martes, junio 05, 2007

La fuerza

No alcancé a enterarme anoche del adelanto de las vacaciones. Ingresé a mi sitio de trabajo y dialogué con varios profesores, quienes no me anticiparon nada sobre el tema de la asamblea que seguía. Supe luego de la orden de desalojo, antecedida por la entrada a la fuerza de un sector de los bloqueadores. Cuando salí me acerqué un rato para escuchar de qué hablaban en la asamblea, la cual - ya sin el confort del Auditorio - no contaba siquiera con quinientos asistentes (por dar un número optimista). Ante una situación tan contundente, como es el contraste entre un lunes de gran afluencia de estudiantes, con motivo de la reanudación de las clases y la patética soledad creciente de la asamblea; sus inefables líderes persisten en culpar a terceros y en anunciar la continuidad de los bloqueos cuando se reabra la Universidad. Como siempre, los grandes y más profundos temas son los logísticos: quiénes van a hacer no se qué en Transmilenio, la propuesta de escribir consignas en los billetes, participación en la Marcha programada por el "Comité de Emergencia" contra la cumbre del G8 (en serio) y en la del 8 de junio "día del estudiante revolucionario y antiimperialista" (dejémoslo en caído) y demandar a la Universidad por la pérdida de unas carpas en el desalojo ("preferimos perder una carpa...").
El liderazgo del megáfono es químicamente incapaz de evaluar un quiebre como el que ha tomado la situación. El viernes no vislumbró el alcance político de las movidas presidenciales y fue lento para reaccionar a la noticia del atentado contra el Viceministro (de hecho hoy aun discutía su conveniencia, cuando es un asunto de elemental coherencia). Sobre este último punto, se deja enredar por parte de un émulo de Cerebro ("Un mundo que ganar"), quien encuentra muy brillante proponer que se hable de "autoatentado". De verdad, me tomé el trabajo de escuchar completa la asamblea para ver si me podían sorprender, si me podían hacer sentir equivocado acerca de los asertos de viejito excéptico que he expuesto inspirado en la experiencia. Me decepcionaron. La incapacidad de las altas lumbreras del bloqueísmo para analizar una situación política real y hablar y actuar con inteligencia. La persistencia engolosinada con una ficción de poder que no se fundamenta en un reconocimiento de la propia condición ni una identificación inteligente del adversario, ni los posibles aliados relevantes. La ausencia de agenda propia por parte de los estudiantes movilizados, quienes dependieron de la programación del paro del Polo, de las marchas de Fecode y de la arrogancia de varios agentes particulares. Eso me encontré.
Ante una situación física tan lapidaria (que ahora el bloqueado es el Campus) se decanta el hecho de que muchos participantes de asambleas y campamentos dejan de recibir el auxilio paterno para parar, por haberse divulgado en prensa que hay vacaciones. Los vendedores informales se estrellan con la inesperada caída de sus ventas, los estudiantes de otras ciudades son llamados por sus familias a que retornen, los turistas de la revolución comienzan a cambiar de tema y la atmósfera da cuenta del resto (primero sol de lluvia y luego chaparrón). La Policía en presencia blanda (Fuerza Disponible cerca, ESMAD lejos y autocontrol ante el estallido de petos en el Uriel), mientras los paristas reafirman su rechazo a "... la violación a los derechos humanos por parte del gobierno en el marco de la política de seguridad democrática [¿cuáles marcos exceptúa?], la estigmatización, amenaza y asesinato de estudiantes, trabajadores y profesores...", vacilando - eso sí - para condenar algo tan palmario como el atentado personal contra un interlocutor natural de su protesta (de hecho el Viceministro preside el Consejo Superior Universitario cuando no va la Ministra).
Hace unas semanas una expresión de corte clandestino y autodeclarada por fuera de la legalidad, condenaba en un comunicado escrito la firma de un acuerdo con el gobierno por ilegal. Las multitudes han sido domadas en varios momentos de todo esto por la veneración que profesan al discurso jurídico. Así como hace año y medio la muletilla de moda para los chistes era el "carácter vinculante", esta vez todos nos convertimos en tinterillos. Allí, una de las facetas truncadas del desarrollo académico de la situación. Los superlativos de los abogados, los magistrados, están acostumbrados a que el dinero se falla, se sentencia, se decreta; pero no saben cómo se produce. El mayor vuelo que toma un movimiento como el triestamentario en asuntos de política económica es la discusión de porcentajes, nunca la oferta de ideas para que entre nuevo dinero. Un ex Rector comentó alguna vez (como se puede leer en la pésima transcripción incluida en las memorias de la "Cátedra de Vida Universitaria") que la Universidad colombiana era una gran facultad de Derecho, donde se habituaba al estudiante de cualquier disciplina a demandar, exigir y parlamentar, pero descuidando la vocación del conocimiento y la oferta de ideas productivas. Con los acontecimientos de los últimos días me resulta inevitable interpretar que todo esto ha sido la reedición de esa condición perniciosa.

lunes, junio 04, 2007

Maluquísimo

Este tipo de cosas envenenan el ambiente de discusión. Pasarlas por alto es un error grandísimo.

domingo, junio 03, 2007

Alto nivel

El viernes pasado me enteré por el portal de la Agencia de Noticias de la Universidad de la entrevista de "UN Análisis" a Álvaro Uribe. Como ingrediente político de la situación del paro, el hecho no me pareció para nada trivial. Un movimiento que ha enfocado su genérica y recurrente bandera: "la defensa de la Universidad Pública" hacia el cuestionamiento del actual Presidente de la República, consigue que éste le responda y lo rete. Al parecer esto no fue visto así por la Asamblea del viernes, la cual ni siquiera mencionó el programa. Al final, Uribe anunció que su Consejo Comunitario del sábado 2 de junio trataría sobre el tema.
Uribe no controvierte el núcleo de los argumentos del sector más analítico de la protesta; vale decir, no habla de eso ni desarrolla los embrollos jurídicos de la contradicción. Claro, insiste en la bondad de su propuesta de acuerdo de saneamiento y se presenta como el magnánimo amigo de la educación pública, a pesar de todas las cosas que se dijeron en el sentido contrario cuando apenas era aspirante a la Presidencia. La intervención de la Universidad del Atlántico, en su discurso, es la mano salvadora que reabrió esa institución, no el origen de su cierre. Las referencias al aumento de cobertura, a la inminente inyección de nuevos dineros para Ciencia y Tecnología, la ampliación de los cupos del SENA, otras medidas de atención a crisis financieras como la de la UIS y la de la del Cauca, el compromiso de no subir las matrículas a los estudiantes pobres (esa puntada es mortal para algunos de los mitos sobre los cuales descansa el movimiento triestamentario),... El anuncio de su disposición a discutirlo en la sede misma de la Universidad, de poco probable realización, remata su soberbia política, para nada infundada, pues son los gestos y los términos que gustan a su público objetivo, el cual no incluye al contradictor de ocasión.
La verdad me perdí el Consejo. Ya suficientemente aburridor me parece su estilo como para presentarme a lo Alcohólico Anónimo ("quiénes somos"), ponerme a pedirle cosas como si fuera el Rey Salomón ("qué pedimos") y presenciar cómo llama a algún funcionario por su nombre y le pide algún dato o le ordena alguna cosa de esas que debería tener un trámite administrativo como más pensado y formal ("Señora Ministra: redáctese ya el decreto y lo dejamos firmado aquí mismo, así a mano, que es que así es como obramos los varones, pues"). Me enteré de la respuesta a una interlocutora: "sólo les pido dos cosas: confianza y paciencia". La parte más escandalosa, desde luego, es la orden a la policía de desalojar a los participantes del campamento que persistía a esa hora en la Universidad. Es claro que el intento de reanudar bloqueos mañana sí tendrá componentes nuevos, después de cuatro semanas de círculo vicioso.
De la discusión académica racional faltan muchas cosas por desarrollar, pienso que las críticas de los juristas que han escrito hasta ahora desde la instancia de la Comisión Asesora, o desde la oposición política al Rector; se han parado en un muy sólido piso jurídico con buena oferta de éxito en las instancias judiciales. Esto también condiciona unas posturas políticas, muy definidas, pero enfrentadas con un actor que tiene las de ganar en ese campo. Y el otro extremo del lío es el económico. La vehemencia jurídica puede usar expresiones como "allá mirará la Nación cómo cubre esa obligación que le corresponde por Ley [y por designio divino], eso no es problema nuestro". Vale, a pesar de la improbidad del abogado que profirió esa especie en el Auditorio, con su inconfundible timbre de Ana Gabriel con edema pulmonar. El problema es que para muchos foros, menos restringidos y nada manipulables con esos referentes, sí se debe tener en cuenta de dónde sale el dinero. Renunciar olímpicamente a esa parte de la reflexión es servir, con moñito de regalo, a tres metros del arco y sin portero, la oportunidad al mefistofélico gobierno de presentar a la Universidad como un lastre para el desarrollo, cerrada a la reflexión y al aporte de soluciones. Eso en lo político de la disputa con el Presidente.
Ya en lo conceptual del asunto (y sin interés político para la mayoría), se trata de uno de esos galimatías jurídicos que obligan a la razón a aceptar un poco de paradojas. La Nación (como sinónimo de Estado) verá cómo responde por eso, porque la Institución tiene compromisos más altos con la Nación (a conveniencia la población, o la Nación por "construir"). Un significante, múltiples significados. Que se joda la Nación para que le podamos responder a la Nación que nos inspira. ¿Cómo así? Algún notable colectivo estudiantil de los 90 emprendió un interesante seminario sobre el concepto de Nación, cuyas memorias no hallo, pero aspiro a hacerlo, ahora que me interesa volver sobre el tema. Sirva de paso para anunciar que uno de mis siguientes temas para entrada larga: ¿Qué es lo adorable, especial, irreemplazable y conveniente que tiene la Universidad para que se pueda tranquilizar a la población acerca de sus costos y su trato especial garantizado por la Ley? Es una pregunta política, pero para responder con firmes referentes académicos.

En El Espectador

En la edición impresa del 3 al 9 de junio del El Espectador, página 20A, sale a relucir un par de veces el tema de la Unversidad en los últimos días. Primero de la mano de Tola y Maruja, personajes creados por un par de egresados de la Universidad de Antioquia, participantes de movimientos estudiantiles en su momento y conocedores de ciertos clichés tradicionales de la subcultura de las asambleas, los pliegos, las "claridades" políticas y otros caracteres esenciales del fenómeno.
— Oites Tola, ¿y qué vuelta tenés que hacer en la Niversidá Nacional?— Voy a
entrale una muda de ropa al nieto mío Juaquín Estíven, que lleva días campando
en una manga.— ¿Y es que los dejan pasiar dentro de la niversidá?— No Maruja, es
que los muchachos están protestando porque les van a subir la matrícula.— Pero
el nieto tuyo paga muy poquito, ¿cierto?— La matrícula es barata, pero le piden
mucha cosa… Estivencito cada rato tiene que llevar quizque aerosol, papel
aluminio, pólvora… ¡hasta piedras le han pedido!
Luego un reclamo de Mauricio Archila Neira, profesor de Historia formado en una universidad privada de Colombia y en una estatal de Estados Unidos (la SUNY), con cierto recorrido muy citado (aquí) en el tema de los moviemientos sociales y - de un tiempo para acá - apologista al uso de algunos paros y protestas.
Un editorial desconcertante El editorial de la edición
de la semana pasada (28 de mayo al 2 de junio, 2007), titulado “Cañazos y
realidades de la protesta”, no sólo es inexacto sino que se aleja de la
tradición democrática que ha caracterizado a El Espectador desde su fundación.
Voy a explicar por qué.La frase que concluye dicho editorial —resaltada en el
recuadro— reza así: “Dice mucho de nuestra cultura política que las protestas
tengan tan poco que ver con la realidad”. Uno podría preguntarse: ¿cuál es la
“realidad” para el editorialista? Si se lee con cuidado el citado texto se
descubre que la “realidad” es el discurso del Gobierno, no el del Congreso ni
mucho menos el de quienes protestan. Esta aseveración puede ser cuestionada por
muchos argumentos, algunos de los cuales presento a continuación.En relación con
el proyecto de acto legislativo sobre transferencias que hace curso en la Cámara
de Representantes, el Gobierno ha insistido que no va a disminuir los montos de
la educación. Sin embargo, el mismo Gobierno en concertación con su bancada
decidió aumentar el pasado 29 de mayo en 1,5 billones de pesos los rubros
destinados a este sector. Adicionalmente el Presidente en rueda de prensa de ese
mismo día ofreció 2 billones más por la vía del presupuesto —es decir, por fuera
de la reforma constitucional—, para ajustar el escalafón y los salarios de los
maestros. Obviamente se buscaba contener la movilización que, sin embargo, se
dio en forma masiva el 30 de mayo, según lo reconocen propios y ajenos. Estas
recientes modificaciones oficiales a la propuesta original significan que, como
dijo El Tiempo en su edición del mismo día, la protesta de la comunidad
educativa ha logrado algo. Pero sobre todo desmienten las afirmaciones oficiales
en torno a que no se iba a disminuir el monto del sector educativo vía las
transferencias a los municipios y departamentos, que sin duda van a decrecer en
cerca de 50 billones en el futuro, además de los 27 perdidos ya.Sobre el
Artículo 38 del Plan de Desarrollo 2006-2010, que también está en proceso de
aprobación por el Congreso, hay igualmente muchas fisuras en el discurso
oficial. Se afirma que con este “articulito” se busca mayor responsabilidad de
las universidades públicas del orden nacional en el tema de pensiones, sembrando
un manto de duda sobre su manejo. Se olvida, por ejemplo, que en la Universidad
Nacional durante 2005 el movimiento de estudiantes, trabajadores y profesores se
opuso con vehemencia al intento del rector Marco Palacios de pensionar
forzadamente a los docentes que llegaran a la edad de merecerlo. En su momento
se dijo que esta política no sólo amenazaba la calidad de la enseñanza al
expulsar a profesores en plena edad productiva, sino que era irresponsable con
el manejo pensional. Entonces, no es cierto que las comunidades universitarias
sean irresponsables en el tema de pensiones.Además el Gobierno agrega que con
dicho “articulito” no pretende propiciar el aumento del monto de la matrícula o
el deterioro de las condiciones de los profesores y trabajadores de las
universidades públicas del orden nacional. Aquí hay dos argumentos que
desmienten el discurso oficial. De una parte, siendo estas universidades de
orden nacional, todos sus trabajadores, incluidos los docentes, lo son de la
nación. Por tanto, no tiene sentido “concurrir” con ella misma para el
saneamiento de su pasivo pensional. De otra parte, en aras de la discusión, vale
la pena preguntarse: ¿qué significa para estas universidades dicha
“concurrencia”? En la Universidad Nacional, el pasivo actuarial asciende
aproximadamente a tres billones de pesos. “Concurrir” o aportar el 3% de ese
pasivo —que equivale a $90.000'000.000, cuando los recursos propios anuales
escasamente son tres veces esa suma— en términos de un reciente informe del CID
“obligaría a la Universidad a efectuar un ajuste, ya sea aumentando los ingresos
o disminuyendo los gastos, lo que afectaría el cumplimiento cabal de cualquiera
de sus funciones misionales”. En pocas palabras, no sólo la viabilidad
financiera sino especialmente la misión de la principal universidad pública del
país están seriamente amenazadas. Si éste no es un paso hacia su privatización,
entonces ¿qué es?Hasta aquí lo relacionado con algunas inexactitudes del citado
editorial. Hay algo que me preocupa más, pues es de humanos errar. En las frases
previas a la final se dice: “Pero la realidad política en el recinto del
Congreso es muy diferente a la realidad política por fuera del mismo. Mientras
adentro priman las transacciones, afuera dominan las emociones. Adentro se
olvida el fondo por cuenta de la negociación, y afuera por cuenta de la
desinformación” (el destacado es mío). De modo que, para el editorialista, la
protesta se mueve sólo por emociones y desinformación. Se trata de un
señalamiento muy grave, porque desconoce la complejidad del fenómeno. Sin duda
hay emociones en la protesta —basta ver los noticieros para constatarlo—. Todos
tenemos emociones, comenzando por el Presidente —¡y vaya si las tiene!—. Pero
otra cosa es igualarlas a desinformación. Con esto simplemente se anula la
posibilidad de que los movimientos sociales tengan alguna razón en sus luchas. Y
hay razones que también mueven a los manifestantes, como las expuestas
anteriormente o las que consigna Fecode en la misma edición de El Espectador a
la que aludimos. Reducir las protestas a meras “emociones desinformadas” anula
la posibilidad de negociar sus demandas, y la concertación es la única salida
que pueden tener los conflictos sociales en un régimen democrático como el que
nos preciamos tener. Al negar esta posibilidad, el citado editorial borra de un
plumazo la tradición democrática con la que don Fidel Cano fundó el periódico
hace ya 120 años, como bien se recordó en recientes efemérides.Yo les propondría
más bien, que El Espectador vuelva a convocar esos foros abiertos que solía
hacer, en donde las distintas partes del conflicto social expongan sus
argumentos para que los lectores podamos contar con criterios suficientes con el
fin de comprender la “realidad” de lo que ocurre en el país.Mauricio Archila
Neira. Profesor Titular. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.

viernes, junio 01, 2007

Celibato

Lisístrata ha conseguido gran acogida en su convocatoria a la Universidad:
Leonardo Rodríguez, representante estudiantil opina que "la abstinencia del 70
por ciento de la comunidad universitaria demuestra que la mayoría respalda el
proceso de protesta".
Tomado de aquí.
¡NO SE PUEDE! ¡NO SE PUEDE! ¡NO SE PUEDE!
¡FUERA! ¡FUERA! ¡FUERA!

La piedra de toque

Mentiras, que son guayabas.

jueves, mayo 31, 2007

¿Para Lucho?

Cierto componente de las consignas, pancartas y pintas de ayer se concentró en calificar de paramilitar, o más cariñosamente "para", a Lucho Garzón. Entiendo que la principal justificación de esta conducta fue la seguidilla de operativos para dar fin a las tomas de alumnos en los colegios, con intervención de la Policía, y calificado por la ADE como "La Noche de los Lápices en Bogotá". Este último entrecomillado corresponde al nombre de un operativo de tiempos de la Junta Militar que gobernó Argentina entre el 76 y el 83, el cual consistió en el secuestro de varios estudiantes secundarios en La Plata, quienes - salvo una excepción - fueron desaparecidos y todos pasados por tortura. El símil, es evidente, es frívolo e irresponsable. Aunque ha habido quejas sobre abusos y lesionados en uno de los casos; la distancia entre la gravedad de los hechos debería ser clara para un adulto, quien además está investido ante la sociedad del cargo de educador y - tras del hecho - ostenta funciones de liderazgo en una organización gremial de tipo sindical.
Entre lo más refundido de mi infancia, las palabras magisterio, asamblea, paro, yo sí entré por concurso, pedagogía, escalafón, sonaban con regularidad. Toda mi formación básica ocurrió en planteles oficiales y mis padres (docentes del Distrito, como ya se adivina) no dejaron de contestar inquietud alguna que les planteáramos mis hermanos y yo sobre estas cosas. Viví las transformaciones de los currículos de mediados de los 80, conociendo también a uno que otro de sus inspiradores. Para mi punto de vista, el que me tocó, el sindicalismo docente tenía el rostro del movimiento pedagógico, del perfil moral de la educación de los maestros que conocí, no solo en mi familia, sino de la gente que me develó los misterios de la teoría de conjuntos, la etimología de los términos biológicos, el álgebra que atormentaba los dedos, la elegancia de la trigonometría, el Siglo de Oro de las letras españolas, la Gramática, la Historia,...; todo eso sin verme como una grabadora china de cinco mil pesos para reproducir una consigna mal hablada.
Hablo de un sector importante de una generación que vivió ofertas fuertes de rebelión, de la ficción del sistema agonizante y de la fustigación a los escépticos. Hablo, desde luego, de la que entendió el tamaño de la responsablidad con la formación de la infancia y la asumió. Pienso en la profesora de tono militante, que no creía en la "prensa burguesa", pero nos la ponía a leer, a analizar, sin recurrir a la tosquedad de reemplazarla y a nuestros textos por el panfleto. Del temido profesor de Español que nos retaba a discutir cualquier tema y defendía la posición que le tocara con ingenio. En la memorable profesora de Álgebra que me cortó de tajo mis excusas perezosas de que, como aspirante a filósofo de mochila cruzada, era mi deber no aprender matemáticas; sometiéndome a fuertes dosis de ejercicios, abriendo para mí el universo lleno de hedonismo del manipuleo exitoso de las expresiones, de la claridad y las buenas prácticas de orden gráfico y correcta expresión de relaciones, igualdades, etc.
Lustros de docentes vinculados por cuota política, algunos de los cuales llegaron a las altas esferas sindicales y lanzaron inolvidables frases como: "yo no entré por concurso, tampoco me voy a dejar sacar por concurso". De inopinadamente beneficiados del estatuto docente, arrancado a punta de paros con destituciones, demandas, bolillazos, etc.; el cual para ellos era verdad ancestral y no obligación de merecimiento. De flojos licenciados jugando al alquimista del cambio social, con sus flojas hipótesis sobre la rebeldía adolescente y su manía de llamar represión a toda norma. De quienes barbotan un poco sustentado discurso sobre el juego pero no se han enterado que los juegos tienen reglas. También de los viejos líderes que se apegaron a succionar las ventajas económicas de su liderazgo, de manejar los fondos solidarios de un gremio tan extenso y tan adinerado (al menos en suma), de lucir su cachuchita ideologizada en el Sindicato, mientras negociaban corbatas pragmáticas en las secretarías y el Ministerio. Esos y otros componentes nos han traído a la situación actual.
Cecilia María Vélez (o muy seguramente algún asesor suyo) se enteró de la vigencia de una Ley de 1967, que hace ilegal pagar por tiempo no laborado (hay que recordar que en los más aguerridos paros de los 70 la recuperación de clases no dadas era parte del sacrificio y la beligerancia y ni se ponía en discusión). Desde entonces, un sindicato sumido en la mediocridad de su reflexión pedagógica evanescente; desgastado por paros en falso y carente de convocatoria; particularmente la ADE varias veces puesta en evidencia ante sus pares de otros departamentos por andar simulando lo que no tenía; se le ocurrió después de muchos años inventar la participación de los alumnos. Entonces profesores incapaces de persuadir al alumno de que x + x = 2x y que x*x=x^2, fueron organizando tomas, bloqueos de avenidas e improvisando liderazgos estudiantiles ficticios, aprovechando algo que yo no viví y hasta creí que envidiaba: el legado de la Constitución de que todo tenía que ser dirigido por cuerpos colegiados y la creación como cosa legal de los consejos estudiantiles en los colegios. Hay que ver cómo ofrecen esos muchachos cuando quieren llegar a ser personeros, como si aspiraran a la presidencia de la Organización Mundial del Comercio. Terminan pareciendo más sensatos los aspirantes a las representaciones estudiantiles en las universidades en sus promesas de impedir el ALCA o amortizar la deuda externa.
Alguien que no ha podido con los años conseguir que un alumno ubique el Río Magdalena en un mapa, que se entere que Colón y Bolívar no fueron contemporáneos, o la diferencia entre Conservatorio Departamental de Música y Directorio Departamental del Conservatismo; viene a convertirlo en el gran interlocutor de los temas del gasto público y la descentralización administrativa. Para fines prácticos lo compromete en cuestiones logísticas y operativas, lo adiestra en la repetición de unas consignas, lo arenga para que abuchee y rete al Rector (a quien acusa de gobiernista) y no le deja claros los límites de respeto a las instalaciones del colegio. De hecho no se discute a fondo con los padres de familia el asunto, ni se le pega una repasadita al Código del Menor. No hay plan B para manejo de detenciones o de situaciones de salud. El menor se queda lidiando con la hipotermia en el helado colegio, mientras el activista firmó asistencia y alega que no está en paro.
Quien accede al gobierno, por irresponsable que sea, conoce las hieles de la responsabilidad antipática. por eso el Secretario de Educación, con todo y su airecito de patriarca sindical, advierte sobre los términos del paro y actúa ante el uso de los menores, con la mesura requerida en la gran mayoría de los casos. El alcalde hace lo propio y gana que sindicalistas de servicios públicos, de la misma ADE y del medio universitario lo llamen "paraco" en las calles. Vuelve la frivolidad. El paramilitarismo es un fenómeno responsabilizado de crueles vejámenes contra la humanidad, por haber corroído el tejido social en varias regiones, por ser responsable de corrupción y narcotráfico. Está en el centro de la crisis política más dura de la presidencia con mejor respuesta en las encuestas (lo cual bien puede no ser tan paradójico como suena) y a diario está generando noticias sobre hechos judiciales (con pruebas y todo). Que los sectores políticos que siempre han reclamado no ser estigmatizados por sus posturas acerca del tema social, recurran tan irresponsablemente a esos motes, representa la poca seriedad que le ponen a la amenaza de lo que dicen denunciar.
De hecho, si mal no recuerdo, el paro que hay ahora en la Universidad reivindicaba al principio su denuncia contra el señalamiento, contra esa manía de tildar de guerrilleros a los activistas estudiantiles que sostenían determinadas posturas políticas. Lo que se hace con la palabra paraco es lo mismo. A propósito, muchas veces escuché veteranos de lo que la izquierda colombiana llama "la Guerra Sucia", o sea la matazón de militantes y activistas sobre todo en la segunda mitad de los 80; reclamar cómo a comienzos de la década siguiente, la principal fuente de estigmatización contra sus cuadros en ciertas universidades estatales (incluidas las del eje cafetero) provenía de los profesores y estudiantes del MOIR, quienes disuadían a sus prospectos de pichones hablando en esos términos de los otros grupos. ¿Será por eso que me molestó tanto ver las loas y la irracional lambonería con Robledo el lunes?

Transferencias

Anoche escuché parte de una discusión sobre el tema del día entre Rafael Pardo Rueda, Humberto De la Calle, María Jimena Duzán y Martha Lucía Ramírez. Hoy la Editorial de El Tiempo anota un par de cosas sobre lo mismo. Simultáneamente es cierto que hay una disminución relativa (procentual) y que hay un aumento absoluto. Sobre las decisiones relacionadas con los distintos momentos que ha tenido la matriz desde el 91, ese debate puede ser más demorado. Pero me llama la atención cómo se resuelve el tema político del juicio a la descentralización. Es más, no vi alcaldes o gobernadores afrontar directamente el protagonismo de la protesta y, salvo mi siguiente asunto, muchas consignas de ayer estaban orientadas a descalificar al gobierno central sin hablar nada de mandatarios locales. Lo único concreto era aludir al presidente como paramilitar, en tanto las alusiones a las transferencias se hacían en medio de vaguedad, acudiendo a generalizaciones.
La contradicción no es trivial y me parece harto legítimo desarrollarla. El proyecto fue aprobado, pero no creo que se cierre el debate. Me llama la atención, eso sí, que no haya una difusión de las tensiones locales sobre el destino de las transferencias. La prioridad era presionar al Congreso, está bien, pero esa paz local sobre estos asuntos no me cuadra.

Uno más

ADDC

miércoles, mayo 30, 2007

Oscuridad

Alojamiento cortesía de photobucket.com

Hoy desde la séptima, mañana...

Asistí hoy a la marcha al centro y aproveché para hacer unas bien tacañas tomas. Me llamó mucho la atención que - a pesar de la agresividad verbal de ciertas consignas - el rechazo a los petos y otras detonaciones es evidente y proactivo. El paro agoniza y vienen ya las definiciones sobre el reparto de su liquidación. Al parecer hay bastante tensión laboral por asuntos de pagos, cumplidos y rumores.

Quiero reconocer aquí que ayer en horas de la tarde, participantes del campamento pusieron bajo techo un número importante de los pupitres que habían sido sacados días atrás a la intemperie.

Los dueños

No sé de mafia alguna que no haya nacido chiquita, inofensiva y pobre. Pero su tendencia natural es expandirse y estrellarse con lo que se le atraviese. Este tipo de fenómenos se comporta como una infección (como cuando la bacteria que vive en comensalismo se dejó pillar y comienzan la expansión caótica y la inflamación); termina por pasar.

martes, mayo 29, 2007

Contagioso

Las falencias de concordancia de número de la Secretaría de Educación Distrital de Bogotá se le han pegado a la Ministra de Educación Nacional. ¿Sí convocará la última carta? ¡Tétrico!

Sin novedad

Al parecer los docentes andan un poco molestos por los términos de la reunión de ayer y consideran que el Rector "hizo quedar mal a la Universidad" en la entrevista de anoche en "Pregunta Yamid". El intento por reanudar actividades esta semana queda entonces en vilo. Los docentes acusan al directivo de condescender en la posibilidad de la firma de un acuerdo, el cual prevalecería aun si se cae la legalidad del Plan de Desarrollo. Comparto esa incertidumbre y me parece que ya es hora de una declaración categórica al respecto. El tema del calendario académico ya ha impactado psicológicamente a una fracción importante de la comunidad y la asamblea enfila baterías contra la consulta electrónica. Es obvio que los profesores no van a sacrificar su período intersemestral, ni más faltaba. Ya con un mes de descuadre, el costo para estudiantes de provincia y para todo aquel que tenga más compromisos importantes aparte de las actividades curriculares normales; sobrepasa cualquier elucubración de manipulación o juego retórico de "yo sí defiendo la universidad y tú no, porque no haces lo que te ordeno". Es muy posible que cierto género de daños (que no he podido confirmar) haya generado un comportamiento airado de Wasserman a partir de ayer. En las incursiones ante la asamblea se ha ruborizado, ha tolerado rechiflas, insultos, de todo y se ha puesto a decir cosas políticamente no correctas para el gusto de ese espacio, a veces antecediendo con la palabra perdón. Pero si es cierto lo que leí en unos comentarios de lectores de eltiempo.com, relacionado con daños a cultivos por la desconexión de un refrigerador en Medicina o alguna otra felonía particular contra algún proyecto de investigación; muy seguramente eso malogre las posibilidades de entendimiento o exploración cuyo tiempo ha llegado (hace rato, la verdad). Sobre los daños, hoy vi una campaña gráfica que se enorgullece de ellos. Frases como "bloqueo físico no es bloqueo mental", bajo la foto de una pila de pupitres. No es la figura del mal necesario, sino la fascinación con la presunta genialidad del acto. Se dice que una fracción notable de los profesores participantes en las asambleas de Ciencias Humanas halla encantadora la situación. Mientras pupitres por decenas siguen sometidos a lluvia, lodo y maltrato permanente, los órganos de propaganda del paro reducen el asunto a una "instalación" de varios de ellos colgando como de un patíbulo, parte de ellos pintados de blanco.
Voy a ser franco: ni la soberbia política de cierto sector docente, ni el desespero de la fracción ludita de los trabajadores, ni las agendas internas del Polo; han podido justificar coherentemente ese comportamiento agresivo, por más que han invocado que se trata de la hora del fin. Ni los analistas jurídicos que han hablado confirman el tremendismo, ni lo hacen los antecedentes. Sonaré a curita apolillado de colegio confesional pero es necesario modular con alguna valoración moral lo que se ha venido haciendo. La hipótesis del fin del mundo será puesta a prueba, pero los costos de su mercadeo ya están cargados y son bien altos.

No está cerrada

Aunque la noticia dice lo contrario, sigue habiendo acceso al Campus. El recuadrito contextualizador de la nota de El Tiempo atribuye el paro a lo de las transferencias. Probablemente el redactor estuvo en la liturgia de ayer en el Auditorio y se le contagió la pereza para leer. Con un par de dificultades por capacidad de la red, se adelanta la consulta electrónica, la cual en ninguna de las opciones niega continuar la discusión pero pregunta a la mayoría si se reanudan o no las actividades académicas. Alcanza la anormalidad para que los paristas acompañen mañana la farsa de inspiración electoral de FECODE y afrontemos de una vez las carencias de formación e información que ha tenido esta situación que completa cuatro semanas.

lunes, mayo 28, 2007

La camiseta

Entrando a la Universidad no asistí a tiempo a la asamblea de mi departamento, por una información errónea que recibí. Desvié al León de Greiff, donde - con lleno a reventar - Víctor Manuel Moncayo, el Ex-Rector amigo del pueblo y el Senador de la República, Jorge Robledo; insistían en sus arengas contra el gobierno y, los actuales directivos y disfrutaban de la afluencia de quienes hoy creían que retornarían a clase (después de una ausencia contundente la semana que pasó) y pudieron acceder al Campus a pesar de la dramática noticia del cierre. Moncayo insistió en exigir que el Rector demande, en que él lo hizo dos veces y que - aun el "uribista" Marco Palacios lo hizo -. Robledo ni merece alusión; un tipo que reconoce que no ha presentado en tantos años de representación parlamentaria más de dos proyectos y que se ufana más bien de haberlos hundido; que dice sin reato mentiras tan vulgares como que FECODE está en paro, cuando los que tiene al frente de las tomas y paros son los alumnos, en tanto los asociados y federados firman asistencia para no afectar su salario; un sujeto que oculta deliberadamente el papel de los rectores en el lobby al Plan (carameleando a los asistentes con que su labor fue oír a estudiantes y trabajadores); en fin...
Mi punto de hoy es la camiseta que algunos actores ocultan debajo de la camisa. Tildar de uribista a un Rector o a un Ex-Rector, insinuando que su actuación administrativa obedecía a intereses políticos externos a la Universidad significa cuestionar su respeto a la Autonomía Universitaria. Mi pregunta es: ¿Acaso Moncayo no tenía una camiseta de esas? Su primera Rectoría comenzó en el Gobierno de Ernesto Samper Pizano, la consulta a la Comunidad Universitaria (no elección, y a quien todavía abrigue dudas, léase bien el Decreto Presidencial 1210 de 1993 y después hablamos) no la ganó y venía de ser Decano de Derecho (también en tiempos de ese gobierno, siendo presidente del Consejo Superior Universitario Jaime Niño Diez, Ministro de Educación), cargo en el cual andaba cuando negó la última solicitud de reingreso a la Universidad que hizo Jaime Garzón Forero (eso sí, fue ofreciendo el León como sala de velación cuando lo mataron y magnánimamente le concedió el grado póstumo). Durante su primer período, las relaciones con los parlamentarios; tan frías por la tradicional petulancia de la única Universidad autónoma del país y por sus dos antecesores, tipos académicamente solventes y reacios al jueguito politiquero; florecieron, se afianzaron. Un año antes de posesionarse, un fuerte paro de trabajadores exigió el cumplimiento de lo que se llamó la nivelación salarial, ordenada por la Corte Constitucional. Guillermo Páramo, entonces Rector, repartió el dinero otorgado para ello con prioridad a los empleados con menor asignación salarial, disminuyendo el incremento de abajo hacia arriba y exceptuando al equipo de Rectoría, "por elemental decoro". No mucho tiempo después de posesionado el abogado Moncayo, se fue subiendo el sueldo como el 300% (ese que dicen que van a subir las matrículas). La verdad el Rector de la universidad más importante del país debería tener una asignación más alta, pero hay formas de formas. Uno de sus rivales en la aspiración a ese cargo era José Fernando Isaza, quien declinó su candidatura explicando que no convenía a la Universidad tener un Rector peleado con el Presidente (¿sí o qué?) y que él estaba agarrado de las greñas con Samper por una movida extraña BP-Grupo Empresarial Bavaria (lío por el cual Isaza renunció a la Junta Directiva de Ecopetrol).
La de Moncayo fue la Rectoría de la socialbacanería realmente existente. Eventos de ONGs internacionales contra el Plan Colombia, lobby de su colaborador Leopoldo Múnera para hacer más "social" la participación europea en dicho Plan, marchas con aval institucional contra el Plan de Desarrollo de Pastrana, demandas al Estado por el presupuesto de la Universidad, liderazgo institucional para atender casos de Derechos Humanos estudiantiles, con dos fiascos incluidos (Kike y Lina, los desaparecidos reaparecidos del 1997 y Diana Salamanca, falso caso un año después). Pero Horacio Serpa perdió las presidenciales de 1998 con Andrés Pastrana y Moncayo y su camarilla sindical tenían el alma empeñada y perdieron la boleta. Todo fue un enredo, los Ministros de Educación le hacían la vida imposible en los Superiores y él se desquitaba en los estrados, mientras sembraba el mito del Rector cursi-consciente-izquierdoide-chévere. A quienes nos gusta la historia nos da a veces por comparar con el turno de Luís Carlos Pérez en los 70 (socialista, amigo de León de Greiff, tuvo de Decano de Derecho a Umaña Luna). Qué desastre. O con Gerardo Molina (el mismo que le dijo a José Obdulio Gaviria que se fuera a trabajar con Álvaro Uribe Vélez, el liberal rebelde que se había distanciado de Bernardo Guerra Serna), Rector de tiempos de "El Bogotazo" (también más de malas).
El moncayato fue un tiempo de componendas, como la que le agradece el físico particulero paisa Roberto Martínez en su carta a su profesor de mecánica analítica en la de Antioquia. Cuando vino la ocasión de volverse a postular (2000) ya tenía una burocracia estudiantil (Cátedra de Vida Universitaria o "Cátedra Paco") en su nómina para que le hiciera la campaña de la consulta. Pero la consulta real, la de los políticos, la llevaba perdida y el liberalismo le cobró caro el empujoncito (salir de sus Decanos de la Sede Medellín y remover a Alejo Vargas de la Vicerrectoría General). En esa etapa lidió con lo del patrullero asesinado en un tropel, época en la cual su vehemencia no quiso asomar a la Fiscalía a acompañar a su locuacidad. Chicharrones como lo de los morteros y el posterior allanamiento abusivo al Campus (que incluyó la incautación de materiales de estudio, incluido el Laboratorio de Aeronáutica en Ingeniería Mecánica). A esas alturas no levantaba cabeza. Siendo presidente Uribe, lanzó su intento de tercerear dignidad, debido a la pobre cohesión de sus colaboradores, más proclives a rivalizar por el cargo que a unirse en torno a una figura. El activismo se casó con llamar elección a la consulta, buscando dejar el hecho como excusa política para reclamaciones posteriores. Pero leyó mal, las reglas decían que la consulta seleccionaba terna y – si el objetivo era dejar por fuera a Palacios – bastaba con repartir los votos que le dieron a Moncayo con otros dos candidatos y facilito dejaban al enemigo del pueblo por fuera y con apego a las reglas de juego. Entonces vinieron las marchas, los campamentos, las tutelas (una casi pone al salvador Víctor Manuel a posesionarse cuando ya andaba en vueltas de jubilación) y lo que se sabe.
Pregunto: ¿Son Palacios, Fayad o Wasserman más uribistas de lo que Moncayo fue Samperista o Pastranista? ¿Necesitaron las demandas de Moncayo al Plan de Desarrollo de Samper y la de Palacios al de Uribe paros indefinidos como el que hoy se prolonga?
P.D. Luis Fernando, gracias por las referencias y los consejos. Prometo regenerarme de mis problemas de síntesis. En parte los textos extralargos han buscado también dejar por escrito cosas que he relatado oralmente hasta el cansancio de mis interlocutores y que busco dejar en algún sitio, más allá de la situación actual. Soy consciente de la necesidad de ser más centrado cuando controvierta y trabajaré en ello.

Mala cosa

Al parecer se malogra el retorno a la normalidad académica y el anuncio de suspensión indefinida de actividades, más las acciones policiales del fin de semana, le dan a los partidarios del paro por el paro la oportunidad de investirse del papel de héroes y, seguramente, hoy tendrán el público que no quiso asomar la semana pasada. Vamos a ver cómo se desarrolla la cosa.

sábado, mayo 26, 2007

Del computador de 40 a los 50

El envainado Jorge Noguera lanzó la bomba del "libro de la farcopolítica", como la posible prueba reina de los vínculos de los políticos con la guerrilla. El Espectador se lo consiguió.

Jotamario en el MIT

Siguiendo un bonito applet de la web principal del MIT, vi un listado de proyectos de investigación de esa Universidad en Colombia. Me llamó la atención uno llamado "No Recuerdo", dirigido a estudiantes de Español. Allí hay un par de muestras de videos utilizados en el proyecto, de los cuales es singularmente anecdótico el del deplorable Jota Mario Valencia, balurdo presentador de televisión, cuando presentaba el "Noticiero Promec", espacio de una programadora de la Fundación Social. QuickTime y MPEG.

viernes, mayo 25, 2007

Un poco más de claridad

Siguiendo el tema localista y a propósito de mi última entrada, asistí al foro-debate organizado por APUN (Asociación de Profesores de la Universidad Nacional) acerca del tema del pasivo pensional. La moderación la hizo José Daniel Muñoz, "El Profe", docente del Departamento de Física. No estaba de más poner a un experto en sistemas complejos a lidiar con un auditorio fácilmente exaltable y proclive a interrumpir las intervenciones con consignas, rechiflas o aplausos. Se había anunciado la presencia de la Ministra de Educación, pero terminó asistiendo Gabriel Bustos Mantilla, Viceministro de Educación Superior. Se anunció también a Mónica Patricia Uribe B., Directora General de Regulación Económica de la Seguridad Social; Ministerio de Hacienda; pero según parece fue una funcionaria de apellido Serrano y al parecer de Mineducación. Se anunció también a Alberto Uribe Correa, Rector de la Universidad de Antioquia, pero el que veo en mis grabaciones está mucho más calvo que el del periódico de esa Universidad, o el de la noticia de Universia. Víctor Manuel Moncayo , Ex Rector de la Universidad Nacional y Representante de los Exrectores al Consejo Superior Universitario; Moisés Wasserman, actual Rector de la Universidad Nacional, Orlando Acosta, Representante Profesoral ante el Consejo Superior Universitario y Juan José Yunis, Representante Profesoral al Consejo de Sede.
Aunque se supone que hay controversia entre los personajes, cada uno a su modo me permitió redibujar mi mapa mental de lo que pasa. En primer lugar, la figura de la concurrencia (pago compartido Nación, entidad territorial correspondiente, rentas propias de la institución universitaria estatal) para el pasivo pensional surgió de la Ley 100 del 93, como una forma de compensar el lío que tenían las universidades de orden departamental, municipal y distrital al afrontar su nueva condición de autonomía (antes de la Constitución del 91 la única autónoma era la Nacional). Según el expositor de la Universidad de Antioquia, esa institución pasó súbitamente de ser una dependencia del Departamento de Antioquia a ser una entidad de naturaleza autónoma y - por la gestión de su egresado y ponente, Álvaro Uribe Vélez, se creó esa modalidad legal para acceder a dineros de la Nación para atender esos pagos (más la cuota del Departamento y de la Universidad misma). Pero quedó un vacío. No quedó nada claro para las universidades estatales del orden nacional (Nacional, Cauca, Caldas, Córdoba y Tecnológica Diego Luís Córdoba del Chocó) cómo se manejaría el asunto. En varias ocasiones se ha llevado el tema al Consejo de Estado y, según Moncayo, durante su Rectoría y antes no hubo ningún lío con eso pues no se había cuestionado que era obligación de la Nación cancelar la totalidad de las pensiones. En eso toma distancia con el actual Rector, quien afirma que es urgente buscar un saneamiento definitivo para no dejar ese pasivo como una "bomba de tiempo". Se pone el ejemplo de una crisis que dejó a la Universidad del Valle durante diez meses sin poder pagar pensiones ni salarios. También la amenaza jurídica que supone la eventualidad de una impugnación sobre la legalidad de cierta cantidad de casos de asignaciones pensionales, presuntamente por encima de donde deberían estar.
Moncayo y sus cercanos han fustigado la atención de las actuales directivas a esta posibilidad y han calificado como chantaje la conducta de los funcionarios del gobierno que han tratado de inducir medidas con esa alusión. Desestiman que haya tal ilegalidad y consideran que de haberla no es en un número de casos apreciable y además consideran que ello no afectaría pensiones pagadas en el pasado, sino las futuras. Wasserman ha hablado de la posibilidad de dejar saneadas deudas pasadas, lo cual se trató en la conversación a puerta cerrada en Palacio la semana pasada. El ex rector también destacó la ilegalidad de que un Presidente de la República entre a ofrecer no desarrollar el tema de la ilegalidad de una pensión como contraprestación para obtener algo. Es evidente que Moncayo y sus colaboradores como Múnera, así como otros profesores políticamente activos, desarrollan sus diferencias políticas con la actual administración, manteniéndose vigentes como una fuerza que aspira a recuperar el control burocrático de la Universidad. Pero también se decantan puntos ciertos de convergencia entre facciones, hacia una estrategia común por afrontar una preocupación común. A continuación explico mi afirmación refiriéndome a los profesores, ya que en los estudiantes hay mayor heterogeneidad y una agenda mucho más difusa y menos informada.
La generalidad de los profesores de la Universidad (2700 en la sede Bogotá, como dato redondo) no desarrolla una vida gremial demasiado activa. En muchos departamentos hay un quijote (conozco uno en el que de hecho parece al Quijote y así lo apodan, por flaco y barbudo) que ha sido delegado para leer los boletines, enterarse del asunto en las asambleas de las asociaciones y entregar la información masticada al resto. Las dos asociaciones constituidas, son la APUN y el capítulo local de ASPU (Asociación Sindical de Profesores Universitarios). El solo hecho de llamarse sindical hace que una franja importante de docentes, la cual considera el sindicalismo un fenómeno pernicioso, o cuando menos inconveniente, no quiere tener nada que ver con la segunda. Aunque tienen enfoques diferentes y por momento antagónicos, las dos asociaciones tienen canales de comunicación y mecanismos de acción común. El hecho de ser una asociación de alcance nacional hace que ASPU asuma agendas que normalmente no emocionan mucho el interés local. Por supuesto las formas asociadas no son el único escenario de reflexión, organización o expresión de los profesores; pero sí son, a mi modo de ver, depositarias del trabajo realizado por mucho tiempo y referentes obligados de las visiones sobre la Universidad.
Ante una situación como la actual, hechos como el foro convocado por APUN, representan gestos políticos muy precisos. Por un lado se logra romper con el estilo tiránico e irreflexivo de las asambleas reunidas hasta ahora en ese mismo espacio, dando pie a la exposición racional de las posturas o a la puesta en evidencia de la falta de información de algunos de los actores. Por otro se resalta que en medio de la controversia hay posibilidades de tramitar las falsas dicotomías, para atender las cosas pertinentes. Directivos y críticos organizados van estableciendo un lenguaje común y unos mínimos de acuerdo; la leyenda negra sobre el pacto ilegal con el Presidente queda desvirtuada pues se acepta que nada se firmó y lo constatan como testigos y actores presenciales los representantes profesorales. Al clarificarse el estado del trámite de la Ley (aun en corrección de erratas y ajuste de micos provenientes de cualquier filiación política presente en el Congreso, y se sabe que bien demorada en publicarse en gaceta aun después de la sanción presidencial) y estar tan desarrolladas las tesis de una eventual demanda por inconstitucionalidad (cuyo tiempo aun no llega, pues no está sancionada); el razonamiento que dio pie a aceptar los bloqueos y la anormalidad académica como acciones urgentes para generar movilización, palidece y quedan las actividades programadas por los paristas como propias de sus propias agendas individuales o de grupo y más bien disociadas de la bandera que inició esta situación. En concreto, la pasividad de los profesores (especialmente de los que tienen cierto liderazgo y audiencia entre los estudiantes) ante los bloqueos se acaba. Por un lado porque su visión del calendario y el cumplimiento de la programación tiene implicaciones éticas y situaciones referidas al compromiso laboral firmado con la institución; por otro porque una situación como la de ayer deja la información media de los docentes en un horizonte más estable y de menos incertidumbre.
Volviendo al escenario del foro, los funcionarios del gobierno fueron más bien parcos. Se centraron en citar algunos documentos legales y, especialmente Serrano, a citar aspectos más técnicos del tópico financiero y la referencia a las eventuales investigaciones por pensiones ilegales. Los representantes profesorales fueron interrogados acerca del movimiento y sus expectativas, sus respuestas fueron evasivas (o sea políticas) y por momentos diletantes (como la de Acosta, quien en lugar de afrontar lo que se le preguntaba comenzó una impertinente perorata de estilo roblediano, o sea una secuencia fluida de morfemas sin pausa - como una partitura sin silencios - con ramificaciones sinuosas que no vienen al caso y casi no retornan y con afirmaciones conectadas a las malas por la expresión: "que no es otra cosa que...". En 1986, tropecé con un happening de esa tendencia, el llamado MOIR, en el que se decían cosas como: "contra la Expansión Soviética en Afganistán, no más Belisarios"; más o menos esa es la idea).
Moncayo gozó del favor de las multitudes, arrancó aplausos con solo ser mencionado y se presentó como el adalid de la condición especial de la Universidad Nacional, en la cual, a diferencia de muchas territoriales, no se andan nombrando rectores para pensionarlos más caro (me consta, el último que lo intentó fracasó en su propósito). Se dio el lujo de calificar a su sucesor de agente del Uribismo y - a pesar de su vehemencia infalible, incurrió en un par de contradicciones nodales dentro de este debate.
Fue evidente que la asamblea no ha madurado ciertos conceptos básicos por andar ocupada en sus tareas de paro. No se bajan del dogma de que la actual terapia de choque recibida por la Universidad del Atlántico es la receta que espera a la Nacional si el artículo 38 del plan queda legal. Con esa obsesión corcharon a los participantes con la pregunta sobre cuánto se paga de matrícula en las universidades estatales y en la del Atlántico. Cuando un estudiante dio el dato (después que en la tarima se habían dado estimativos sobre la de Antioquia y la del Valle), citó cifras muy similares a las que pagan las otras; por lo que se pone uno a pensar que el duro ajuste (de hasta 500% para los estratos más bajos) no fue tal, repito, si lo que dijo el estudiante es cierto. El micrófono abierto al público no fue aprovechado para la cualificación del debate sino obsesivo con la descalificación política del Rector y el acuerdo misterioso con el Presidente; volviéndose al punto de que todavía el Plan no es Ley. El sector suicida de los trabajadores gastó su turno en pelear por la presunta amenaza de procesos disciplinarios y remató con la banal e innecesariamente arrogante proposición de que el Rector abandone la Comunidad Universitaria. El directivo reclamó respeto a su carrera y sus méritos docentes y cuestionó que un miembro de la comunidad Universitaria pueda arrogarse el derecho de expulsar a otro de ella de esa manera (estoy de acuerdo con él). Un incendiario más tomó el micrófono y José Daniel se aburrió de la gritería reventando el evento.
Finalizo la crónica con la dolorosa constatación del maltrato del cual ha sido objeto el bello Auditorio León de Greiff, hace no mucho renovado en su mobiliario, adecuado a estándares más actuales y siempre orgullo de la Universidad. Los asambleístas fuman, comen en el escenario, dejan basuras, maltratan los asientos y, como lo denuncia la Dirección de Divulgación Cultural, se dañó el ascensor para minusválidos y fueron robados nueve fluxómetros del baño de hombres. Hace mucho tiempo aprendí a las malas que esos "defensores" de lo público en la teoría, con tan poco sentido práctico del respeto por el bien común, son la punta de lanza real de la ofensiva contra la Universidad Pública. Después se los encuentra uno parlamentando a nombre de cualquier otra causa contraria, o respetando sumisos los bienes de la Universidad Privada cuando llevan allá su dinero para posgraduarse. La altanería la exhiben contra lo público y a lo privado muestran mansedumbre.