domingo, junio 03, 2007

Alto nivel

El viernes pasado me enteré por el portal de la Agencia de Noticias de la Universidad de la entrevista de "UN Análisis" a Álvaro Uribe. Como ingrediente político de la situación del paro, el hecho no me pareció para nada trivial. Un movimiento que ha enfocado su genérica y recurrente bandera: "la defensa de la Universidad Pública" hacia el cuestionamiento del actual Presidente de la República, consigue que éste le responda y lo rete. Al parecer esto no fue visto así por la Asamblea del viernes, la cual ni siquiera mencionó el programa. Al final, Uribe anunció que su Consejo Comunitario del sábado 2 de junio trataría sobre el tema.
Uribe no controvierte el núcleo de los argumentos del sector más analítico de la protesta; vale decir, no habla de eso ni desarrolla los embrollos jurídicos de la contradicción. Claro, insiste en la bondad de su propuesta de acuerdo de saneamiento y se presenta como el magnánimo amigo de la educación pública, a pesar de todas las cosas que se dijeron en el sentido contrario cuando apenas era aspirante a la Presidencia. La intervención de la Universidad del Atlántico, en su discurso, es la mano salvadora que reabrió esa institución, no el origen de su cierre. Las referencias al aumento de cobertura, a la inminente inyección de nuevos dineros para Ciencia y Tecnología, la ampliación de los cupos del SENA, otras medidas de atención a crisis financieras como la de la UIS y la de la del Cauca, el compromiso de no subir las matrículas a los estudiantes pobres (esa puntada es mortal para algunos de los mitos sobre los cuales descansa el movimiento triestamentario),... El anuncio de su disposición a discutirlo en la sede misma de la Universidad, de poco probable realización, remata su soberbia política, para nada infundada, pues son los gestos y los términos que gustan a su público objetivo, el cual no incluye al contradictor de ocasión.
La verdad me perdí el Consejo. Ya suficientemente aburridor me parece su estilo como para presentarme a lo Alcohólico Anónimo ("quiénes somos"), ponerme a pedirle cosas como si fuera el Rey Salomón ("qué pedimos") y presenciar cómo llama a algún funcionario por su nombre y le pide algún dato o le ordena alguna cosa de esas que debería tener un trámite administrativo como más pensado y formal ("Señora Ministra: redáctese ya el decreto y lo dejamos firmado aquí mismo, así a mano, que es que así es como obramos los varones, pues"). Me enteré de la respuesta a una interlocutora: "sólo les pido dos cosas: confianza y paciencia". La parte más escandalosa, desde luego, es la orden a la policía de desalojar a los participantes del campamento que persistía a esa hora en la Universidad. Es claro que el intento de reanudar bloqueos mañana sí tendrá componentes nuevos, después de cuatro semanas de círculo vicioso.
De la discusión académica racional faltan muchas cosas por desarrollar, pienso que las críticas de los juristas que han escrito hasta ahora desde la instancia de la Comisión Asesora, o desde la oposición política al Rector; se han parado en un muy sólido piso jurídico con buena oferta de éxito en las instancias judiciales. Esto también condiciona unas posturas políticas, muy definidas, pero enfrentadas con un actor que tiene las de ganar en ese campo. Y el otro extremo del lío es el económico. La vehemencia jurídica puede usar expresiones como "allá mirará la Nación cómo cubre esa obligación que le corresponde por Ley [y por designio divino], eso no es problema nuestro". Vale, a pesar de la improbidad del abogado que profirió esa especie en el Auditorio, con su inconfundible timbre de Ana Gabriel con edema pulmonar. El problema es que para muchos foros, menos restringidos y nada manipulables con esos referentes, sí se debe tener en cuenta de dónde sale el dinero. Renunciar olímpicamente a esa parte de la reflexión es servir, con moñito de regalo, a tres metros del arco y sin portero, la oportunidad al mefistofélico gobierno de presentar a la Universidad como un lastre para el desarrollo, cerrada a la reflexión y al aporte de soluciones. Eso en lo político de la disputa con el Presidente.
Ya en lo conceptual del asunto (y sin interés político para la mayoría), se trata de uno de esos galimatías jurídicos que obligan a la razón a aceptar un poco de paradojas. La Nación (como sinónimo de Estado) verá cómo responde por eso, porque la Institución tiene compromisos más altos con la Nación (a conveniencia la población, o la Nación por "construir"). Un significante, múltiples significados. Que se joda la Nación para que le podamos responder a la Nación que nos inspira. ¿Cómo así? Algún notable colectivo estudiantil de los 90 emprendió un interesante seminario sobre el concepto de Nación, cuyas memorias no hallo, pero aspiro a hacerlo, ahora que me interesa volver sobre el tema. Sirva de paso para anunciar que uno de mis siguientes temas para entrada larga: ¿Qué es lo adorable, especial, irreemplazable y conveniente que tiene la Universidad para que se pueda tranquilizar a la población acerca de sus costos y su trato especial garantizado por la Ley? Es una pregunta política, pero para responder con firmes referentes académicos.

3 comentarios:

un motor dadá dijo...

(perdón si esta entrada aparece varias veces, tengo algún problema para postearla)

De nuevo gracias, su página es muy útil en términos informativos y fértil para la reflexión.
Yo vi algunos pedazos del consejo comunal. Me perdí la intervención del rector Wasserman. En efecto, es difícil soportar el espectáculo de la democracia-como-reality, sobre todo con el tono condescendiente que depara Uribe a súbditos y subalternos. El paternalismo a veces es explícito ("como padre de familia les pido, vea muchachos, vuelvan a clases"), pero siempre está contenido en la forma de tratar a los estudiantes (muchacho, niña) que podrá ser cariñosa, pero no creo que sea muy conveniente para reconocerles mayoría de edad, ciudadanía. Hay que decir que los estudiantes mismos no han demostrado mucho de eso... (y bueno, hablando de mayoría de edad, lo que decía Kant sobre la Ilustración - "La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad" - debería ser uno de los cacareados fines misionales de la Universidad).

Una estudiante de antropología insistía, hacia el final del asunto, en los argumentos jurídicos que pesan contra la constitucionalidad del artículo 38. Uribe, hábilmente, no le contestó sino que le pidió "confianza y paciencia", como cita usted; Uribe ha hecho todo tipo de promesas respecto a la reglamentación del artículo, pero no ha querido dar la batalla con respecto a su más básica legalidad. En las promesas hay contradicciones y enredos (a pesar de que la ley se propone como una manera de resolver enredos previos, país de tinterillos), por ejemplo, si la universidad "no va a perder plata", entonces ¿por qué Uribe ofrece compensar con plata para la investigación y demás?

Una cosa que me ha preocupado de los dos últimos consejos comunales (el pasado en la UNAD, éste en el SENA) ha sido la insistencia en el menor costo por estudiante que presenta la UNAD frente a la UN. En el consejo un profesor (no recuerdo quién) hizo una buena defensa al explicar que decir que un estudiante de la UN cuesta en promedio nueve millones al semestre es engañoso, porque mientras un estudiante de administración cuesta poco más de dos, uno de música o de medicina cuenta dieciocho. Es evidente que en la UN sí se pierde plata, sobre todo por la burocracia (yo sigo creyendo que la corrupción es mínima, puedo equivocarme), pero también es cierto que muchas instituciones que presentan costos promedio más bajos es porque sólo ofrecen programas con menores gastos. La Universidad tiene que ser más eficiente y transparente, sin duda, pero que eso no sea motivo para dejar de formar arpistas, cineastas, o veterinarios.

Aunque diga lo contrario, en su discurso se nota que en el fondo Uribe sí cree que las universidades son nido de terroristas. Que los hay, los hay - al fin de cuentas, el campus queda en Colombia; pero Uribe nos está estigmatizando como nos estigmatiza el pasaporte colombiano en cualquier oficina de inmigración. Ahora bien, yo creo que la asamblea, el bloqueo y el paro ya lograron todo lo que podían lograr razonablemente; es decir, visibilidad y algo de interlocución con el gobierno. Creo que es poco lo que pueden esperar lograr de aquí en adelante con esa mecánica; hay que mantener la discusión, claro, pero si lo que se quiere es tumbar al gobierno eso no se va a hacer acampando. Mantenernos en asamblea sólo logra, primero, que el movimiento se vaya notando cada vez más anémico, y segundo, que el gobierno pueda presentarlo como irracional e intransigente (que a veces lo es).

Qué tristeza lo de la carta bomba al viceministro. Sí debería haber algún pronunciamiento de la asamblea y de la comunidad educativa rechazando semejante barbaridad. Menos mal al hombre no le pasó nada grave.

un motor dadá dijo...

Corrijo la última entrada: al viceministro Burgos sí le ocasionaron heridas malucas. Dice Eltiempo.com:
"El primer parte médico indica que sufrió heridas en la cara, el tronco y el abdomen por esquirlas diseminadas. También sufrió heridas en el ojo izquierdo, pero sin comprometer sus funciones visuales.
Resultó con quemaduras de segundo grado en los miembros superiores y pérdida de tejido blando en la palma de la mano".
Cómo estará éste país, que uno se siente inclinado a decir "pero por lo menos no lo mataron".

vulturno dijo...

En eso del costo por estudiante uno se acostumbra a pensar que es vulgar ignorancia de los funcionarios de Hacienda al dividir presupuesto por número de estudiantes. Lo tenaz es que, descontando las funciones de investigación y extensión, el dato sigue siendo más alto que en otras instituciones.
Esa es la clase de razón por la cual sostengo que la idea de la Nacional como la Universidad de los pobres es un caballito de batalla bien ficticio. Hay un uso más racional de los recursos y mejor oferta de movilidad social para el estudiante de bajos recursos en programas tipo "quiero estudiar" de Los Andes o en otras privadas. Lo inteligente sería reivindicar la UN como la Universidad buena. En últimas, la admisión no se da allí acreditando pobreza sino pasando el examen, superando a otros aspirantes por concurso.
Por eso también ciertos retos como actualizar la biblioteca, emprender el relevo generacional docente hacia más participación de PhDs, incrementar el número de grupos de investigación acreditados, internacionalizar los programas académicos y promover mayor penetración en la industria y en la investigación por parte de los egresados; son metas estratégicas de la defensa consciente de la Universidad Nacional. Lo otro es retórica vacía.