domingo, abril 30, 2006

La nueva nomenclatura de Transmilenio

A propósito de un post que leí y comenté ayer, doy una peregrina primera evaluación de la primera jornada de operación del Transmilenio con la nueva nomenclatura. En realidad lo utilicé por la tarde, pero fui escuchando testimonios de conocidos que lo padecieron durante el día. Hubo gran confusión y congestión, los encargados de suministrar información estaban poco familiarizados con el farragoso folletico y la actitud general de los usuarios fue de desconcierto y molestia. Un reclamo general fue que no habían avisado, lo cual es cierto a medias. Desde hace dos semanas repartieron folletos anunciando la partición en zonas, pero el plegable grandote con los nombres y recorridos de las nuevas rutas no lo repartieron hasta el viernes 28 por la noche, lo cual es una imprevisión inaceptable. Por supuesto no faltaron los reclamos salidos de tono. Sobre la oferta de rutas, anticipo una gran disfuncionalidad. Solo hay tres rutas corrientes, dos de las cuales usan la avenida Caracas. Hay un montón de combinaciones de rutas para los expresos, incluidas las de horas pico, aunque falta ver cómo responden a la demanda de los días laborables. A propósito, Transmilenio sigue partiendo de la suposición de que el sábado por la mañana no hay hora pico de gente saliendo a trabajar o a clase y la oferta de buses sigue siendo vergonzosa. Loable que extiendan la operación de algunos expresos de los sábados hasta las 11:00 pm, pero lamentable que otros dejen de operar a las 9:00 pm. Sigo pendiente de ver cuál es la pertinencia de la compleja intersección de la Escuela Militar, ya que no hay corrientes que usen la 80 y la 30, como tampoco expresos dominicales que lo hagan, ni que unan la sección de la Suba con la 30. Espero acostumbrarme pero sigue siendo confuso, sobre todo en estaciones de transferencia, en qué modulo se esperan las de cuál destino. Los genios de la electrónica (digamos que de la lógica digital), que manejan los tableritos electrónicos con la información de las rutas, tienen mucho por arreglar al sistema. La gente de Misión Bogotá vivió una de sus más horrorosas jornadas, el estrés que vi en los que me asistieron era notorio y al parecer, la actitud de mi amado pueblo colombiano, hizo las cosas un poco más tortuosas. No soy amigo de justificar la incompetencia ni las iniquidades de los que gobiernan o administran. Sigo pensando que TM fue una jugada muy agalluda de un político que se hizo campaña con dineros de la ciudad, dejando los costos de su improvisación a los que siguieron; pero quiero comentar algo sobre nuestra vena vernácula para protestar y oponernos a todo y quejarnos de cualquier cosa. En enero vi una escena muy deprimente en el túnel de transferencia de la carrera 30 con calle 13. En medio de un aguacero eterno, por las razones que sean, se presentó una inundación de varios centímetros de profundidad, que causó un terrible atascamiento de personas en cada extremo del pasillo afectado. Empleados de TM se pusieron las botas pantaneras e improvisaron unos caminos con ladrillos y tablas, por los dos costados. Cuando yo llegué al lugar vi gente quieta en ambos senderos, porque no hubo acuerdo sobre cuál se usaría para desplazarse en cuál sentido y en ambos quedaron personas enfrentadas; vi también la impotencia de los empleados suplicándole a la gente que se devolviera para organizar el asunto. Como tenía la alternativa de devolverme y usar una ruta alterna, no me quedé a ver más ese patético cuadro, pero sí escuché que no era la primera vez y luego supe que no fue la última.
Los errores de diseño del túnel, o las consecuencias de un alcantarillado mal diseñado, o mal usado (hay gente que reclama agresiva porque no limpian las alcantarillas, pero guarda manso silencio cuando ve a alguien botar basura en las calles), o algún extraño capricho no causal de la hidrogeología bogotana; cualesquiera que hayan sido los motivos de la inundación, no son tan preocupantes como nuestra incapacidad de superar un problema práctico como ese. En Plaza Sésamo vi varios sketches sobre la palabra cooperar y hay cosas que son obvias para un niño. Pienso en qué sería de un país como Japón habitado por gente así. Todo el tiempo renegando por la poca área, por la geología tan inestable, por ese Océano Pacífico tan fastidioso y presto a lanzar tsunamis, por la maldita atmósfera y sus tifones, por no tener una pinche cuenca sedimentaria para sacar hidrocarburos. Pienso en la eventualidad de manejar una emergencia como la del terremoto que esperamos, con necesidades apremiantes de auxilio para las personas en medio de protestadores redactando tutelas y vociferando quejas. Eso hay que revisarlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Conociendo...

En cuanto al tema pues hay que acostumbrarse, es la frase resignadora y muy recurrente de estos tiempos.