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domingo, julio 22, 2007

Mal de muchos

Cuando Rius era izquierdista, definió en su "Pequeño Rius Ilustrado":
Chusma: Se dice cuando el antepasado de quien escribe no estaba en el grupo.
La simpatía por las masas es sin duda interesada y circunstancial. Es fácil caer en el encantamiento de las multitudes y a todos nos ha tocado vivir la decepción de sus caprichos. Inevitablemente, se vuelve sobre el dictamen de las mayorías como fuente de razón o de autoridad; en general nos gusta pensar que lo bueno y conveniente es aceptado por la mayoría. Nuestro sistema político se fundamenta en el sufragio para ciertos cargos claves del poder ejecutivo y legislativo; mientras que la cúpula del judicial recurre a otro método electoral, pero con el pequeño universo de los parlamentarios.
El dilema a veces no es tan fácil de resolver, pero creo que estoy del lado de aceptar que, en las cosas públicas, es preferible arriesgarse a que la mayoría se equivoque a que ciertas minorías persistan en imponer sus luces. Por supuesto que nuestra idea de lo público y sus dominios es precaria en esta sociedad. Un humedal recluido en los predios de un club privado es sin duda una usurpación de un bien público, pero se pone uno a pensar seriamente qué sería del mismo al someterlo al régimen de la propiedad de nadie (que es lo noción de público que tienen muchos, especialmente los más dañinos). La verdad a mí se me aparecen imágenes nefandas.
Diagnósticos clínicos, decisiones de ingeniería, estudios de impacto, procedimientos judiciales y muchísimas decisiones críticas no descansan en el voto universal sino en consideraciones de experticia (o algunas menos racionales a veces). La administración pública tiene facetas que aparentemente tienen que ser resueltas por especialistas acreditados académicamente pero resultan mejor manejadas por quienes actúan pensando en la aceptación general; pero no siempre. Y en las excepciones hay casos realmente vitales.
Con la reciente debacle del llamado movimiento triestamentario; de la asamblea que decretaba cierres forzados de facultades y dirigía marchas y otras acciones de protesta a propósito del Plan de Desarrollo del segundo gobierno de Uribe; me encontré con ciertos viejos rasgos de esa política improvisada. La recta final de la legislatura preveía que esas eran las fechas indicadaspara generar hechos noticiosos para una presión política adicional a la que se daba dentro del Capitolio. Como muchas de esas gestas legislativas, una cosa es lo que se les dice a las masas congregadas en la Plaza de Bolívar y otra la que se juega en los pasillos aledaños al hemiciclo. Allí la consigna que manda es "yo te rasco la espalda y tú me rascas la espalda". Micos, componendas y otros juntaron las voluntades de polistas y uribistas. Los funcionarios de la protesta en la Universidad Nacional recurrieron a la fórmula efectista y arriesgada de los bloqueos. Al impedir por la fuerza la realización de las actividades académicas lograban dos cosas: una audiencia que de otra manera no podrían convocar (la multitud agolpada a la entrada del edificio) y la asistencia a su asamblea grande y a sus tareas por parte de quienes la condicionana no estar faltando a obligaciones académicas. En uno de los puntos más delirantes de su aventura, llamaron novedoso a este método. Que unos muchachos recién llegados al debate universitario se pretendan inventores del agua tibia en papeletas es normal y esperable; pero que viejos sindicalistas y profesores salgan con eso es una declaración de languidez.
Como el cuerpo directivo de la Universidad se encontraba en labores de cabildeo, buscando que los congresistas eliminaran el artículo que imponía el pago total de la obligación del pasivo pensional por parte de las universidades estatales del orden nacional; no hubo enfrentamiento inicial con ese movimiento. Salvo un incidente previo a los exámenes de admisión de pregrado, cuando se temía que la persistencia en bloqueos y la sacada recurrente de pupitres de sus lugares diera al traste con la jornada, no se intimó a los paristas a que abandonaran sus prácticas aunque se los invitó a pensar en ello. Ese momento me recuerda un primer elemento político de la situación. Los directivos llevaban meses lidiando con el Ministerio de Hacienda y el de Educación a propósito del tema. Las dificultades para pagar un par de mesadas de 2006 y el cambio de condiciones jurídicas para exigir lo que no fue tan difícil hasta 2005 hicieron que el tema se convirtiera en la preocupación central de la actual administración. A mediados del primer semestre renuncian los vicerrectores y otros funcionarios oponiéndose a la determinación de costear el déficit presupuestal para 2007 con ingresos propios bajo responsabilidad de cada sede. Al comenzar el proceso del debate al PND fueron numerosas las reuniones conparlamentarios y las acciones conjuntas con otros rectores. En todo ese tiempo la organización sindical que más protagonismo asumió no adelantó gran cosa en informar y cualificar sobre este tema. Sus denuncias hablaban de la presunta declaración de las universidades como zonas de orden público y otros temas más rigurosamente gremiales. La marcha que convocaron para el 18 de abril, con firma genérica, anunciaba el paro de comienzos de mayo pero solo trataba de lo que llaman "crisis humanitaria" y criminalización del comunidad universitaria. Ya iniciado el paro, cuando el Vicerrector de Sede explicaba la conducta de las directivas e invitaba a coordinar esfuerzos por una causa común, esa dirigencia sindical insistió en diferenciarse, en declarar que su movimiento surgió sin pedirles permiso a las directivas y que seguirían así no se permitiera el ingreso a la Universidad. El pasivo pensional, problema real, es una excusa para los políticos y ese tipo de gestos es una expresión de su mentalidad.
La versión definitiva presentada al Presidente para sanción cambió el artículo de la responsabilidad total para las universidades por una fórmula de concurrencia a definir. La espera a los pasos siguientes del problema legislativo y jurídico cambiaba el ritmo del movimiento pero la agenda de la agitación tenía ya programados nuevos eventos el 23 de mayo y la dirigencia inercial optó por persistir en sus bloqueos y su intransigencia. La Ciudad Universitaria mantuvo sola entonces. Por las mañanas cierta cantidad de gente llegaba a ver si se vislumbraba el fin del paro y aun a sentarse en el auditorio a escuchar o participar (si la dejaban). En un par de ocasiones las directivas ordenaron desalojos de los campamentistas para poder reanudar clases en la semana siguiente; anuncio ante el cual la asistencia al campus volvía a crecer, pero los bloqueos daban al traste con ella, conformándose con llenar un salón cuya capacidad es bien limitada, comprando su propia ficción de mayoría.
Cuando la rectoría buscó aval de las mayorías mediante la consulta electrónica (método controversial, desde luego), la respuesta fue más contundente que las elecciones de representante estudiantil al Consejo Superior. La dirigencia del paro quiso especular sobre conductas fraudulentas y aun arrogarse haber conseguido la abstención de la mayoría (participó la tercera parte de la comunidad convocada, a pesar de que la mayoría de las terminales para estudiantes no tenía libre acceso por culpa del bloqueo; el mensaje fue claro y contundente). Al insistir una vez más en sus bloqueos, la dirigencia enquistada del paro tiró por la borda su convocatoria. Las directivas anticiparon vacaciones estudiantiles para salvaguardar el cumplimiento de compromisos de fecha inmodificable (cursos intenacionales, escuelas de verano, etc.) y la tozudez parista se estrelló con su tamaño real. ¿Por qué un movimiento supuestamente tan masivo, se resquebrajó de un solo golpe por unas vacaciones? Es obvio que la audiencia tenía incertidumbre y al resolverse esta no tuvo más que escucharles a los directivos de Sintraunal. La mayoría bien podía querer marchar, pintarse la cara, aguantar frío en el campus; pero sobre todo iba a estar enterada del cronograma. La primera marcha en vacaciones fue dolorosa para los bloqueístas. No es lo mismo resistir tres o más horas de perorata en el confort del Auditorio León de Greiff, con la amplificación del mismo, con las sillas acolchadas, con empleadas encargadas de recoger las envolturas de alimentos y las colillas que los defensores dejaban allí todos los días; a someterse al azar de los elementos, el viento, la lluvia, el piso duro, que mi mamá no me da plata para los pasajes porque estoy en vacaciones... No es lo mismo pescar entre la multitud que vuelve a clase que tener que convocarla casa por casa, en todas las localidades, ciudades, pueblitos, hoteles, blanearios, etc.
Allí comienzan los juicios. El problema son las directivas y el sector sindical se enrancha en que toca conseguir su renuncia; gesto irrelevante en la gestión a propósito del pasivo pero triunfo político de su grupo de llegar a darse. Tras tantas semanas de contar con las facilidades de la Universidad para la reunión y comunicación, el movimiento se da cuenta que no se cualificó, que no tejió redes estables, que no diversificó audiencias ni alianzas. Durante las vacaciones anticipadas avanza nada y pretende recuperar bríos al volver. Aunque el auditorio se llena, como ya comenté, es evidente que el hechizo se ha roto. El romance con las masas llega a su fin. Algunos tratan de adornar con donaire el despecho:
Yo No Me Sentaría En Tu Mesa
by Fabulosos Cadillacs
Por más que quieras sacarnos de nuestro lugar
y pienses que solo somos un puñado de idiotas
no no podras quitarnos lo que hicimos ya
ahora somos más hermanos que antes
Ya no podras mirarnos a los ojos más
nosotros somos amigos, vos que solo estás
por más que quieras tapar toda nuestra voz,
nunca podras callar esta canción
(oh . . . oh . . . oh . . . )

Y si después no crees lo que te estoy diciendo
mira mis pies bailando al son de este ritmo
voy a vestirme de traje aunque me vea mal
voy a saltar toda la noche sin parar de silvar
está lloviendo pero yo no voy a mojar
mis amigos me cubren cuando voy a llorar
por más que quieras tapar toda nuestra voz
nunca podras callar esta canción.
(oh . . . oh . . . oh . . .)
Tomado de aquí.
Otros son menos dulces y otros deciden conmemorar la Fiesta de la Virgen del Carmen con lanzamiento de petos y la descalificación del nuevo curso de los acontecimientos. Ayer se glorificó (y aun se exageró) a la multitud, hoy se la condena.
Con el tiempo yo tuve mi distancia con la retribución hedónica de la liturgia de multitudes. No es de mi naturaleza gozar de lo homogéneo, de lo sospechosamente unánime. Admiro, desde luego, ciertos aportes estéticos ligados a la disciplina y el gregarismo, como este:

Tampoco todo lo masivo que no me gusta es homogéno. Una vez que, como etnógrafo de fin de semana, intenté analizar in situ un ritual religioso de los Bethesda huí sigilosamente después de controlar mi pánico en medio de una especie de clímax o trance colectivo en el cual cada uno de los participantes hacía su propio performance. Unos lloraban, otros brincaban o se tiraban al piso o se quedaban rígidos y la combinanción de rollos particulares, caótica, era bien espeluznante. Amo sentarme en más de una campiña a gozar de los ruidos de insectos, batracios, aves o micos sin partitura ni director; pero ese happening de los "hermanos" no me inspira paz.
Mi conflicto adolescente con ciertos apologistas a ultranza de los métodos del paro que pasó tal vez tiene que ver con un viejo dejo de una militancia olvidada. Está ligado a una vivencia llena de contradicciones, muchas de ellas harto edificantes, inquietantes, apasionantes. Era la experiencia del disenso persistente pero dinámico, orgulloso de su inteligencia. No concluía como las epopeyas esas de "el plesidente mau guio a las masas hacia su felicidad". No trataba de aniquilar ni doblegar ejércitos sino de desarrollar controversias, elevarlas y a veces desecharlas por otras más pertinentes. Con el contradictor se establecía esa experiencia, a veces al punto del rencor pero con un gozo tal por la diferencia que se abominaba la fórmula de la eliminación física. Así fueron duros golpes a esa Universidad el homicidio de Jesús Bejarano y el de Alberto Alava; con balas de diferente bandera pero de jaez semejante, idéntica.
A diferencia de la bulla litúrgica, el debate racional, el preparado y comprometido, dispone inteligentemente de las disonancias; induce dudas, incita razonamientos. Es el cromatismo de la Universidad que defendí entonces y defiendo ahora. Es la posibilidad de escuchar a quien me diga lo que creo que no quiero oír, que me rete a pensar. Son un montón de profesores con quienes pude discutir. Menciono un par de los que ya no están: José Granés y Fabio Chaparro; personas que me enseñaron en medio del disenso. Esas prácticas discursivas que pretenden hallar la coherencia en la satanización del adversario y en la homogenización de las voces, han generado personajes lánguidos y dañinos. Recuerdo una frase de cierta facción maoísta puesta en las paredes: "repudiar a las autoridades académicas que desprecian las masas". La parte chistosa era imaginarse cuántos machetazos heurísticos, cuántas consideraciones de cifras significativas, cuántos modelos físicos peligraban con esa advertencia. La parte jarta fue cuando alguno de sus seguidores compró el cuento de que esa contradicción se resolvía a los golpes y la emprendió a puntapiés contra Antanas Mockus tirado en el piso.
Manejar de manera efectista una multitud, con tonadas fáciles y sin discusión es una técnica sencilla; casi que la ejecuta un mono entrenado:

Investigar, pensar, proponer y comprometerse son cosas de más largo aliento y exigen trabajo y seriedad

miércoles, julio 11, 2007

¡Vaya!

La verdad andaba como pesimista al respecto de los acontecimientos de ayer al volver de vacaciones. Me aguanté toda la asamblea, excepto la fórmula litúrgica del video unilateral realizado por los paristas (1,2,3), porque ya lo había visto. El Auditorio estaba colmado, accedí por las gradas de más arriba y milagrosamante conseguí silla desocupada en buen estado (al lado de una inutilizable por exceso de defensa).

alojamiento cortesía de photobucket.com

Primero intervino el representante estudiantil al Superior, quien sugirió doblez y promesas incumplidas de parte del rector, reclamando también por la condición mayoritaria del gobierno en el Superior: la Ministra, o en su reemplazo el Viceministro cuya integridad personal le resulta irrelevante al "movimiento"; dos representantes del presidente, Paulo Orozco - veterano docente de física de la Nacional, egresado de la misma y de probado compromiso con la institución - y Jorge Orlando Melo, egresado de la Nacional, en donde también ha desempeñado la docencia; Carl Langebaeck, representante por el CESU y profesor de los Andes aunque nada ajeno a la Nacional; Ignacio Mantilla, representante del Consejo Académico y docente de larga carrera, además de decano de Ciencias; Víctor Moncayo, representante de los ex rectores, paleo samperista y polista al uso; Orlando Acosta, representante de profesores, razonero político de Jorge Robledo, y - para completar 8 - Arturo Olarte, representante estudiantil, nombrado a dedo por su organización política para representarla a partir de una consulta electrónica como la considerada ilegítima por el "movimiento", solo que con libre (aunque menor) participación de la comunidad universitaria (sin bloqueos de edificios donde se encuentran los computadores).

Luego intervino el benemérito representante de profesores al Consejo de Sede, J.J. Yunis, para informar que los profesores aun no se habían reunido; seguido del histórico y solitario líder de ASPU, quien objetó el contenido del comunicado más reciente del Rector, por considerar sus cifras de difícil comprensión y luego posó de astuto al ridiculizar la afirmación de que el pasivo estaría saneado hacia 2040, por estar entonces ya muertos los pensionados. ¿Preferirán Pedro y El Pasquín que se sanee en menos de diez años a costa de la liquidación de la institución? Comentó también la situación de calendario de otras universidades.

Luego vino "su majestad", "El Rey", a enfocar su cizaña contra los directivos, a descalificar la respuesta que le dieron a una carta de su sindicato por cartelera (pública) y no en su real cámara. Reclamó por la blanqueada de murales en la plaza (falta gravísima, pecado mortal), por el allanamiento ordenado - según su real majestad - por el Vicerrector de Sede (ahora le atribuyó facultades de autoridad judicial, esos son nuestros líderes); por la visita del Ministerio de Protección Social para verificar cese de actividades (ahí sí nada de retroceder nunca, rendirse jamás) y remató con su exigencia de destituir funcionarios. Era de esperarse que alguien tan habituado a proteger la estabilidad laboral de responsables de faltas graves, decida exigir la destitución de quienes no besan el suelo donde pisan sus reales pantuflos. En varios lugares del campus, el aerosol vinotinto, distintivo de los áulicos del Rey, llama al Rector lacayo del régimen paraco y le demanda: "fuera de la UN y del mundo entero". "Mandar al otro mundo" es matar, Juan Carlos, mejor bájele y ordene a sus incondicionales gregarios que le bajen.

Después habló una de las miembras participantes de la "Comisión de acercamiento", quien explicó los alcances de esa comisión de manera atropellada y urgida por darles paso a los informes por facultades. Salvo Ciencias, se escucharon varios informes con conclusiones más o menos semejantes, mantener el movimiento combinado con la finalización del semestre. Derecho exigió restitución total de horas y transformación de los contenidos de las asignaturas para que traten de la problemática. Ellos dicen que allá se puede, claro, qué tal modelar a los pensionados como fermiones o hacer un balance de materia... jurídica en Ingeniería Química. Una chica de artes dijo que dejaron de tocar sus obras por dos meses y medio; si era música, me preocupa que los estudiantes no tengan su propio instrumento y abandonen su práctica por períodos tan largos. Por Ingeniería, el representante al Directivo (tal vez lo recuerden por confundir CID con CEIF) denunció el avance de la reforma académica y las presuntas incongruencias de lo dicho por el Rector ante ese Consejo; luego de lo cual fue interpelado por Yunis, quien insistió en que la de ahora no es la misma que hundieron entre 2005 y 2006. De las intervenciones sueltas se destacó por lo larga la de cierto profesor de Diseño Gráfico, quien habló de esperar la vuelta de vacaciones de las otras universidades (en la semana en la cual muchos rezarán por la multiplicación de las décimas) y exigirle a FECODE y a la dirección del Polo más apoyo y el salto a transustanciar la reivindicación en la denuncia del "régimen narcoparamilitar de Uribe, etc". Una representante de los padres de familia expuso sus consideraciones sobre la continuidad del asunto, proponiendo estampar una camiseta que parafraseara la consigna de la paz (a propósito de la semana pasada) y compartió su testimonio sobre una experiencia místico-político-marcial; Al ser abordada por dos atracadores armados, vio en ellos a Uribe y a Wasserman y lanzó un antiguo mantra: "hijueputa", que ahuyentó a los malos. A propósito, si usted ha experimentado episodios psicóticos de este estilo, no dude en consultar a algún profesional de la salud mental, es mejor descartar.

Una de las más cantinflescas (casi tanto como la de un mechudo de Ingeniería), fue la de un tipo que dijo que la Universidad hacía mal al pagar a profesores visitantes y al recibir extranjeros para dictar. Que con ese mismo dinero se podría pagar la formación aquí de los futuros profesores o mandarlos a estudiar afuera. Un estudiante de posgrado (ni idea de cuál área) volvió el tema un asunto patriótico: "lo que se perdió en academia se ganó en Patria". Sin comentarios. El secretario del PC anunció el respaldo del Polo y habló de la continuidad del movimiento, al que calificó como justo. Cerebro, ya mencionado en entradas anteriores, habló de "elevar" el nivel político (o sea hacerlo compatible con el rollo de su combo) y de la importancia de la "estructura", o sea la subordinación de las discusiones por facultades y carreras a la tiranía última de la "asamblea general". Se votó la realización de una marcha, de otra marcha, de las camisetas (de usar para ellas la plata que no se usó en la pancarta que habría de ondear en la final del torneo de la A, la cual no se hizo en Bogotá, Parce), un par de detalles más y a almorzar.

Reconozco que la asistencia fue notoria, conozco el régimen demográfico de la participación en estas cosas y ese auditorio lleno, y semilleno a la hora de la votación afanada, es mucho más de lo que normalmente se esperaría después de tanto tiempo y tantos errores. Reconozco también mi sorpresa al no ver insistencia en los bloqueos (con todo y que los discursos reflejaban su añoranza). El trámite jurídico y de negociación política que sigue es arduo y largo; requiere de argumentos y de evitar confrontaciones internas destructivas como las que sugiere el monarca al hablar del "enemigo interno". La fácil es creer que la misma jugada que terminó en gol en ocasiones anteriores el adversario no la ha estudiado ni calibrado; de fiascos así ya hemos tenido muchos. En este ratico, han logrado más de lo que creen, tener a tantas carreras trabajando en conformación de organizaciones estudiantiles es mucho más de lo que se alcanzó cuando era eso lo que se quería. No me hago falsas expectativas con la cualificación de ese proceso pero lo que vi ayer es más de lo que esperaba y es sin duda un viraje sensato.

viernes, julio 06, 2007

A weak defense

Colombian chancellorship foreign ministry web site has published this dateless response to press articles about an inconvenient video showing a paramilitary leader among the people that attended to a political meeting, supporting current president’s campaign; and a statement of a famous drug-trafficker about a supposed financial support from another one to the same campaign. Using the “myth-fact” format, chancellorship the ministry states feeble excuses.
The first one is that the candidate’s strategy of “gaining recognition through town-hall meetings” has made kind of impossible to know the identity of every person he met during his campaign. But Álvaro Uribe is an old politician and a very notorious leader supported by many assistants and advisors. He started his political career at late seventies and has exerted positions as major, congressman, civil aeronautics officer and governor. He does know how do national and local formal and informal power work. He knows many details about the Colombian conflict and its military development. He has repeatedly claimed this knowledge and has even remarked his participation in the commission that Andrés Pastrana’s government sent to dialogue with demonstrators that blocked the Vía Panamericana, the main highway in south western Colombia, in November of 1999. He has stated suspiciously he was dealing with a social movement manipulated by Marxist guerrillas, as a proof that he is an indulgent contradictor and not the hard right wing politician his enemies have described.
The middle Magdalena valley is a very well known scenario of Colombian violence. In a television show, at late 1989, right wing journalist Plinio Apuleyo Mendoza, invited Uribe, a petroleum labor union leader and a landowner’s organization leader to talk about left and right political ideas and violence. The three showed a defined attitude about that region, formerly dominated by left-wing social movements and Marxist guerrillas, and gradually invaded by paramilitaries since earl eighties. Barrancabermeja, the city where the denounced meeting happened, is a reputed social movement’s stronghold and underwent a crude confrontation, because the offensive of paramilitaries to expel guerrillas from suburbs in late nineties. Massacres, blasts, displacement, refugees, political control by arms and corruption, domination of illegal business, etc. Most of these facts were widely denounced and divulged by commercial and alternative press. Paramilitaries renamed a city park with the name of his historical leader, de drug trafficker and mass murderer Fidel Castaño. Demonstrations manipulated by this mafia were done several times supporting its interests. And then, in 2001, this candidate went to this city and met this anonymous communitarian leader who says him: “I am the responsible for citizen security in my neighborhood” and answered asking: “Do you collaborate with police and army?” and got quiet when the guy answered “yes”. It is not a decent explanation to say: Whoopsy! Oh, sorry, it’s my very first time!
The second point, the Ochoa’s accusation is something about what I don’t have any information but it is obvious that the accusation and the statement of the asking for an investigation are not a myth-fact valid couple.
The conclusion, below the title “the truth”, blames a “larger campaign” for these incidents and remarks the myth of government’s popularity avoiding the critical points of the debate.The divulged part of videos can be seen at Equinoxio.

martes, junio 12, 2007

Lo público

Advertencia: Esta entrada es de las largas y es tópica de un diálogo comenzado varias entradas atrás, en particular respondiendo a preguntas formuladas en los comentarios de la más reciente.

La amenaza

La Universidad como institución ha pasado por momentos difíciles desde antes de ser fundada. El mismo hecho de provenir de instituciones preexistentes supuso decisiones de gobierno para transformar una cosa en otra, para cuestionar un pasado y esbozar otro proyecto. La fecha oficial de nacimiento de la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia, 22 de septiembre de 1867, nos remite a un gran agradecimiento con el "Olimpo Radical" (que no era un profesor cascarrabias de Veterinaria, sino el gobierno de los liberales radicales durante una década del siglo XIX) y ha llevado a muchos a hacerse la ilusión de que la Nacional tuvo cuna y designios rebeldes. Curiosamente la radicalidad los llevó a liberalizar tanto las profesiones que vulneró una de las principales funciones sociales de la Universidad, la de licenciar a sus graduandos ante la ley como profesionales, como la negación del tegua. Cuando la generación de entusiastas colombianos de Córdoba llegó al poder con la República Liberal, se presentó la gran Reforma Universitaria (y de la misma Educación Básica), con la consecuente oposición de sectores universitarios y externos a la institución. Cualquier cambio, bueno o malo, agenciado desde una instancia gubernamental, enfrentará siempre posturas, que de endurecerse terminarán por afincarse en que la condición inmediatamente anterior es justa, conveniente y la mejor de las posibles. No es un carácter exclusivo de nuestra nacionalidad, en muchas partes del mundo la Educación es uno de los fenómenos más conservadores que puede haber. Siempre mira al pasado y sospecha de lo que viene.
A esa Reforma del 36 reaccionó anticipadamente el clero fundando la Universidad Pontificia Bolivariana y resucitando la Universidad Javeriana (por entonces la misma institución que el Colegio de San Bartolomé). Luego de caído el liberalismo del poder se dieron timonazos en sentidos divergentes y vino también el nacimiento de nuevas universidades privadas (de Los Andes, Jorge Tadeo Lozano, de América, Piloto,...), pero también de importantes departamentales como la UIS y la del Valle. Muchas de las privadas aparecidas en los 50 y 60 surgieron de crisis internas de la Nacional. 60 y 70 fueron las décadas que consolidaron el panorama general que hoy conocemos de la composición de la matrícula universitaria en Colombia de acuerdo con la naturaleza privada o estatal de las instituciones. Las universidades estatales son el bicho raro del sistema (como el 40% de la matrícula universitaria y no mucho más del conjunto de la Educación Superior); la Nacional tiene algo así como el 4% de la matrícula universitaria total del país, algo bien diferente a lo que se puede ver en México, Argentina, Brasil, Venezuela y muchos países de distintas ubicaciones en la economía mundial.
La síntesis histórica forzada, para no irme de la primera pregunta de Motor Dada, viene a cuento porque recuerdo haber participado en el movimiento estudiantil contra la aprobación de la Ley 30 de 1992, de Educación Superior; la cual desarrolla un vago artículo constitucional acerca de la autonomía de la universidad colombiana y reemplaza las disposiciones del Decreto-Ley 80 de 1980, sobre la misma materia. Por supuesto los activistas del momento anunciamos el fin del mundo, denunciamos el cumplimiento de agendas internacionales malintencionadas y casi expresamos conformidad con la ley que se derogaba. Eso sí, salvo un fallido intento de paro a las malas, con el cual no estuve de acuerdo, sin necesidad de bloqueos fue un movimiento concurrido, de buen nivel de debate, con marchas valientes (como la que hicimos el 28 de octubre del 92 a la Plaza de Bolívar, con todo y que una M-60 de la PM apuntaba desde la mañana a la entrada de la 26, hubo amenazas reales y presenciales - no había e-mail - contra ciertas cabezas del activismo de la época, el sindicato y los profesores nos sacaron el cuerpo muy a las 9:00 A.M., tras dejarnos salir por la 45 nos cercaron frente al Colegio Americano policías con subametralladoras por el frente y soldados con fusiles por detrás, ambas fuerzas sin equipo de antimotines; y - tras un surrealista acuerdo con el Coronel Bautista, legendario comandante de la Estación de Teusaquillo - avanzamos hasta nuestro destino, tras cinco años de prohibición de acceso de manifestaciones a ese lugar) y con todas las contradicciones que uno no ha terminado de verle.
De paso eso me recuerda una escena que me enseñó mucho sobre ese tipo de conflictos. La salida a las gradas de algunos congresistas a congraciarse con la multitud era apenas una muestrica gratis de lo que internamente se jugaba en lo político. El ponente, senador liberal y ex-rector de la Universidad Nacional, ofrecía cosas en las universidades y transaba con los demás parlamentarios. Por ejemplo César Pérez García, sujeto bien mal reputado, hizo meter en la composición del Consejo Nacional de la Educación Superior (CESU) a un rector de las universidades del sector de la Economía Solidaria (solo existía una, la Cooperativa, casi que propiedad de él), en flagrante conflicto de intereses; corregido por vía judicial (el texto), pero con garantizada impunidad para su intocable pensión de congresista. Este tipo de transacciones prosaicas no se parecen en nada a los maléficos planes de los documentos de Santa Fe y sí tienen mucho que ver con agendas más localistas y de región, del lugar de las instituciones privadas de educación ante su mercado y ante la ley y de otras mezquindades bien disimuladas.
Quince años después, no se ha acabado la Universidad. Ha cambiado, sin duda, pero es bien diferente a las proyecciones que hacíamos desde las tarimas. En Planeación Nacional se sigue lamentando la existencia del artículo 87 de esa Ley y es considerado uno de los grandes culpables del desequilibrio fiscal en Colombia en la era posterior al cambio de Constitución (junto con el crecimiento del gasto en el sistema judicial). De la aparición de la Representación Estudiantil al CESU derivó una nueva generación de aparatos estudiantiles nacionales, o sea formas organizativas (primero el CONSEC, luego la ACEU y etc.); resucitó la Representación Estudiantil al Superior de la Nacional (cortada desde 1972); se financiaron eventos nacionales e internacionales con dineros del ICFES, del Fondo Nacional de Bienestar Universitario;... El activismo político estudiantil tuvo nuevos escenarios y nuevas investiduras.
Cualquier oferta de cambio representa amenazas, en primer lugar con la permanencia del estado de las cosas como lo conocemos. Pienso que la comparación con los casos de empresas comerciales del Estado intervenidas o privatizadas es sugerente pero no demasiado pertinente en el caso de las instituciones educativas. Sé muy bien que Uribe se ufana de no haber liquidado sino reestructurado Telecom, salvaguardando las pensiones (claro, yo conozco gente que fue al desempleo y no puede ser tan suave para juzgar el proceso). Sé que, en clara divergencia con la lectura de ASPU, se precia de haber logrado la reapertura de la Universidad del Atlántico, mediante la presente intervención de sus finanzas. Pero también conozco el profundo contraste entre la actitud ante las crisis de los hospitales San Juan de Dios e Infantil de la Misericordia de Bogotá, por parte de médicos y trabajadores. La adoración irracional a derechos adquiridos, la imposibilidad de modificar convenciones colectivas llenas de detalles políticamente impresentables, el apego a principios inmutables sin sustento económico; significaron la debacle del primero, en contraste con lo que resultó de un esfuerzo colectivo, de un sacrificio racional y continuo, de una actitud práctica y generosa a la vez; gestos que salvaron al HOMI, con todo y las plazas laborales que soporta y necesita.
Es obvio que, en el camino de la racionalización del gasto, de su orientación hacia rubros de mayor interés para tal o cual gobierno (a la larga todos terminan subiéndole a defensa), los sectores, las instituciones, las entidades territoriales, desarrollan su pelea para no perder las asignaciones con las que contaban y considero legítimo controvertir al gobierno en este aspecto, incluyendo las acciones judiciales contra la Ley del plan y la elaboración y promoción de la Ley de Pensiones. Pero por su naturaleza, la principal universidad del país debe estar a la altura de los retos que estas coyunturas sirven de excusa para evadir. Este gobierno presentó unas metas de cobertura educativa desde su inicio; la respuesta nuestra ha sido cuestionarlas invocando la calidad. Pero muchas veces parece que llamamos calidad a hacer las cosas como las hemos venido haciendo y no desarrollamos la idea. La política de enconcharse y estancarse a ultranza solo sirve para que otros, que sí se ponen a hacer la tarea, avancen en resultados tangibles y presenten un entorno más confortable para los destinos de los dineros de este sector. Sigo en el siguiente punto.

Universidad Pública

Algo de lo que se habló mucho cuando la Ley 30 fue de la transfiguración del concepto de Universidad Pública. La Educación Superior pasó a ser un servicio público y como tal, prestable por operadores privados. Merced a esa Ley, instituciones privadas como Los Andes o la Javeriana, reciben cuantiosos aportes de la Nación, como reconocimiento a indicadores logrados. Esto es, universidades de naturaleza privada prestan el servicio público de la educación con ayuda de dineros públicos. La categoría que quedó viva a los ojos de la Ley fue la Universidad Estatal, de orden nacional, departamental, municipal y distrital; con la obligación de la Nación y la entidad territorial correspondiente de sostener su presupuesto en pesos reales e incrementarlo al menos el 30% de lo que suba el PIB; además de las rentas propias de cada institución. Un dogma de fe infaltable en nuestros discursos consistía en considerar ese componente de rentas propias como la forma paulatina del Estado para desentenderse de esa obligación. Obviamente afirmaciones como que la Universidad solo será autónoma cuando tenga autonomía financiera (informe Atcon) cambiaban súbitamente la tonalidad de nuestras letanías (las consignas) para convertirlas en agresivos juramentos, sanguinarias arengas y uno que otro movimiento parabólico. Hoy lo veo de otra forma.
En la mayoría de nuestros políticos prácticos y sus intelectuales funcionales, la confusión arbitraria entre estatal, gubernamental, público y otros adjetivos asociados es persistente y chapuceada a conveniencia. Un rector de un colegio distrital, con título de abogado y militante del Partido Comunista, respondía ante el reclamo por su negligencia ante el daño de unos pupitres: "¿de qué se preocupa si eso es del gobierno?". Foristas de eltiempo.com defendían el daño de pupitres en la avenida 30, invocando que son propiedad de los estudiantes. Un ciudadano indignado escribió una vez a la versión impresa de ese mismo diario que le parecía inaceptable que la Biblioteca Central de la Universidad Nacional no le permitiera utilizar sus servicios sin la carta de presentación de una institución con la cual se tenga convenio; se preguntaba si acaso no era pública. Jíbaros, vendedores informales y otros maldicen cuando son requeridos a abandonar el Campus: "esto es público".
Los objetivos públicos, los intereses públicos, se pueden definir alegremente dentro de una perorata política de tal o cual secta. A según. Para el caso de la Universidad Nacional, me parece que hay que insistir en un valores sociales más bien soslayados por el discurso de los paristas que más han gritado. La Universidad Nacional tiene en Colombia gran credibilidad por su sistema de admisión, el cual ha sido burlado en el pasado, pero se ha adaptado a los nuevos retos, siendo el más complejo de su tipo en el país. Tanto es así que el Ministerio de Educación escogió a la institución para preparar el examen de evaluación a los docentes de Básica y Media, cosa que aterrorizó al componente mediocre de la directiva de Fecode (precisamente por el prestigio de la Universidad). Fue pionera en el acceso de la mujer a la educación universitaria en Colombia, en los programas especiales de admisión de estudiantes indígenas y de municipios pobres (con inmensos retos aun para superar, especialmente el de la equidad). Su no confesionalidad permitió que muchas corrientes ideológicas, inaceptables para la curia y otros cleros, llegaran a enseñarse en nuestro país. Hacer de ella una Universidad de Conocimiento no le resta a su carácter público. Por un lado porque el interés público no se restringe a lo que se decreta desde las tarimas; por otro porque los retos de superación de nuestro problemas socioeconómicos precisan mucho más que la formación de oradores; exigen ciencia y técnica y para eso se necesita gente pilosa, como la que la Nacional selecciona en su admisión.

La Resistencia

Ante la entrada en competencia de otros operadores de telefonía, la detestada gerencia de la ETB (la de Regueros) contrató cursos de validación de primaria y bachillerato para tratar de corregir un poco la mayor desventaja competitiva de los operarios de esa empresa (porque de experiencia en los misterios de la telefonía local para Bogotá estaban más que curtidos), la hoja de vida académica. Cierto sector del sindicato promovió la resistencia a esas medidas, o sea no aprender. La insistencia en el paro por el paro me recuerda esa actitud. Puede que dentro de la poética de la inmolación revolucionaria quepan muchos gestos que mi prisión racional no me deja asimilar; así de cuadrado soy. Pero dejar de aprender, dejar de saber, por ir a desfilar me recuerda la clásica imagen de Pinocchio, abandonando la escuela y buscando su destino detrás de los saltimbanquis.
Dentro de la adoración por esa manida palabra, he conocido de grupos estudiantiles que aluden a la noción eléctrica, a la de la teoría de circuitos. Esta en particular me recuerda más otro concepto asociado, el de los ohmios imaginarios, la reactancia. Es el componente de la cantidad fasorial llamada impedancia que no trabaja sino desfasa. Además la palabra evoca el carácter reaccionario que muchas veces acompaña a la mal llamada resistencia. Desistencia, reticencia, no sé, pero el concepto tiene más afinidad con otros vocablos.

jueves, junio 07, 2007

El intransigente siempre es el otro

A veces el Servicio de Atención Psicológica de la Universidad invita a unos "talleres de asertividad", bajo lemas como "no digas sí cuando quieras decir no" (yo proponía, para un taller de francés: "Dodo, no digas sí, di oui"). Pienso en eso cuando recuerdo el salto que muchas personas, conscientes de su generosidad a toda prueba, tienen que dar para vencer la manía de ciertos manipuladores de tratarlos de egoístas para condicionar sus acciones. El viejo truco de "tú eres egoísta porque no me prestas, pero yo no soy egoísta cuando me apropio de tus cosas".
Ese mismo esquema moral está detrás de textos como el que hoy publica una de las páginas de la asamblea. Después de sostener un mes de bloqueos sin admitir propuestas alternas de expresión (y arrogándose la vocería única de la preocupación estratégica sobre el futuro de la Universidad), de cambiar por lo menos tres veces de motivación para un paro, de persistir en una postura intransigente al respecto en el momento crítico para cumplir con el calendario académico y habiendo guardado un estúpido y cómplice silencio formal para con un hecho tan grave como el atentado personal contra uno de sus contradictores; concluye que la intransigencia es de la contraparte y la conmina a renunciar.
Luego viene la crítica al estigma de "terroristas" proferido por el gobierno, comparando con "la parte del gobierno vinculada al radicalismo derechista". Aunque estoy advertido sobre el tamaño y el alcance preliminar del tema de la parapolítica, no deja de parecerme que la asamblea pelea con el espejo de sus consignas: "Uribe, paraco, el pueblo está berraco [dejemos en paz a los cerdos sementales]"; "vamos todos a tumbar al gobierno paramilitar", etc.
Desde el principio se ha jugado con la falacia de llamar pacifismo a la no realización de acciones que comprometan derramamiento de sangre. De hecho el pacifismo es un ismo, una postura, y trae connotaciones morales de una profundidad insospechada para quienes han maltratado recursos de la Universidad, han utilizado actitudes intimidantes contra quienes tratan de burlar sus bloqueos, han ejercido la violencia verbal, los abucheos, los gritos y la verticalidad tiránica del micrófono en tarima para evitar la exposición de lecturas alternas, como se esperaría en una Universidad plural, no confesional y además de buen nivel académico; lo cual se debería reflejar en la calidad de las discusiones.
Finalizan con su milenarismo de siempre. Los males que hacen hoy los hacen a nombre de un futuro hipotético. Insistir en la estrategia política y jurídica del pasado es la única verdad y la única compasión posible con el futuro de la Universidad. Resulta que una de las posturas más silenciadas por la censura asambleísta, pone de presente precisamente que lo que han hecho las administraciones anteriores ha sido echar el tema del pasivo bajo la alfombra, como esperando a que el día que las rentas estatales no puedan solventar esas obligaciones de Ley, el malo sea el administrador de turno y no los caudillos que salieron por la fácil en el pasado. La Universidad ya paga el pasivo en concurrencia con el fisco nacional, eso ya ha causado problemas reales y el porcentaje que - por vía de un fallo del Consejo de Estado - ha tenido al Rector pasando la mitad de su tiempo administrativo pidiendo adiciones presupuestales con Hacienda, es harto mayor que el del 5% del acuerdo inaceptable.
Para quien llega tarde a la discusión, la demanda al artículo del problema en el Plan de Desarrollo (porque los micos del Polo hay que dejarlos quieticos), tiene que hacerse cuando la Ley ya haya sido sancionada, demora meses, como cualquier caso elevado a las altas cortes y deja de nuevo el vacío sobre el tema. Vacío que en este momento representa la dichosa concurrencia en lo práctico.

miércoles, junio 06, 2007

Una reciente

Ya me iba a dormir y vi este tacaño informe sobre un foro. Vamos a ver qué sigue.

lunes, junio 04, 2007

Maluquísimo

Este tipo de cosas envenenan el ambiente de discusión. Pasarlas por alto es un error grandísimo.

domingo, junio 03, 2007

Alto nivel

El viernes pasado me enteré por el portal de la Agencia de Noticias de la Universidad de la entrevista de "UN Análisis" a Álvaro Uribe. Como ingrediente político de la situación del paro, el hecho no me pareció para nada trivial. Un movimiento que ha enfocado su genérica y recurrente bandera: "la defensa de la Universidad Pública" hacia el cuestionamiento del actual Presidente de la República, consigue que éste le responda y lo rete. Al parecer esto no fue visto así por la Asamblea del viernes, la cual ni siquiera mencionó el programa. Al final, Uribe anunció que su Consejo Comunitario del sábado 2 de junio trataría sobre el tema.
Uribe no controvierte el núcleo de los argumentos del sector más analítico de la protesta; vale decir, no habla de eso ni desarrolla los embrollos jurídicos de la contradicción. Claro, insiste en la bondad de su propuesta de acuerdo de saneamiento y se presenta como el magnánimo amigo de la educación pública, a pesar de todas las cosas que se dijeron en el sentido contrario cuando apenas era aspirante a la Presidencia. La intervención de la Universidad del Atlántico, en su discurso, es la mano salvadora que reabrió esa institución, no el origen de su cierre. Las referencias al aumento de cobertura, a la inminente inyección de nuevos dineros para Ciencia y Tecnología, la ampliación de los cupos del SENA, otras medidas de atención a crisis financieras como la de la UIS y la de la del Cauca, el compromiso de no subir las matrículas a los estudiantes pobres (esa puntada es mortal para algunos de los mitos sobre los cuales descansa el movimiento triestamentario),... El anuncio de su disposición a discutirlo en la sede misma de la Universidad, de poco probable realización, remata su soberbia política, para nada infundada, pues son los gestos y los términos que gustan a su público objetivo, el cual no incluye al contradictor de ocasión.
La verdad me perdí el Consejo. Ya suficientemente aburridor me parece su estilo como para presentarme a lo Alcohólico Anónimo ("quiénes somos"), ponerme a pedirle cosas como si fuera el Rey Salomón ("qué pedimos") y presenciar cómo llama a algún funcionario por su nombre y le pide algún dato o le ordena alguna cosa de esas que debería tener un trámite administrativo como más pensado y formal ("Señora Ministra: redáctese ya el decreto y lo dejamos firmado aquí mismo, así a mano, que es que así es como obramos los varones, pues"). Me enteré de la respuesta a una interlocutora: "sólo les pido dos cosas: confianza y paciencia". La parte más escandalosa, desde luego, es la orden a la policía de desalojar a los participantes del campamento que persistía a esa hora en la Universidad. Es claro que el intento de reanudar bloqueos mañana sí tendrá componentes nuevos, después de cuatro semanas de círculo vicioso.
De la discusión académica racional faltan muchas cosas por desarrollar, pienso que las críticas de los juristas que han escrito hasta ahora desde la instancia de la Comisión Asesora, o desde la oposición política al Rector; se han parado en un muy sólido piso jurídico con buena oferta de éxito en las instancias judiciales. Esto también condiciona unas posturas políticas, muy definidas, pero enfrentadas con un actor que tiene las de ganar en ese campo. Y el otro extremo del lío es el económico. La vehemencia jurídica puede usar expresiones como "allá mirará la Nación cómo cubre esa obligación que le corresponde por Ley [y por designio divino], eso no es problema nuestro". Vale, a pesar de la improbidad del abogado que profirió esa especie en el Auditorio, con su inconfundible timbre de Ana Gabriel con edema pulmonar. El problema es que para muchos foros, menos restringidos y nada manipulables con esos referentes, sí se debe tener en cuenta de dónde sale el dinero. Renunciar olímpicamente a esa parte de la reflexión es servir, con moñito de regalo, a tres metros del arco y sin portero, la oportunidad al mefistofélico gobierno de presentar a la Universidad como un lastre para el desarrollo, cerrada a la reflexión y al aporte de soluciones. Eso en lo político de la disputa con el Presidente.
Ya en lo conceptual del asunto (y sin interés político para la mayoría), se trata de uno de esos galimatías jurídicos que obligan a la razón a aceptar un poco de paradojas. La Nación (como sinónimo de Estado) verá cómo responde por eso, porque la Institución tiene compromisos más altos con la Nación (a conveniencia la población, o la Nación por "construir"). Un significante, múltiples significados. Que se joda la Nación para que le podamos responder a la Nación que nos inspira. ¿Cómo así? Algún notable colectivo estudiantil de los 90 emprendió un interesante seminario sobre el concepto de Nación, cuyas memorias no hallo, pero aspiro a hacerlo, ahora que me interesa volver sobre el tema. Sirva de paso para anunciar que uno de mis siguientes temas para entrada larga: ¿Qué es lo adorable, especial, irreemplazable y conveniente que tiene la Universidad para que se pueda tranquilizar a la población acerca de sus costos y su trato especial garantizado por la Ley? Es una pregunta política, pero para responder con firmes referentes académicos.

jueves, mayo 31, 2007

¿Para Lucho?

Cierto componente de las consignas, pancartas y pintas de ayer se concentró en calificar de paramilitar, o más cariñosamente "para", a Lucho Garzón. Entiendo que la principal justificación de esta conducta fue la seguidilla de operativos para dar fin a las tomas de alumnos en los colegios, con intervención de la Policía, y calificado por la ADE como "La Noche de los Lápices en Bogotá". Este último entrecomillado corresponde al nombre de un operativo de tiempos de la Junta Militar que gobernó Argentina entre el 76 y el 83, el cual consistió en el secuestro de varios estudiantes secundarios en La Plata, quienes - salvo una excepción - fueron desaparecidos y todos pasados por tortura. El símil, es evidente, es frívolo e irresponsable. Aunque ha habido quejas sobre abusos y lesionados en uno de los casos; la distancia entre la gravedad de los hechos debería ser clara para un adulto, quien además está investido ante la sociedad del cargo de educador y - tras del hecho - ostenta funciones de liderazgo en una organización gremial de tipo sindical.
Entre lo más refundido de mi infancia, las palabras magisterio, asamblea, paro, yo sí entré por concurso, pedagogía, escalafón, sonaban con regularidad. Toda mi formación básica ocurrió en planteles oficiales y mis padres (docentes del Distrito, como ya se adivina) no dejaron de contestar inquietud alguna que les planteáramos mis hermanos y yo sobre estas cosas. Viví las transformaciones de los currículos de mediados de los 80, conociendo también a uno que otro de sus inspiradores. Para mi punto de vista, el que me tocó, el sindicalismo docente tenía el rostro del movimiento pedagógico, del perfil moral de la educación de los maestros que conocí, no solo en mi familia, sino de la gente que me develó los misterios de la teoría de conjuntos, la etimología de los términos biológicos, el álgebra que atormentaba los dedos, la elegancia de la trigonometría, el Siglo de Oro de las letras españolas, la Gramática, la Historia,...; todo eso sin verme como una grabadora china de cinco mil pesos para reproducir una consigna mal hablada.
Hablo de un sector importante de una generación que vivió ofertas fuertes de rebelión, de la ficción del sistema agonizante y de la fustigación a los escépticos. Hablo, desde luego, de la que entendió el tamaño de la responsablidad con la formación de la infancia y la asumió. Pienso en la profesora de tono militante, que no creía en la "prensa burguesa", pero nos la ponía a leer, a analizar, sin recurrir a la tosquedad de reemplazarla y a nuestros textos por el panfleto. Del temido profesor de Español que nos retaba a discutir cualquier tema y defendía la posición que le tocara con ingenio. En la memorable profesora de Álgebra que me cortó de tajo mis excusas perezosas de que, como aspirante a filósofo de mochila cruzada, era mi deber no aprender matemáticas; sometiéndome a fuertes dosis de ejercicios, abriendo para mí el universo lleno de hedonismo del manipuleo exitoso de las expresiones, de la claridad y las buenas prácticas de orden gráfico y correcta expresión de relaciones, igualdades, etc.
Lustros de docentes vinculados por cuota política, algunos de los cuales llegaron a las altas esferas sindicales y lanzaron inolvidables frases como: "yo no entré por concurso, tampoco me voy a dejar sacar por concurso". De inopinadamente beneficiados del estatuto docente, arrancado a punta de paros con destituciones, demandas, bolillazos, etc.; el cual para ellos era verdad ancestral y no obligación de merecimiento. De flojos licenciados jugando al alquimista del cambio social, con sus flojas hipótesis sobre la rebeldía adolescente y su manía de llamar represión a toda norma. De quienes barbotan un poco sustentado discurso sobre el juego pero no se han enterado que los juegos tienen reglas. También de los viejos líderes que se apegaron a succionar las ventajas económicas de su liderazgo, de manejar los fondos solidarios de un gremio tan extenso y tan adinerado (al menos en suma), de lucir su cachuchita ideologizada en el Sindicato, mientras negociaban corbatas pragmáticas en las secretarías y el Ministerio. Esos y otros componentes nos han traído a la situación actual.
Cecilia María Vélez (o muy seguramente algún asesor suyo) se enteró de la vigencia de una Ley de 1967, que hace ilegal pagar por tiempo no laborado (hay que recordar que en los más aguerridos paros de los 70 la recuperación de clases no dadas era parte del sacrificio y la beligerancia y ni se ponía en discusión). Desde entonces, un sindicato sumido en la mediocridad de su reflexión pedagógica evanescente; desgastado por paros en falso y carente de convocatoria; particularmente la ADE varias veces puesta en evidencia ante sus pares de otros departamentos por andar simulando lo que no tenía; se le ocurrió después de muchos años inventar la participación de los alumnos. Entonces profesores incapaces de persuadir al alumno de que x + x = 2x y que x*x=x^2, fueron organizando tomas, bloqueos de avenidas e improvisando liderazgos estudiantiles ficticios, aprovechando algo que yo no viví y hasta creí que envidiaba: el legado de la Constitución de que todo tenía que ser dirigido por cuerpos colegiados y la creación como cosa legal de los consejos estudiantiles en los colegios. Hay que ver cómo ofrecen esos muchachos cuando quieren llegar a ser personeros, como si aspiraran a la presidencia de la Organización Mundial del Comercio. Terminan pareciendo más sensatos los aspirantes a las representaciones estudiantiles en las universidades en sus promesas de impedir el ALCA o amortizar la deuda externa.
Alguien que no ha podido con los años conseguir que un alumno ubique el Río Magdalena en un mapa, que se entere que Colón y Bolívar no fueron contemporáneos, o la diferencia entre Conservatorio Departamental de Música y Directorio Departamental del Conservatismo; viene a convertirlo en el gran interlocutor de los temas del gasto público y la descentralización administrativa. Para fines prácticos lo compromete en cuestiones logísticas y operativas, lo adiestra en la repetición de unas consignas, lo arenga para que abuchee y rete al Rector (a quien acusa de gobiernista) y no le deja claros los límites de respeto a las instalaciones del colegio. De hecho no se discute a fondo con los padres de familia el asunto, ni se le pega una repasadita al Código del Menor. No hay plan B para manejo de detenciones o de situaciones de salud. El menor se queda lidiando con la hipotermia en el helado colegio, mientras el activista firmó asistencia y alega que no está en paro.
Quien accede al gobierno, por irresponsable que sea, conoce las hieles de la responsabilidad antipática. por eso el Secretario de Educación, con todo y su airecito de patriarca sindical, advierte sobre los términos del paro y actúa ante el uso de los menores, con la mesura requerida en la gran mayoría de los casos. El alcalde hace lo propio y gana que sindicalistas de servicios públicos, de la misma ADE y del medio universitario lo llamen "paraco" en las calles. Vuelve la frivolidad. El paramilitarismo es un fenómeno responsabilizado de crueles vejámenes contra la humanidad, por haber corroído el tejido social en varias regiones, por ser responsable de corrupción y narcotráfico. Está en el centro de la crisis política más dura de la presidencia con mejor respuesta en las encuestas (lo cual bien puede no ser tan paradójico como suena) y a diario está generando noticias sobre hechos judiciales (con pruebas y todo). Que los sectores políticos que siempre han reclamado no ser estigmatizados por sus posturas acerca del tema social, recurran tan irresponsablemente a esos motes, representa la poca seriedad que le ponen a la amenaza de lo que dicen denunciar.
De hecho, si mal no recuerdo, el paro que hay ahora en la Universidad reivindicaba al principio su denuncia contra el señalamiento, contra esa manía de tildar de guerrilleros a los activistas estudiantiles que sostenían determinadas posturas políticas. Lo que se hace con la palabra paraco es lo mismo. A propósito, muchas veces escuché veteranos de lo que la izquierda colombiana llama "la Guerra Sucia", o sea la matazón de militantes y activistas sobre todo en la segunda mitad de los 80; reclamar cómo a comienzos de la década siguiente, la principal fuente de estigmatización contra sus cuadros en ciertas universidades estatales (incluidas las del eje cafetero) provenía de los profesores y estudiantes del MOIR, quienes disuadían a sus prospectos de pichones hablando en esos términos de los otros grupos. ¿Será por eso que me molestó tanto ver las loas y la irracional lambonería con Robledo el lunes?

Transferencias

Anoche escuché parte de una discusión sobre el tema del día entre Rafael Pardo Rueda, Humberto De la Calle, María Jimena Duzán y Martha Lucía Ramírez. Hoy la Editorial de El Tiempo anota un par de cosas sobre lo mismo. Simultáneamente es cierto que hay una disminución relativa (procentual) y que hay un aumento absoluto. Sobre las decisiones relacionadas con los distintos momentos que ha tenido la matriz desde el 91, ese debate puede ser más demorado. Pero me llama la atención cómo se resuelve el tema político del juicio a la descentralización. Es más, no vi alcaldes o gobernadores afrontar directamente el protagonismo de la protesta y, salvo mi siguiente asunto, muchas consignas de ayer estaban orientadas a descalificar al gobierno central sin hablar nada de mandatarios locales. Lo único concreto era aludir al presidente como paramilitar, en tanto las alusiones a las transferencias se hacían en medio de vaguedad, acudiendo a generalizaciones.
La contradicción no es trivial y me parece harto legítimo desarrollarla. El proyecto fue aprobado, pero no creo que se cierre el debate. Me llama la atención, eso sí, que no haya una difusión de las tensiones locales sobre el destino de las transferencias. La prioridad era presionar al Congreso, está bien, pero esa paz local sobre estos asuntos no me cuadra.

martes, mayo 29, 2007

Sin novedad

Al parecer los docentes andan un poco molestos por los términos de la reunión de ayer y consideran que el Rector "hizo quedar mal a la Universidad" en la entrevista de anoche en "Pregunta Yamid". El intento por reanudar actividades esta semana queda entonces en vilo. Los docentes acusan al directivo de condescender en la posibilidad de la firma de un acuerdo, el cual prevalecería aun si se cae la legalidad del Plan de Desarrollo. Comparto esa incertidumbre y me parece que ya es hora de una declaración categórica al respecto. El tema del calendario académico ya ha impactado psicológicamente a una fracción importante de la comunidad y la asamblea enfila baterías contra la consulta electrónica. Es obvio que los profesores no van a sacrificar su período intersemestral, ni más faltaba. Ya con un mes de descuadre, el costo para estudiantes de provincia y para todo aquel que tenga más compromisos importantes aparte de las actividades curriculares normales; sobrepasa cualquier elucubración de manipulación o juego retórico de "yo sí defiendo la universidad y tú no, porque no haces lo que te ordeno". Es muy posible que cierto género de daños (que no he podido confirmar) haya generado un comportamiento airado de Wasserman a partir de ayer. En las incursiones ante la asamblea se ha ruborizado, ha tolerado rechiflas, insultos, de todo y se ha puesto a decir cosas políticamente no correctas para el gusto de ese espacio, a veces antecediendo con la palabra perdón. Pero si es cierto lo que leí en unos comentarios de lectores de eltiempo.com, relacionado con daños a cultivos por la desconexión de un refrigerador en Medicina o alguna otra felonía particular contra algún proyecto de investigación; muy seguramente eso malogre las posibilidades de entendimiento o exploración cuyo tiempo ha llegado (hace rato, la verdad). Sobre los daños, hoy vi una campaña gráfica que se enorgullece de ellos. Frases como "bloqueo físico no es bloqueo mental", bajo la foto de una pila de pupitres. No es la figura del mal necesario, sino la fascinación con la presunta genialidad del acto. Se dice que una fracción notable de los profesores participantes en las asambleas de Ciencias Humanas halla encantadora la situación. Mientras pupitres por decenas siguen sometidos a lluvia, lodo y maltrato permanente, los órganos de propaganda del paro reducen el asunto a una "instalación" de varios de ellos colgando como de un patíbulo, parte de ellos pintados de blanco.
Voy a ser franco: ni la soberbia política de cierto sector docente, ni el desespero de la fracción ludita de los trabajadores, ni las agendas internas del Polo; han podido justificar coherentemente ese comportamiento agresivo, por más que han invocado que se trata de la hora del fin. Ni los analistas jurídicos que han hablado confirman el tremendismo, ni lo hacen los antecedentes. Sonaré a curita apolillado de colegio confesional pero es necesario modular con alguna valoración moral lo que se ha venido haciendo. La hipótesis del fin del mundo será puesta a prueba, pero los costos de su mercadeo ya están cargados y son bien altos.

viernes, mayo 25, 2007

Un poco más de claridad

Siguiendo el tema localista y a propósito de mi última entrada, asistí al foro-debate organizado por APUN (Asociación de Profesores de la Universidad Nacional) acerca del tema del pasivo pensional. La moderación la hizo José Daniel Muñoz, "El Profe", docente del Departamento de Física. No estaba de más poner a un experto en sistemas complejos a lidiar con un auditorio fácilmente exaltable y proclive a interrumpir las intervenciones con consignas, rechiflas o aplausos. Se había anunciado la presencia de la Ministra de Educación, pero terminó asistiendo Gabriel Bustos Mantilla, Viceministro de Educación Superior. Se anunció también a Mónica Patricia Uribe B., Directora General de Regulación Económica de la Seguridad Social; Ministerio de Hacienda; pero según parece fue una funcionaria de apellido Serrano y al parecer de Mineducación. Se anunció también a Alberto Uribe Correa, Rector de la Universidad de Antioquia, pero el que veo en mis grabaciones está mucho más calvo que el del periódico de esa Universidad, o el de la noticia de Universia. Víctor Manuel Moncayo , Ex Rector de la Universidad Nacional y Representante de los Exrectores al Consejo Superior Universitario; Moisés Wasserman, actual Rector de la Universidad Nacional, Orlando Acosta, Representante Profesoral ante el Consejo Superior Universitario y Juan José Yunis, Representante Profesoral al Consejo de Sede.
Aunque se supone que hay controversia entre los personajes, cada uno a su modo me permitió redibujar mi mapa mental de lo que pasa. En primer lugar, la figura de la concurrencia (pago compartido Nación, entidad territorial correspondiente, rentas propias de la institución universitaria estatal) para el pasivo pensional surgió de la Ley 100 del 93, como una forma de compensar el lío que tenían las universidades de orden departamental, municipal y distrital al afrontar su nueva condición de autonomía (antes de la Constitución del 91 la única autónoma era la Nacional). Según el expositor de la Universidad de Antioquia, esa institución pasó súbitamente de ser una dependencia del Departamento de Antioquia a ser una entidad de naturaleza autónoma y - por la gestión de su egresado y ponente, Álvaro Uribe Vélez, se creó esa modalidad legal para acceder a dineros de la Nación para atender esos pagos (más la cuota del Departamento y de la Universidad misma). Pero quedó un vacío. No quedó nada claro para las universidades estatales del orden nacional (Nacional, Cauca, Caldas, Córdoba y Tecnológica Diego Luís Córdoba del Chocó) cómo se manejaría el asunto. En varias ocasiones se ha llevado el tema al Consejo de Estado y, según Moncayo, durante su Rectoría y antes no hubo ningún lío con eso pues no se había cuestionado que era obligación de la Nación cancelar la totalidad de las pensiones. En eso toma distancia con el actual Rector, quien afirma que es urgente buscar un saneamiento definitivo para no dejar ese pasivo como una "bomba de tiempo". Se pone el ejemplo de una crisis que dejó a la Universidad del Valle durante diez meses sin poder pagar pensiones ni salarios. También la amenaza jurídica que supone la eventualidad de una impugnación sobre la legalidad de cierta cantidad de casos de asignaciones pensionales, presuntamente por encima de donde deberían estar.
Moncayo y sus cercanos han fustigado la atención de las actuales directivas a esta posibilidad y han calificado como chantaje la conducta de los funcionarios del gobierno que han tratado de inducir medidas con esa alusión. Desestiman que haya tal ilegalidad y consideran que de haberla no es en un número de casos apreciable y además consideran que ello no afectaría pensiones pagadas en el pasado, sino las futuras. Wasserman ha hablado de la posibilidad de dejar saneadas deudas pasadas, lo cual se trató en la conversación a puerta cerrada en Palacio la semana pasada. El ex rector también destacó la ilegalidad de que un Presidente de la República entre a ofrecer no desarrollar el tema de la ilegalidad de una pensión como contraprestación para obtener algo. Es evidente que Moncayo y sus colaboradores como Múnera, así como otros profesores políticamente activos, desarrollan sus diferencias políticas con la actual administración, manteniéndose vigentes como una fuerza que aspira a recuperar el control burocrático de la Universidad. Pero también se decantan puntos ciertos de convergencia entre facciones, hacia una estrategia común por afrontar una preocupación común. A continuación explico mi afirmación refiriéndome a los profesores, ya que en los estudiantes hay mayor heterogeneidad y una agenda mucho más difusa y menos informada.
La generalidad de los profesores de la Universidad (2700 en la sede Bogotá, como dato redondo) no desarrolla una vida gremial demasiado activa. En muchos departamentos hay un quijote (conozco uno en el que de hecho parece al Quijote y así lo apodan, por flaco y barbudo) que ha sido delegado para leer los boletines, enterarse del asunto en las asambleas de las asociaciones y entregar la información masticada al resto. Las dos asociaciones constituidas, son la APUN y el capítulo local de ASPU (Asociación Sindical de Profesores Universitarios). El solo hecho de llamarse sindical hace que una franja importante de docentes, la cual considera el sindicalismo un fenómeno pernicioso, o cuando menos inconveniente, no quiere tener nada que ver con la segunda. Aunque tienen enfoques diferentes y por momento antagónicos, las dos asociaciones tienen canales de comunicación y mecanismos de acción común. El hecho de ser una asociación de alcance nacional hace que ASPU asuma agendas que normalmente no emocionan mucho el interés local. Por supuesto las formas asociadas no son el único escenario de reflexión, organización o expresión de los profesores; pero sí son, a mi modo de ver, depositarias del trabajo realizado por mucho tiempo y referentes obligados de las visiones sobre la Universidad.
Ante una situación como la actual, hechos como el foro convocado por APUN, representan gestos políticos muy precisos. Por un lado se logra romper con el estilo tiránico e irreflexivo de las asambleas reunidas hasta ahora en ese mismo espacio, dando pie a la exposición racional de las posturas o a la puesta en evidencia de la falta de información de algunos de los actores. Por otro se resalta que en medio de la controversia hay posibilidades de tramitar las falsas dicotomías, para atender las cosas pertinentes. Directivos y críticos organizados van estableciendo un lenguaje común y unos mínimos de acuerdo; la leyenda negra sobre el pacto ilegal con el Presidente queda desvirtuada pues se acepta que nada se firmó y lo constatan como testigos y actores presenciales los representantes profesorales. Al clarificarse el estado del trámite de la Ley (aun en corrección de erratas y ajuste de micos provenientes de cualquier filiación política presente en el Congreso, y se sabe que bien demorada en publicarse en gaceta aun después de la sanción presidencial) y estar tan desarrolladas las tesis de una eventual demanda por inconstitucionalidad (cuyo tiempo aun no llega, pues no está sancionada); el razonamiento que dio pie a aceptar los bloqueos y la anormalidad académica como acciones urgentes para generar movilización, palidece y quedan las actividades programadas por los paristas como propias de sus propias agendas individuales o de grupo y más bien disociadas de la bandera que inició esta situación. En concreto, la pasividad de los profesores (especialmente de los que tienen cierto liderazgo y audiencia entre los estudiantes) ante los bloqueos se acaba. Por un lado porque su visión del calendario y el cumplimiento de la programación tiene implicaciones éticas y situaciones referidas al compromiso laboral firmado con la institución; por otro porque una situación como la de ayer deja la información media de los docentes en un horizonte más estable y de menos incertidumbre.
Volviendo al escenario del foro, los funcionarios del gobierno fueron más bien parcos. Se centraron en citar algunos documentos legales y, especialmente Serrano, a citar aspectos más técnicos del tópico financiero y la referencia a las eventuales investigaciones por pensiones ilegales. Los representantes profesorales fueron interrogados acerca del movimiento y sus expectativas, sus respuestas fueron evasivas (o sea políticas) y por momentos diletantes (como la de Acosta, quien en lugar de afrontar lo que se le preguntaba comenzó una impertinente perorata de estilo roblediano, o sea una secuencia fluida de morfemas sin pausa - como una partitura sin silencios - con ramificaciones sinuosas que no vienen al caso y casi no retornan y con afirmaciones conectadas a las malas por la expresión: "que no es otra cosa que...". En 1986, tropecé con un happening de esa tendencia, el llamado MOIR, en el que se decían cosas como: "contra la Expansión Soviética en Afganistán, no más Belisarios"; más o menos esa es la idea).
Moncayo gozó del favor de las multitudes, arrancó aplausos con solo ser mencionado y se presentó como el adalid de la condición especial de la Universidad Nacional, en la cual, a diferencia de muchas territoriales, no se andan nombrando rectores para pensionarlos más caro (me consta, el último que lo intentó fracasó en su propósito). Se dio el lujo de calificar a su sucesor de agente del Uribismo y - a pesar de su vehemencia infalible, incurrió en un par de contradicciones nodales dentro de este debate.
Fue evidente que la asamblea no ha madurado ciertos conceptos básicos por andar ocupada en sus tareas de paro. No se bajan del dogma de que la actual terapia de choque recibida por la Universidad del Atlántico es la receta que espera a la Nacional si el artículo 38 del plan queda legal. Con esa obsesión corcharon a los participantes con la pregunta sobre cuánto se paga de matrícula en las universidades estatales y en la del Atlántico. Cuando un estudiante dio el dato (después que en la tarima se habían dado estimativos sobre la de Antioquia y la del Valle), citó cifras muy similares a las que pagan las otras; por lo que se pone uno a pensar que el duro ajuste (de hasta 500% para los estratos más bajos) no fue tal, repito, si lo que dijo el estudiante es cierto. El micrófono abierto al público no fue aprovechado para la cualificación del debate sino obsesivo con la descalificación política del Rector y el acuerdo misterioso con el Presidente; volviéndose al punto de que todavía el Plan no es Ley. El sector suicida de los trabajadores gastó su turno en pelear por la presunta amenaza de procesos disciplinarios y remató con la banal e innecesariamente arrogante proposición de que el Rector abandone la Comunidad Universitaria. El directivo reclamó respeto a su carrera y sus méritos docentes y cuestionó que un miembro de la comunidad Universitaria pueda arrogarse el derecho de expulsar a otro de ella de esa manera (estoy de acuerdo con él). Un incendiario más tomó el micrófono y José Daniel se aburrió de la gritería reventando el evento.
Finalizo la crónica con la dolorosa constatación del maltrato del cual ha sido objeto el bello Auditorio León de Greiff, hace no mucho renovado en su mobiliario, adecuado a estándares más actuales y siempre orgullo de la Universidad. Los asambleístas fuman, comen en el escenario, dejan basuras, maltratan los asientos y, como lo denuncia la Dirección de Divulgación Cultural, se dañó el ascensor para minusválidos y fueron robados nueve fluxómetros del baño de hombres. Hace mucho tiempo aprendí a las malas que esos "defensores" de lo público en la teoría, con tan poco sentido práctico del respeto por el bien común, son la punta de lanza real de la ofensiva contra la Universidad Pública. Después se los encuentra uno parlamentando a nombre de cualquier otra causa contraria, o respetando sumisos los bienes de la Universidad Privada cuando llevan allá su dinero para posgraduarse. La altanería la exhiben contra lo público y a lo privado muestran mansedumbre.

jueves, mayo 24, 2007

Posturas

La Facultad de Ingeniería ha compilado este dossier sobre la discusión de Plan de Desarrollo.