la manipulación de la escena por fuera del control de jueces de instrucción, cuando la institucionalidad toda desatendió tareas específicas para dar con la suerte de los desaparecidos y para establecer causas y circunstancias ciertas de la muerte de rehenes y guerrilleros capturados vivos.

La jaez del comunicado, con acento al tipo de apología del delito, deja también el sabor de que es una de esas salidas de las cuales se puede bajar el titular de la presidencia a según avancen las consecuencias.

jueves, octubre 11, 2007

¡Santos Fallos!

Condenaron a Santofimio Botero. El dicho de Popeye ha prevalecido.

jueves, octubre 04, 2007

Evacua, rubia

Y los que saben más de arquitectura opinarán e ilustrarán al respecto. Yo, personalmente, destacaré de Salmona su monumento al frío (Archivo Nacional) y las escalinatas con la plaquita de "Propiedad Privada" por donde se pasa de la Macarena al Planetario, allí donde fui víctima de empellones sorpresa de 'amigos' del colegio, donde un cretino me lanzó a una fuente mi mochila con mi amado libro de geometría, donde no nos dejaron permanecer una noche de concierto a quienes teníamos escriturado el paradero de los del Camilo que esperábamos la 128A y donde alguna vez charlamos de nada con 'Cabro'. Bueno, y la sede del próximo UN Robot.

Hecho en el planeta Tierra

Alguien cercano a mí escuchaba recientemente los reclamos de los profesores de sociales de un colegio contra los programas de estímulo a la formación técnica. En algún espasmo de vehemencia terminaban reivindicando el 'humanismo', como el valor sacrificado en tales proyectos. Mi fuente les disparó una pregunta: "¿profesores, ustedes conocen algo más humanista que una lavadora?". Está visto que los moluscos no andan componiendo lieders, pero tampoco publican en Nature ni leen Popular Mechanics, ni escriben libros (de hecho un título que parece introducir las memorias de un cefalópodo lo hizo una de nuestra especie).
Ese cliché casi fascista que algunos han fabulado acerca de las ciencias 'exactas' (incluso la exactitud se la fetichizan), presentándolas como grises, planas, maléficas y yermas en materia de experiencias hedónicas o estéticas; pisotea con su torpeza miríadas de grandes y pequeños bellos gestos y momentos esenciales de nuestra experiencia humana.
Se celebra el aniversario 50 del Sputnik, el primer satélite artificial y uno de los grandes protagonistas de la fascinante aventura global del Año Geofísico Internacional, antecedente clave de lo que en una época se llamó la Revolución de las Ciencias de la Tierra, secuencia de sucesos después de la cual perdimos la inocencia acerca de la estabilidad del fondo oceánico y su contorno, se emprendieron los primeros esfuerzos exitosos por establecer correlaciones y causalidad entre los fenómenos de la tierra sólida, la líquida y la gaseosa y se hicieron ambiciosas aproximaciones al modelo de planeta en toda su escala, algo así como volver a descubrir su redondez y su tamaño a los ojos de la geología, la geofísica, la oceanografía y la meteorología.
Cartografiar el fondo del océano, explorar la composición de la atmósfera cada vez más alto, estallar grandes cargas para conocer mejor el subsuelo profundo, desarrollar redes sismológicas globales y otras tareas centrales del gran proyecto cambiaron la forma de pensar de mucha gente e impactaron la cultura y la economía.
Y sucesos como el del Sputnik generaron también acontecimientos cargados de estética y de magia:

La noche del Sputnik

Señor Director:

Qué emocionante la nota de Sergei, hijo de Nikita Kruschev (30-09-07). Es increíble que en Rusia no tuviera importancia el lanzamiento del primer satélite, mientras que aquí, en Usaquén, mi mamá nos levantó a medianoche para ver pasar el Sputnik. Yo tenía 5 años. La noche estaba clarísima; el cielo, estrellado, y el frío encartonaba la pijama y congelaba los pies. Esperamos un largo rato mirando hacia arriba. Yo tiritaba. Mi mamá decidió que saliéramos al potrero del frente para que los eucaliptos no taparan la visibilidad. Esperamos y esperamos temblando entre el húmedo pastizal a que pasara el satélite iluminado, pero salió la luna y aclaró la noche.

"Con tanta claridad no lo vamos a poder ver", nos explicó mamá. "Pero los rusos van a pintar la luna de rojo. No toda, claro, pero sí un pedazo para mostrar que ellos llegaron antes que los gringos", dijo mientras nos besaba y nos daba las buenas noches. Esa noche no pude dormir pensando en ese 'esputnic' que le daba vueltas a la Tierra, redondo y con antenas como chuzos, igual al erizo que habíamos visto en la playa de Cartagena.

Alexandra Samper

sábado, septiembre 29, 2007

Monseñor

Publica hoy El Tiempo, en sus 'Lecturas de Fin de Semana', una breve evocación de Monseñor Salcedo y presenta la experiencia de Radio Sutatenza como inspiración para el formidable encomio del OLPC. Me puse sentimental.

domingo, septiembre 02, 2007

Las secuelas del sismo

En la sección de humor de El Tiempo de hoy publicaron unas fotos de huecos de la ciudad a manera de charada del sismo que no ocurrió. De inmediato recordé un penoso incidente de los tempranos años noventa. El 18 de octubre de 1992 ocurrió el sismo de Murindó, causante de numerosos desastres en el Chocó. La periodistada de la jornada fue sin duda la de Juan Gossaín. En el volcán de lodo de Cacahual, en Urabá, el evento propició una salida rápida de material, incluidas burbujas de hidrocarburo, causando quemaduras a varios bañistas. El inefable comunicador habló de lava. En medios universitarios militantes el chiste era que eso tenía que ver con una consigna que decía: "mover cielo y tierra para defender la vida del presidente Gonzalo".
Resulta que durante los siguientes días unos vivos de la sección encargada de construcciones escolares de la Secretaría de Educación de Bogotá, decidieron aprovechar que el sismo se sintió por estos lados para atribuirle tejas rotas, grietas con pasto, paredes derrumbadas y otros signos de incompetencia profesional de sus funcionarios en edificaciones de escuelas, varias de ellas con menos de cuatro años de haber sido construidas. La selectividad del siniestro para afectar preciso escuelitas y nada más, daría para que el sin oficio del Bessel hubiera tenido que pedir unos tres siglos más de chance para encontrar semejantes modos tan exóticos de vibración. Los cimientos mal calculados, los inexistentes estudios geotécnicos, la negligencia para atender las quejas por deterioro; todo esto pasó súbitamente a ser culpa de un evento posterior. Antes no les prendieron candela a los colegios. Por supuesto la prensa apoyó la farsa y las soluciones se siguieron postergando. Yo estuve encima de los corresponsales que fueron a fotografiar una de las escuelas "damnificadas", quienes más atención hubieran puesto a un mosquito; las fotos se publicaron con el rollo prefabricado. Hoy lo recordé.

domingo, agosto 26, 2007

Alberto Alava

Esta semana que pasó se cumplieron veinticinco años del asesinato del abogado nariñense y profesor de la Universidad Nacional, Alberto Alava Montenegro. Los sicarios que lo acribillaron en frente de su hogar, junto al campus, se presentaron como el MAS (Muerte a Secuestradores) y se refirieron a su víctima como "abogado de secuestradores". Se trataba de una de las primeras incursiones públicas del aparato paraestatal cuyo nacimiento oficial se asocia con la reacción de los narcos antioqueños al secuestro de Nieves Ochoa, hermana de los líderes de uno de los clanes más importantes del Cártel de Medellín. Alava llevaba entonces uno de los casos malditos de la tradición de los Derechos Humanos en Colombia, la desaparición forzada del llamado "Colectivo del 82", una célula armada, con importante participación estudiantil, que perpetró el monstruoso secuestro y homicidio de los hijos del narcotraficante Jader Álvarez, primer colombiano que - después de pagar condena por ese delito en Estados Unidos, producto de una extradición - retornó al país; donde el tema de la desaparición lo volvió a llamar a los juzgados y las habilidosas malas artes de su abogado defensor recrearon la impunidad del caso.
Alberto Alava fue un profesor emblemático de una época de la Universidad. Era el intelectual contestatario cuyas clases convocaban inmensa concurrencia, con cierto aire de solemnidad, como para entrar sin calzado los que llegaban tarde, pues el ruido no era bienvenido. Alava rondaba el margen izquierdo del espectro ideológico en su práctica como abogado y en sus posturas académicas. Era un radical y un provocador, a quien causaban urticaria la cartilla y la consigna simplista; no ahorraba vehemencia para apabullar a los cultores de la mediocridad y del nihilismo-excusa. Hoy, cuando los practicantes del proselitismo docente van por la fácil de no escoger las compañías, de abstenerse de sembrar dudas en aras de sumar inconciencia, de reencauchar letanías apuntaladas en falacias; hoy se siente más muerte la muerte de Alava y más infame su homicidio. Cada bravuconada de tarima, cada pirueta retórica de manipulación, cada aplauso a la degradación de la palabra y de la práctica, son el eco del trueno de ese veinte de agosto; los tiros sin gracia.

martes, julio 31, 2007

Las jóvenes promesas

Se ha muerto el mozalbete Michelangelo Antonioni, ayer lo antecedió el mocoso Ingmar Berman. No he sido cinero, ni ratón de cinemateca del llamado cine arte (en el cine comercial he visto producciones memorables que trivializan esa distinción), pero siento especial debilidad por ciertos clásicos. Este mes se llevó a varios grandes en muy pocos días. Recuerdo cómo hace diez años bromeábamos con un amigo (a quien por cierto le cae gordísimo Antonioni) sobre el ambiente apocalíptico que inspiran ciertas muertes de famosos en racimo. Me inquieta mucho, a mí que nací tan en el siglo anterior y por mucho tiempo tuve como 'el pasado' al XIX, cuántos de esos íconos avanzarán siquiera un par de décadas del presente. Auguste Renoir sobrevivió a la Gran Guerra (no sé qué tan en rango de tiro pudo haber estado pero murió después), Lord Kelvin mordió la primera década del siglo, el gran Lorentz (quien ya era físico cuando Maxwell no se había muerto) se sentó en la mítica foto de Solvay en 1927. Kropotkin aguantó dos décadas del XX y publicó su Mutual Aid en 1902 (que como muchos de los títulos de mi interés, de tiempos Gouldianos, la Luis Ángel lo tiene fuera de Bogotá, muy probablemente en Pasto). Esa gente que pudo vivir dos o tres mundos tan contrastantes, teniendo alguna relevancia en más de uno, me parece apasionante. De mi búsqueda veloz para esta entrada, no puedo dejar de nombrar a una leyenda viva, Claude Lévi-Strauss, quien ya va para 99 años de edad; de los generadores de teorías sociales a los que nada se les cayó por saber algo de química o geología.

viernes, julio 20, 2007

Fontanarrosa

Lo conocí por "Boogie el Aceitoso", en las "Aventuras" de El Tiempo y por sus caricaturas de política en una cosa llamada "Diario 5 p.m.". Siempre me intrigó cómo caricaturistas contestatarios, como tan tirados a la izquierda como él o su amigo Quino o como el venezolano Pedro León Zapata, aparecían en diarios de derechas con tanto éxito. En una Feria del Libro de Bogotá, a fines de los 80, le pedí el único autógrafo que he pedido a alguien en mi vida. Irritado por andar en ese plan, nada cálido pero amable, me dibujó un perrito y firmo la dedicatoria; ya cansado de dibujar Boogies o de corregir a quienes le pedían algo bien gaucho (como sinónimo de argentino): "criosho".
Nunca olvidaré cuando Jairo, una especie de clon de Pablo Escobar, quiso contratar a Boogie. Terminó por insistirle que ellos preferían una tumba en Colombia a una cárcel en los Estados Unidos. Booggie respondió que él prefería una cerveza helada en Nueva York a una tumba en Colombia. Dos años después de ese furtivo encuentro bibliófilo, el Negro Fontanarrosa iba a mi Universidad como ponente en un curioso evento de los tiempos del "fin de la historia": el "Seminario Internacional Socialismo: Realidad, Vigencia, Utopía".
Policía:¿Por qué está ahí?
Suicida: Mi novia me dejó.
Policía: Igual, lo pudo haber dejado en otra parte.
Sin duda, el principal atractivo de las caricaturas de Fontanarrosa era el humor negro, el tono acerbo que les puso a tantos temas sensibles y pesados. Dentro de lo poquito que llegaba por estas tierras, había cierto chance de conocer su trabajo, un poco más que el de Caloi o de Zapata, cultores de ese mismo oscuro arte mayor.
"Si necesitaban alguien que pensara, hubieran contratado a Marcuse" Boogie
Acceder a comprar sus libros fue bien difícil. Los poquitos a los que tengo acceso fácil, surgieron de ferias del libro del Santander o promociones marginales. Muchas cosas las leí a cuentagotas en la Luis Ángel o en subrepticias hojeadas en la Librería Nacional, cuando no estaban encondonados en celofán y mientras no me ponía en evidencia mi carcajada por la afirmación de que Homero cantaba en Braille o algo por el estilo. Así, por los laditos, accedí también a algunos de sus cuentos, comentados por uno de sus amigos en una contraportada con la paráfrasis de una vieja caricatura suya:
- Este jugador me recuerda a Paolo Rossi.
- ¿Juega como Paolo Rossi?
- No, cada vez que lo veo me digo si lo tuvieramos a Paolo Rossi y no a este tronco.
Su forma de tratar el fútbol como tema humorístico contagia la solemnidad de quien se toma en serio ese asunto. Poco antes de un partido de eliminatoria en Barranquilla, escribió una columna para El tiempo, en la que explicaba que el verdadero hincha va a todos los partidos y que por eso el no consideraba al Che Guevara hincha de Rosario; que de haberlo sido no se hubiera ido a Cuba.
Ayer, 19 de julio de 2007, se fue. Simplificó a sus editores la tarea de compilar sus obras completas, dándoles un corte. Roberto Fontanarrosa fue un protagonista central de la conformación del mundo que aprendí a ver entre viñetas, cuentos y conversaciones pesadas. Loor a su legado.

jueves, julio 12, 2007

Válido

Se ha pronunciado el Fiscal General sobre las barras laudatorias que acompañan las versiones libres de los paramilitares presos. Tras años de apología pública del supuesto carácter autodefensivo de masacres, desplazamientos forzados, desapariciones forzosas, pillaje, secuestros, torturas, narcotráfico, homicidios selectivos, cohechos, constreñimientos al sufragante, reclutamientos de menores, profanaciones de cadáveres, perfidias, falsedades documentales, injurias, calumnias y otras hazañas, tipificadas o no, vuelve a mencionarse la figura de la apología del delito como existente en nuestra legislación penal.
El futuro de tales procesos es incierto, su mismo desarrollo político será incómodo, de darse. Cuántos trucos retóricos o encogidas cínicas de hombros se han visto cuando el corazoncito quiere defender las masacres buenas y condenar las malas. Además el alcance de la figura es bien pobre, pues ni de riesgos tocaría demostraciones de Capitolio como las que se vieron hace no mucho. De todos modos es necesario que se afronte el impacto que tienen estas modalidades de expresión, espontáneas o pagas, en la posibilidad de inventarse un escenario de ejercicio civilizado de la política para los años venideros.

miércoles, julio 11, 2007

Frito el pollo

Falleció "el pollo" López, el que decían los periodistas que cuando hablaba ponía a pensar al país (menos a ellos, tampoco era mago). El "compañero primo", como lo apodaba el inmortal KLIM, responsable para ciertos opinadores de la perpetuación de nuestra ancestral guerra; presidente de salir en la foto en guayabera y gafas negras a tono con Carlos Andrés Pérez y encargado de capotear la crisis petrolera y la bonanza cafetera de los 70. Murió menos senil que Carlos Lleras, más lenguaraz e imposible de pasar por alto (bueno, "el chiquito" sí que menos se podía pasar por alto). El otro día, cuando la marcha, dentro de la Catedral Primada los periodistas anunciaron la presencia de los ex presidentes; en ese momentico solo vi a Belisario (a propósito, se mencionó que Uribe tenía unas exigencias para pedirle a Dios). Una de las consecuencias de la reelección es que disminuye el cuerpo de ex mandatarios más rápido; puede no ser muy conveniente. En fin, no puedo negar que seguía su columna (a veces hasta la otra página) y la extrañaré.