domingo, julio 30, 2006

Pacho Santos

El Tiempo es el periódico de mayor circulación en Colombia, el que más pauta publicitaria vende y la cara principal de una poderosa empresa mediática, con gran influencia en la política de la ciudad de Bogotá, donde se mueve la tajada principal de la economía nacional. Tras la debacle financiera de su único competidor en la escala nacional, el aun más antiguo El Espectador (víctima de la guerra que le hizo Pablo Escobar Gaviria asesinando a su director - Guillermo Cano - impulsando un veto de anunciantes acatado por muchos de los guardianes actuales de la moral y objeto de un salvaje atentado con bomba; luego rematado por las erróneas prácticas administrativas de los herederos), quedó sin contrapeso en su escala de influencia. Los apellidos Santos y García-Peña están asociados con columnas editoriales que han sido vistas desde hace décadas como las portadoras de la línea del establecimiento, de los caminos que debe tomar la política.
Desde la década de los setentas y hasta bien entrados los noventas la capitanía del diario estuvo en manos de los hermanos Enrique y Hernando Santos Castillo, quienes determinaban al detalle cada contenido de ese medio, llegando incluso a prácticas corruptas como la modificación del texto en una caricatura, sin siquiera consultarlo a su autor (así terminó la época del caricaturista Vladdo en ese periódico). La nueva generación de los Santos ya escribía. Enrique Santos Calderón venía de dirigir la revista Alternativa, hito de la prensa izquierdista en Colombia y obsesión crónica de algunos, mientras su columna "Contraescape" representaba la nota disonante de la línea familiar, aunque fue llegando a una convergencia óptima con padre y tío para el momento del relevo (uno de los dos decidió morir castrista). Rafael Santos y Guillermo Santos, buenos seguidores de la línea de los viejos, también sacaban sus notas sobre política y sobre el negocio de la tecnología (bueno, artículos sobre cómo quitarle la protección contra escritura a un disco flexible o cosas así de elevadas) respectivamente. Juan Manuel Santos, pésima pluma, comenzó su carrera de político, la cual ha sido exitosa siempre y cuando él no sea el candidato a nada. Pero faltaba uno, el que se suponía que solo servía para gastarse la plata de la familia en rumba y consumos colaterales, el que nunca sonaba por sus escritos.
Francisco Santos Calderón, el de la voz chillona y el tonito altanero de gomelo del norte, siempre alterado y con síndrome del conejo. Se volvió importante cuando fue secuestrado por "los extraditables", aparato armado del Cártel de Medellín. A diferencia de Diana Turbay, fue uno de esos secuestrados ilustres que Pablo devolvió vivos de manera incruenta (como con Andrés Pastrana Arango, quien - investido de heroísmo mientras se opacaba el horrendo asesinato del Procurador General Carlos Mauro Hoyos - salió del secuestro a ganar la primera alcaldía por elección popular en Bogotá). En la larga entrevista de una página publicada por El Tiempo cuando lo soltaron, 'Pacho' relataba que el día de su rapto preguntó a uno de los secuestradores si eran del narcotráfico o de la guerrilla, a lo cuál el tipo le contestó que cuál prefería; el narcotráfico, contestó.
Luego vino su gesta en el activismo contra el delito del secuestro, la creación de la Fundación País Libre y la primera ley de iniciativa popular (si mal no estoy, la única) expedida por el Congreso. La dura ley, que ataba las manos de los familiares de los secuestrados para pagar rescates, terminó por caer. Sin embargo, el mejor momento del éxito político de Santos vino en la segunda mitad de los noventas. La imagen de su ONG como el negativo de aquellas de derechos humanos que solo veían las barbaridades cometidas por el lado del Estado y sus colaboradores, fue transformada por una actitud flexible en algunas discusiones y actos concretos. En una seguidilla de marchas que se realizaron en varias ciudades en 1997, la postura oficial de los organizadores era que no solo se protestaba contra el secuestro sino contra otras modalidades de privación ilegal de la libertad, fueran causadas por grupos armados ilegales, delincuencia común, agentes estatales o autores desconocidos.
Yo estuve en la que se hizo en Bogotá y, aunque había arengadores de la postura ultraderechista, lo que se vio en la tarima fue un ejemplo de ponderación. Un sacerdote de la Catedral Primada hizo una intervención muy sensata que anuló el efecto propagandístico que oportunistas como Pablo Victoria querían darle cuando gritaban hacia donde estaban las pancartas de Fedegan (que era donde yo estaba). Hubo intervenciones de familiares de víctimas con distintos tipos de victimarios. Secuestrados por la guerrilla, familiares de Alfonso Cano secuestrados por paramilitares, plagiados por la delincuencia común, desaparecidos por fuerzas del Estado y el terrible rapto de una menor de quien no se sabía nada. Yo estaba impresionado por la altura y la claridad de los organizadores, pero Pacho la regó, como dicen en México. En su turno de palabra dijo que tenía un mensaje para quienes decían que la sociedad civil no existía o no servía para nada: que esa marcha ya había obtenido el primer resultado. Dijo que lo acababa de llamar Carlos Castaño al celular, que no sabía cómo había obtenido el número (bueno, para que supiera que no era una pega, mínimo lo tenía en sus contactos), pero que como una forma de saludar esa manifestación había decidido liberar a los familiares de Cano.
A pesar de haber opinado varias veces de otra manera, Santos se vinculó a la campaña de Álvaro Uribe a la presidencia, lo cual le generó cierta distancia pública con algunos de sus familiares en el periódico. Su tono alterado, que debe mantener con el Cristo en la boca a su cardiólogo, ha sido recurrente cuando emprende guerras santas contra los detractores del gobierno. Ahora que lo pienso, he visto más inteligencia en las subidas de voz y jugadas pendencieras del propio Uribe. La vez que paró al tipo de AI en España fue de quitarse el sombrero, incluso Carolina Barco se lució. Pero Pacho parece que no es como ciertos tartamudos que conocí, brillantes para el lenguaje escrito como compensación. Su mediocre prosa escrita no es complementada con habilidades oratorias ni argumentativas. Su último lapsus linguae es de antología y por eso escribo hoy acerca de él.

sábado, julio 29, 2006

¡Qué calor!

Vagando por la blogósfera encontré un enlace a un sitio muy singular. Bueno, en realidad varios lugarcomunes de los corresponsales de guerra que vienen por aquí, pero no deja de ser interesante mirar el material.

Guayabo

La verdad ni en mis tiempos de rumba viví en serio el malestar post borrachera, guayabo, resaca o chuchaqui, como lo llaman en quechua. Me refiero al otro eufemismo por guayabo, el que asocia el epílogo de la juma con desamor, con insatisfacción, con aburrimiento. Me inspira esta situación la experiencia de la noche anterior. Visité una zona de Bogotá por donde no pasaba hace por lo menos veinte años, el entorno de la séptima como con 170, hospital Simón Bolívar y colegios con nombres alusivos a tormento de religiosa. Por viejos resabios ideológicos, de esos que se dejan pero que persisten en el acento, uno tendía a pensar que la ciudad vivía el abandono en su extremo sur y que el norte era todo cuidadito y pinchado. Obvio que ya hace años sabía de la degradación del espacio en la esquina nororiental, por los boquetes de la explotación minera y las consecuencias geotécnicas de la misma combinada con la deforestación y la urbanización irracional de las laderas; pero me sorprendió el contraste entre ese ángulo feo de la pomposa localidad de Usaquén con la faceta ostentosa. De hecho vi ambas cosas como siendo tan parte de lo mismo; en particular uno de los límites, donde el baldío mal tenido del entorno de una cantera empalma con un par de estrafalarios edificios, de esos con vidrio de espejo; caros pero igual de feos a los barrios de la loma.
El abandono del entorno es patente, la ausencia de andenes bien cuidados, de semaforización adecuada, la forma tan veredal de comportarse los policías (vi una camioneta de la policía desembarcar a unas seis colegialas a las cuales llevaba en el platón, en plan no propiamente legal). Nada que ver con el mito de la "ciudad que queremos", la que "encontró su camino". El actual proceso de desarrollo de esa localidad es un nuevo capítulo de la mentalidad corroncha* que tanto transformó la cara de muchas ciudades intermedias y de la misma Cali, diez o quince años atrás. Es el legado de las urbanizaciones sin urbanismo y sin urbanidad.
La noche fue rematada por una peregrinación al centro solo, fantasmagórico. Último viernes del mes, pero como que no pagaron. Para completarla, viví la angustia de la pobre provisión de buses del inefable transmilenio sobre las horas de cierre del sistema. Una auténtica desgracia.
En otros temas, don Luis Noé Ochoa comentó en El Tiempo sus impresiones sobre la noticia de la semana. Coincido con su lectura del asunto. Bueno, yo intuía que mi juego de palabras al respecto no podía ser único ni original, más bien era inevitable. Por cuenta de la columna de Ochoa terminé leyendo las confesiones de Tola y Maruja, las cuales no vi hace una semana por andar de viaje.
Glosario:
* Corroncho es un adjetivo usado en la costa Caribe colombiana para aludir a estrafalario o de mal gusto.

viernes, julio 28, 2006

Tino

Normalmente bajo el influjo de la cerveza, he afirmado varias veces que el pesimismo y la patética melancolía de la tradición lírica de la música popular latinoamericana hacen del grunge y otros lloriqueos anglosajones simples rondas infantiles, ayes como los de la pajara pinta. Romances perdedores en los valses ecuatorianos, orgullos de macho derrotados en memorables rancheras (las de José Alfredo sí que me patean), evocaciones de ranchos abandonados como en ciertos sones y bambucos, dolores no curables con mejoral en paseos vallenatos, lacrimosos lamentos andinos, saudades melosas en distintos ritmos brasileños... Pero nada supera al Tango, a sus dictámenes de fatalidad tan llenos de ese pragmatismo de la calle y la noche.
Y dentro del tango mismo, capítulo excepcional ocupa Enrique Santos Discépolo, el del famoso "Cambalache", el certero pintor de la imagen de "Esta noche me emborracho". Aquí, su atinada proclama, interpretada por quien tenía que ser:


miércoles, julio 26, 2006

Monólogos de la Virginia

Anoche fabulaba un código en Matlab, cuando me llamaron para que viera el hit televisivo de la semana: el sincopado relato de Virginia Vallejo acerca de sus andanzas con Pablo Escobar Gaviria y de sus razones para señalar a Alberto Santofimio Botero como autor intelectual del homicidio de Luis Carlos Galán Sarmiento. La verdad, lo vi por pedacitos y casi al final, porque estaba más o menos en lo mío; pero no dejó de impactar el ritmo errabundo de su dicho, cierta gesticulación adormilada y el vacío profundo de su floja defensa ante la pregunta obvia de cualquier espectador: ¿no es delito no haber denunciado todas esas cosas en su momento, preferiblemente antes de consumados los delitos? (Rta: esas vainas prescriben).
El canal que transmitió el monólogo presentó en su programa de variedades, el fin de semana pasado, la representación de una entrevista a su principal presentadora de chismes de farándula, debido a que fue compañera de trabajo de Vallejo y aprovechando que por primera vez en muchos años se podía volver a hablar de ella, gracias a la 'suficiente ilustración' que trajo la noticia de su testimonio en el proceso de Botero; a través de notas, imágenes de archivo y evocaciones del legendario aspecto de sus piernas. El formato de la declaración unilateral, sin preguntas, sin incomodidades, deja un sabor propagandero, o por lo menos la sensación de negación del ejercicio de la crítica. De todos modos, también se presta para que la credibilidad de la denunciante quede en entredicho, pues sus gestos e indecisiones saltan a la vista. La lánguida tragedia de una Milady sin dientes, sin embrujo sobre su amante - el pobre Pablo - manipulado por mi doctor Santomafio y llevado por este a la perdición, mas no por las artes horizontales ni el poder de la belleza.
La forma estrafalaria como el sitio web del Canal RCN presenta su éxito, acompañando una transcripción que parece rebuznada a cuatro manos por los mismísimos Jorge Alfredo Vargas y Claudia Gurisatti (transcribiendo ay como "ahí" y diciendo que Perú cogió a Abimael Guzmán y 'votó' la llave) con una narración en negrita llena de arabescos y figuras más propias de un capítulo radial de Kaliman o alguna novela mexicana, que de un documento de interés periodístico sobre hechos delictivos que tuvieron impacto en este país. Una periodistada más para lamentar.

lunes, julio 24, 2006

José Granés

Falleció esta mañana el profesor José Granés, de quien aprendí dos o tres cosas relevantes sobre la vida y la política, aunque comparto que su oratoria académica no fuera tan memorable. Se fue una gran persona, un maestro de la sensatez y todo un referente ético.

jueves, julio 20, 2006

Independencia grita

Hoy se conmemora con día feriado la declaración de independencia de Colombia. El 20 de julio tiene lugar el desfile militar más importante del año y se inicia la legislatura de cada año en el Congreso. También es la fecha de referencia para leerle la carta astral al país y el nombre de un barrio popular de Bogotá, con una famosa iglesia muy visitada por la fama de milagroso de su divino niño de Praga. Veintejuliero es el mote que se gana un tipo particular de discurso, de arenga pasional que invoca la pobreza y su redención. Francamente no sé si el origen tiene que ver con el carácter popular del barrio o por la anecdótica proclama de José Acevedo y Gómez en 1810, la que hablaba de los momentos de "efervescencia y calor".
La otra independencia, la de Cartagena de Indias, nada más amerita una fiesta de la cual solo tiene resonancia el reinado nacional de la belleza, el cual selecciona a la representante de Colombia para Miss Universo; con todo y que fue más atrevida porque pretendía independencia total de España, no solo de los Borbones. La de Mompox, en cambio, nadie la menciona, ni tiene feriado propio. Recuerdo que hace unos años alguna mano grafitera tapó parte del nombre del Parque de la Independencia en el centro de Bogotá, quedando como parque de la dependencia.
Desde que subió Álvaro Uribe al gobierno, la conmemoración de esa fecha viene antecedida de un gran despliegue de paranoia en los barrios céntricos de Bogotá. El sacrosanto Transmilenio sufre la interrupción de su operación o su racionamiento, se emplazan soldados, policías y auxiliares bachilleres por varias vías y se proclama la ley seca y otras restricciones.
Yo entiendo que, con los antecedentes de violencia política de mi amada patria, cuando la historia de mi familia tuvo gran influencia por los duros avatares que hacían que el color de la corbata fuera visto como adscripción partidaria y convertía a su portador en blanco fijo de las pasiones políticas; con todo eso se prohiba la venta y consumo de alcohol alrededor de las fechas electorales. Pero que esa prohibición sea una prevención creíble ante actos terroristas, no me lo creo. Vendría a ser como que alguien, porque se emborrachó, decidió volverse guerrillero, fue a su casa a sacar ese mortero que tenía guardado bajo la cama y lo disparó contra los maquillados rostros de las fuerzas especiales.
Listos, la seguridad presidencial tiene que ver con la no circulación de peatones ni automovilistas por las inmediaciones del centro, tanto que la carrera séptima quedó permanentemente vedada entre las calles séptima y once por cuenta de tantos fantasmas que asedian la labor del mesías. ¿Pero a son de qué me prohiben a mí comprar unas cervezas en un supermercado a tres o cuatro kilómetros de distancia?
En fin, hoy es el día en que celebramos no ser más españoles de segunda mano sino colombianos de tercera. Campeones en número de países que nos exigen (y nos niegan) visa y nos revisan el colon en los aeropuertos. Día de colgar la bandera y ver películas malas en la televisión nacional (qué adjetivo más desacertado). Me voy a caminar un rato.

sábado, julio 15, 2006

Plantilla

alojamiento cortesía de photobucket.com
Abandono la plantilla negra por una que resulte más cómoda para la lectura. Procuraré no hacer muy seguido cambios tan abruptos. Pensaba ahora en los tiempos en los cuales traté de hacer cosas divertidas con del DHTML, pero me aburrí rapidísimo cuando me encontré con la cantidad de cláusulas y precauciones por los tipos de navegadores y sus versiones, amén de la API de cada sistema operativo. Esa es una de las razones por las cuales detesto encontrar en un sitio los anuncios de "se ve mejor con..." o "no insista, pagina diseñada para ver con...". Pero bueno, esa tragedia persigue a muchos estándares, como me ha tocado ver en recientes epopeyas con códigos de supuesto alcance universal.

Treinta años

El 11 de julio de 1976 falleció en Bogotá León de Greiff, mi poeta favorito. La fecha justa de este aniversario me tomó esclavizado por los plazos finales de un proyecto. Este post, y otros que se me ocurran durante la semana, serán mi forma de recordar al poeta que no vivió de sus poemas, tampoco de la profesión de ingeniero, cuyos estudios no terminó. El antioqueño que se hizo famoso por hacer poemas y no por hacer empresa, el poeta que se la ganó trabajando en la construcción de ferrocarriles, tras de una ventanilla y dando clases. El constructor de un insondable universo de palabras, la cuales nos sorprendieron tanto más cuando hallábamos la mayoría en el diccionario, comprobando que más que un fabulador de neologismos era un gran cultor de nuestra lengua materna.

Sonatina

Todavía irrumpir, irrumpir otra vez, echar
más favilas al viento,
más guijarros, más lascas, más jacillas al mar.
más sueños al azar,
más azar al soñar,
más líneas de tangencias y de evasión al cavilar.

Todavía irrumpir, irrumpir otra vez, otra vez dar
de beber al sediento,
de yantar al hambriento,
de atesorar al avariento...
Otra vez dar de amar y de yogar al sediento, avariento y hambriento del liento
surco del taladrar, del singlar, del arar, del navegar, del sembrar, del fecundar, del germinar,
[del cosechar...
Yo siempre digo como siento.

Yo siempre digo lo que siento,
yo siempre vivo como siento,
yo siempre escribo lo que siento,
yo siempre escribo cuando siento cuánto siento, sin cesar, sin cejar,
y siempre con aromas y ritmos, melodías y pasmos del soñar -al azar-,
siempre con ácidos y sales y heces y posos del pensamiento.
Yo siempre escribo lo que siento,
lo que siento o presiento sentir, rudo, hasta muy más -a lo hondo- del lacerar y el lancinar
mi corazón. Y lo que siento siento y presiento sentir, duro, cuando el cogitar
-pensieroso- hasta muy más -hacia el ápex- del meditar,
del cavilar hecho martirio, lacra, estigma, tormento.

Todavía irrumpir, ogaño. Todavía. Otra vez. Otra vez echar
más pavesas, vilanos, más briznas de bazofias de basuras al viento,
más cenizas y escorias y zurrapas al mar,
más abalorios y falaciosos oropeles y espejismos falenciosos al soñar -al azar-.
Más azar, más albures y suertes, más mitos delusorios y fábulas ficticias al soñar.

Todavía irrumpir, irrumpir otra vez, para dar
de yogar y de amar y se herir, de folgar y extasiar y yacer al aún turbulento;
de beber, de placer y soñar -pero nunca en jamás le saciar-,
al de sólo de ensueños y fervor y furor y de ardor y de amor y de sedes opulento.
Yo siempre siento lo que doy en pensar.

Yo siempre siento lo que doy en pensar.
Yo siempre pienso lo que doy en sentir. Siempre siento
lo que doy -al azar- en trovar e idear, en soñar y ensoñar e imaginar
y, -juglar,
ministril, minnesinger, trovador y poeta-, en fabular...
En fabular y fabular
con heces y color de fantasía, nébulas irisadas de ficción, sombras del divagar;
en fabular y fabular
con perfumes de almendro y de azahar-
y ritmos y armonías y melodías en peregrino modular,
y en contrapuntos y contracantos, discantes y secuencias del errabundo maquinar;
en fabular y fabular
con ácidos y sales y tósigos y tóxicos y filtros y heces y posos del pensamiento virulento.

Yo siempre siento lo que doy en pensar.
Yo cuento siempre como siento:
como siento y presiento sentir y presentir entre las venas, entre su red tentacular,
hasta muy más -en lo profundo- de lo anímico y medular,
y como pienso cogitar -pensieroso-trascendente- y soñar, ensoñar y vagar
-infraconsciente- hasta muy más allende (a la cima, a la sima) del befar,
del zaherir, de la locura en serio, del disparate, la bufonada, el esperpento.
Yo siempre pienso como siento,
yo siempre siento como cuento el invento y el intento y el portento
del momento.

Todavía irrumpir, irrumpir otra vez, derramar,
emanar, dimanar, y -con ello- aromar. Aromar:
de zábila es, de sándalo de amomo la savia que me resta dispender...
Otra vez reverter,
con ello deterger, derruir, corroer: son ponzoñas letales las hieles que me falta propinar,
las hieles que me falta consumir...
Todavía irrumpir, irrumpir otra vez, otra vez irrumpir:
sólo cuenta el minuto, sólo vale el momento en movimiento.
Sólo importa el instante del catar:
sólo importa el instante en que se toma, se posee y se goza al pasar:
y el efímero instante del catar, saborear, gozar y disfrutar y poseer...
Todavía irrumpir.

Todavía irrumpir. Irrumpir otra vez... No cïar.
Todavía irrumpir. Siempre izar, no amainar.
Todavía irrumpir, irrumpir otra vez. No anclar en el recuento
de fazañas, proezas, de éxtasis y deliquios de dulce memorar,
de capitoso retrotraer,
de deleitable revivir...
Todavía irrumpir.
Irrumpir otra vez. No amainar. No cïar. Jamás anclar...:
menos -al pairo y en carena- enmohecer.
Aún menos, incurrir en el recuento de lo que pudo ser,
ni en el de empeños vanos y fallidos conatos, hechas de delinquir o de perder,
delusorias estancias, aciagas estadías, embaidores mirajes, -de sollozo y lamento...-
Todavía irrumpir. No cejar. Todavía irrumpir.
Todavía, todavía irrumpir: si todo ha de finar,
todo de se abolir,
si todo ha de finar, de caducar y de periclitar y de parar
-memento- en el Memento.
Si todo ha de caer
en el no ser, si todo ha de finar y concluir
en el se ir:
sabio es vivir viviendo a toda hora, toda hora, sabio es vivir, vivir.
Vivir el día ya, vivir el día desde la albada hasta el atardecer.
Vivir el día hasta el se echar
en cómodo decúbito y yacer.
Vivir el día el día sin cesar, sin cejar.
Sin cesar sin cejar y erigir:
y erigir a lo efímero, de lo efímero, con lo efímero, perenne monumento.

Yo siempre vivo lo que siento,
yo siempre pienso como siento, yo siempre siento lo que cuento,
como invento y de intento:
con aromas y ritmos, melodías y pasmos del soñar -al azar-;
como invento y de intento...

Para echarlo a volar y a danzar, a danzar y girar,
para echarlo a danzar,
a danzar y bogar y vagar,
a danzar y volar, parabolar, cabriolear y revolar
con el viento,
con el viento -que es viento para el viento,por el viento, en el viento...-
León de Greiff, 1955

sábado, julio 01, 2006

Qué puedo decir

Del duelo de paquetes ha sido puesto en evidencia el mayor de todos. No me puedo quejar a ese respecto. Lástima que Argentina no hiciera lo necesario para mantener su ventaja, porque a todas luces era más equipo que Alemania. Con una sola opción de este lado de los Pirineos, la copa se queda en Europa. Qué mundo loco.

martes, junio 27, 2006

Yo y mi candidez

Reconozco que se necesita ser muy cándido para pretender que la fiereza que sacaron los Ghaneses para eliminar a República Checa iba a salir contra el paquetazo publicitario del torneo. Esos partidos de cancha sola son un escupitajo a la buena fe del público. Mala jornada para el fútbol africano.

lunes, junio 26, 2006

Medellín

No me creo del todo ese cliché de la Medellín violenta e indiferente. He estado allí y conozco muchísimas facetas de la gente real y sé cuánto de lo malo que pasa por allá también ocurre en Bogotá sin tanta difusión. La imagen del homicidio de un profesor de la Universidad de Antioquia en un negocio aledaño trae a mi memoria pasajes duros ocurridos en el mismo escenario a ilustres desconocidos; historias de sangre y pánico en la sala de urgencias del Hospital San Vicente de Paúl, cercano al lugar. La sede de la Universidad de Antioquia es un espacio bello y normalmente apacible en comparación con el ritmo de esa ciudad. La sola idea de que se viva una tensión por amenazas, con gestos directos de intimidación y la zozobra de la muerte violenta indiscriminada, casi que no es evidente para el visitante desinformado.
Por ahora no me interesa ser sabio o astuto para reconocer los móviles o las explicaciones. Repugna a la razón que tenga algún sentido algo como recibir un tiro. Es decepcionante.

Goles y otras cosas

Me encanta cuando un triunfo neto y honesto como el del Deportivo Pasto se da; me encanta que no pasen cosas extrañas faltando veinte minutos. Otra historia es el falso penal (al cual AP y El Tiempo llaman "dudoso") con el cual saldaron hoy el partido de Italia y Australia. Mañana Ghana tiene la oportunidad de mostrar lo que es jugar sin deslumbrarse por el precio del rival. Confío en que esa gente se pare con dignidad, como lo hizo México frente a Argentina.
Ah, y hoy salió algo en El Tiempo que me llena de gratos recuerdos.

viernes, junio 23, 2006

Fatiga

Ando con un pico de trabajo que no me ha dejado pensar mucho en nuevos temas para posts, aunque se me ha salido la manía comentadora en otros blogs. Tal vez la otra semana respiro un poco; además quiero volver a postear fotos.

jueves, junio 15, 2006

La tormenta apenas comienza

Comenté en mi post anterior mi preocupación por la campaña de expectativa de una seguidilla de noticias que apuntaban a unos resultados sobre libreto. No estoy en la ilegalidad ni me interesa escribir apologías acerca de justas insurrecciones ni heroicas justificaciones de males necesarios. Ni métodos ni fines me acercan con ningún proyecto armado de corte subversivo, sea su subversión la de la destrucción del presente sistema económico, o la de su supuesta defensa sustentada en la aceptación social de líderes de las economías ilegales. Tengo claro que la persecución que hagan las autoridades policiales y militares de mi país contra quienes se han asumido en rebelión o simplemente delinquen con la motivación que sea, tiene un soporte legal y unos modos reglamentados. Por eso mismo comento y cuestiono algunos caminos que han tomado estos sucesos.
La idea de que las universidades estatales de Colombia son centros de reclutamiento y adoctrinamiento de cuadros para los grupos alzados en armas contra el Estado colombiano es un viejo lugar común sustentado en situaciones que se presentaron en ciertos momentos del pasado, con singulares réplicas en tiempos recientes. Sobre eso comencé a escribir algo cuando me empecé a tomar en serio este blog. Por compromiso personal he construido mi postura al respecto, primero conociendo y reflexionando mucho, pero no es el espacio para hacer proselitismo con ello. Lo cierto es que las noticias de las últimas semanas evidencian una manipulación de eventos y situaciones, con gran perjuicio para mucha gente.
El porcentaje de personas que en las universidades encuentran interés o terminan involucradas en situaciones de violencia, propaganda o algún tipo de provocación frente al Estado es semejante al que puede hallarse en el país. Por supuesto que ciertas condiciones sociales, psicológicas y similares hacen que esas posturas guarden matices bien diferentes a los que se podrían observar en un municipio como Fortul (Arauca), o Puerto Rico (Caquetá) o Dagua (Valle). Una idea tonta que a veces se me salía entre cervezas, es que la expresión "fulano de tal decía... tal cosa" trae un tiempo verbal que se podría interpretar como que el tipo se la pasaba diciendo eso, cuando de pronto solo lo dijo una vez o lo escribió o se interpretó de algo que dejó por ahí. Así mismo existen imágenes mentales que se hace uno como transeúnte, o como consumidor de noticias. Para mucha gente, después de tanto oír decir que en la Universidad Nacional se la pasan lanzando objetos peligrosos hacia la calle, se le mete en la cabeza que eso pasa todo el tiempo y que nada más ocurre allí. Yo también pensé por mucho tiempo que en la Universidad Javeriana todo mundo se la pasaba sentado en unas gradas o caminando para adentro y para afuera o rumbeando en los sitios aledaños, hasta que tuve que ir a actividades académicas allá.
Por supuesto algo va del reclutamiento de cuadros dirigentes que - entre los años cincuentas y sesentas - hicieron las guerrillas en el movimiento estudiantil de la época, a los recientes casos de jóvenes estúpidamente inmolados en la realización de acciones tipo atentado personal o bombardeo indiscriminado en espacios urbanos, así como el hueco sacrifico de los mismos en el frenesí de batallas rurales, en las cuales no duran un suspiro. Incluso, habiendo ocurrido cosas similares en tiempos de fervor revolucionario, si se quiere de moda, la reedición de ciertos fenómenos en contextos tan disímiles necesariamente tiene que invocar explicaciones más complejas.
Hace unos años, a raíz de un extraño atentado con granadas de mortero lanzadas desde un sector no muy concurrido y poco vigilado de la Ciudad Universitaria en Bogotá, la Fiscalía organizó un allanamiento a la Universidad, concentrado en lugares donde se almacenaban materiales de estudio, cuya tenencia se respalda en cuestiones enteramente legales. Por ejemplo, sustancias incautadas al narcotráfico y entregadas a la institución para fines académicos, fueron confiscadas de manera maliciosa y además muy torpe (un agente de la Policía se quemó las manos con soda cáustica por su manejo nada profesional de los recipientes que revolcaba). También lo fueron elementos del laboratorio de aeronáutica, producto este de un convenio con instituciones del Estado. Lo más pintoresco fueron las preguntas de algunos funcionarios de la Fiscalía, evidentemente antiguos tirapiedras o infiltrados policiales, quienes indagaban por oficinas estudiantiles desaparecidas años atrás. Lo cierto es que las incautaciones fueron una irrespetuosa manera de sindicar a la academia y a la institución, por unos actos cuyas características evidenciaban algo secretamente planeado por pocos - muy probablemente ajenos al espacio - y no una confabulación de cientos de académicos para herir a unos vendedores ambulantes frente al 'bunker'; algo fácil de ver, aun para un abogado tan malo que sus preparatorios solo le sirvieran para ser vincualdo a la Fiscalía. Vale recordar que el día de los atentados, el Fiscal General de la época, comentó sonriente (en un arrebato de cinismo criminal, o pelada de cobre que llamamos algunos) a unos periodistas: "esos son los posgrados de la Nacional"; burrada que tuvo que tragarse en comunicado público cuando un funcionario judicial lo emplazó a que desarrollara su afirmación.
De unos años para acá, la nueva generación de incidentes anticipaba una fabulación como la que se viene presentando en los medios. Hace unas semanas el Secretario de Gobierno del Distrito dejó entrever que se harían capturas, fundamentadas en la idea de que una persona que no ha terminado una carrera después de más de un intento, necesariamente es culpable de alguno o varios tipos penales. Esta forma un poco extrema de entender el éxito y el fracaso académico fue enfatizada en el caso de la captura masiva de varios meses atrás de varios personajes vinculados a la Universidad de Antioquia, ante la cual El Tiempo publicó perfiles personales de las extremas demoras de un par de capturados. Sí existe un perfil, unas señales sospechosas y unos antecedentes reales de personas que han prolongado su permanencia en las universidades como parte de la realización de planes macabros, pero no creo que sea sano enfatizar en ese tema de la edad y el tiempo como prueba penal definitiva (habiendo tantas razones para que una persona tarde en conseguir un título y tantos casos individuales únicos) ni creo que sea muy ético ese realce del tópico cuando se trata de procesos penales que apenas comienzan.
Por supuesto vendría la cosecha de noticias y esta semana la primera se precipitó de manera abrupta. Independientemente de que una institución como la Policía tiene que ser rigurosamente investigada cuando ha tomado a un sujeto (si se quiere Satán en persona) vivo y libre, lo ha mostrado ante los medios y lo entrega 'suicidado' en sus calabozos; es importante que se revise esa forma de relacionar delito con instituciones y grupos sociales, particularmente cuando siendo tan complejas las cosas reales y tan rodeadas de prejuicios, los comunicadores sociales, los que devengan sueldo por escribir sin investigar y sin pensar y sin preguntar, pueden ser partícipes de un daño muy grande. Como se despedía Émerson de Francisco: "que Dios los perdone".

jueves, junio 08, 2006

Nubes negras

La arremetida invernal me tiene funcionando a media marcha y con amenaza de resfriado. Recién ayer, recibí un poco de sol que me dejó un poco quemado, a raíz de un desalojo por disturbios en la Universidad. Hacía tiempo no me tocaba salir de un edificio en medio de gases lacrimógenos y la receta de ayer sí que estuvo desesperante.
La recurrencia de estos eventos me inspira cierto pesimismo, pues hay una confluencia de percepciones que no trae nada bueno. Por un lado, la ficción de un proceso creciente de entusiasmo y participación por parte de los organizadores de la refriega; quienes tienden a evaluar el asunto como un avance en un proceso de quién sabe qué pero que creen tener muy claro. Por otro la misma percepción desde la mirada exterior, de quienes ven esa aparente multitud la confirmación de sospechas acerca de conspiraciones, manipulaciones por actores oscuros y temidos; además de los lugarcomunes que algunos tienen a flor de labios para referirse a la Universidad.
Un cierre preventivo por elecciones, con allanamiento a bordo (debería poner "el pávido návido", para ambientar la memoria de los tiempos de Turbay). Una exótica interpretación acerca de la inveterada pilatuna delincuencial de lanzar voladores (como se llama en Bogotá a los cohetes esos que se lanzan para las celebraciones; los de la tonta charada esa de ponerse la mano frente a la boca, desplazarla hacia arriba mientras se pronuncia una s prolongada y rematar con un aplauso que evoca las explosiones distantes del artefacto), orientados con un tubo, para presentarla como 'morteros' (interpretación de citytv basada en la declaración semitécnica de un policía).
El ambiente queda dispuesto para que pase casi cualquier cosa. Con ambiente de amenazas y con mensajes de sectarismo escritos por ahí, quedan fabricadas las excusas para situaciones trágicas como las que se han vivido en otros tiempos. Quienes celebraron ayer la realización exitosa de su choque con la policía (más la posibilidad de arengar por un rato a unos cuantos curiosos, en un escenario que de entrada excluye a la gran mayoría de la comunidad Universitaria y a la generalidad de la sociedad), demorarán en ver las otras facetas de su 'happening' y aun más en entenderlas. Así pasó con otras generaciones y así tendrá que ser con esta. Eso no excluye costos ni problemas, aprendizajes inútilmente repetidos. Y pensar que las grandes batallas por poner el conocimiento, la academia, al frente de la transformación de nuestro pedazo de mundo, no son tan vistosas ni tan escandalosas, no conquistan ni indignan.
Ya escampó, vuelvo a mi laboratorio...

martes, junio 06, 2006

Submundos

Hace un montón de tiempo, algún noticiero de fin de semana divulgó la labor de un redentor de oficio de los habitantes de la calle. La nota se centraba en una visita a un hogar-alcantarilla en el caño Arzobispo, el que pasa por el Parque Nacional, sigue por la 39 y sale a la 30 frente el Agustín Codazzi. En esa época ahí en frente quedaba la embajada de Francia. Un amigo del colegio, vecino del sector, me relato cómo la nota periodística como cosa rara había exagerado algunas cosas sobre estos personajes.
Unos años después tuvo cierto revuelo periodístico una oleada de homicidios en lugares de concentración de estas personas en Bogotá. La llamada 'limpieza social' fue tema de informes y libros y viajes al exterior financiados por ONGs. Se discutió ampliamente sobre la inmoralidad de apodar 'desechables' a seres humanos y hasta hubo un minihit teatral con actores naturales, dirigido por Patricia Ariza. Tan de moda estuvieron los ñeros, que se llegaron a organizar lunadas en la temida 'calle del cartucho', Manú Chao exigió ser hospedado allí en una de sus giras y un pequeño habitante de las calles del centro protagonizó uno de sus viedoclips y fue llevado a Francia a cambiar de vida.
La preocupación por el asunto ha ido y venido, ha habido tesis, experimentos, informes, conceptualizaciones, ... Desde la puesta en marcha del proyecto del parque del tercer milenio, con el desalojo radical del cartucho, se desató la trashumancia de un cuadro aparentemente localizado. Barriadas humildes protestaron para expresar que no querían gente así como vecinos, mientras otras se sorprendían al ver esa migración pasar frente a sus ojos. Que un indigente pase por la cuadra es la principal razón (ante la escasez de goles de nuestras selecciones o triunfos de Montoya) por la cual suenan las alarmas de seguridad de muchas cuadras. Sobre la movilidad de estas personas, tengo aun muchas inquietudes por resolver. En tiempos de más intensa cacería en alguna ciudad, muchos se desplazan a otra, no por bus intermunicipal, a pie parece que tampoco; pero a veces pareciera que nuestro país estuviera atravesado por una red de túneles como la de la película "Underground". Yo vi cuando la Policía subía a un camión a los gamines que más frecuentaban el entorno del Hotel Tequendama en 1986, con motivo de la visita del Papá. Comités de ornato de todas las ciudades bendecidas se enviaban unas a otras caravanas de 'indeseables', además de cartas de protesta. Otro misterio son los asertos de quienes promulgan esas cacerías. Quienes definen que se asesine a todos los indigentes de una ciudad como, digamos, Barrancabermeja, se agarran la cabeza preguntándose cómo aparecen otros, de dónde salen. El modelo ecológico con el cual tratan de explicarlo no tiene variables sociales.
Pienso seguir con esto, por una inquietud especial. En medio de la diáspora de la indigencia bogotana, hay un especial repoblamiento de las rondas de los canales de desagüe. Tras largas semanas de crecidas y mucha humedad y mucho frío, esos han sido escenarios de una de las facetas más fuertes de la ecología humana en el entorno bogotano. Los ñeros que se apropian de puentes o pequeños refugios, asumiendo incluso la seguridad ciudadana del entorno (porque los crímenes de otros les cuestan a ellos); los que saquean elementos metálicos del equipamento de la ciudad (tapas de alcantarillas, contadores, herrajes de los puentes peatonales de aluminio, etc) o raspan paredes de ladrillo; los que establecen su nicho en competencia con roedores y aves comedoras de carroña; los que no pasan discretamente, por alguna condición psiquiátrica extrema (hasta aquí la enumeración, para no parecer comercial de coca cola). La humanidad metida en alcantarillas, asentada junto a los cuerpos de agua... Continuará...

viernes, junio 02, 2006

La noche

Nunca fui el más rumbero, ni el más de nada en cosas de la noche. Sin embargo estuve por los laditos y exploré algunos lugares inimaginables, frecuentados por tipos humanos irrepetibles. Pero ahora siento una distancia especial, infranqueable, con ese mundo. La calle nunca me costó gran cosa, caminé esta ciudad a muchas horas y atravesando rutas no recomendadas. De hecho caminé muchísimo, por gusto, por adoración al cansancio. A veces fanfarroneé con que la calle no me ganaba, pero ya no afirmaría cosas así, entre otras razones porque esta selva me la han intervenido, por tanto sus señales no se pueden interpretar igual y mutan cada día.
Por cierto, no me he ajuiciado, más bien soy un inmaduro timorato y apabullado con los símbolos y formas de quienes hoy se apropian de las callecitas y los metederos que frecuentaba en tiempos prezanahóricos. Mis modos también cambiaron y no encajan con ese paisaje del recuerdo. Bueno, algunas tendencias ambientales no cambian, como el consabido aroma a orinal público de La Candelaria.
Hace apenas un par de horas me perdí mientras observaba esas cosas desde afuera, sobrio, ajeno. Sobre todo sin nostalgia, sin ganas de repetir.

miércoles, mayo 31, 2006

Finalmente, el sexto bit

Hoy cumplí 32 años. Mi salud no me dejó abusar de ella por hoy, pero la he pasado bien. Además de los cataclismos de inevitable trascendencia, ando desconectado de las noticias y gozándome la fecha. Debió ser para halagarme que establecieron el 31 de mayo como Día Mundial sin Tabaco, propósito aparentemente ingenuo pero relevante. Seguiré en mi jolgorio.